A la contra

Nada nuevo

Por Jorge Nagore - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

No creo que haya que empatizar en absoluto con la figura de Naparra, con nada de lo que resulta su biografía como militante de los Comandos Autónomos Anticapitalistas -incluso se puede rechazar, perfectamente, y hasta detestar, perfectamente, aunque no tuviese delitos de sangre- para poder ser capaz de empatizar y comprender el dolor de su familia, toda vez que con 22 años fue asesinado y hecho desaparecer, al parecer por el Batallón Vasco Español. 36 años después, pese a que haya indicios del paradero de su cadáver y una orden judicial para buscar sus restos en el sur de Francia, nada se sabe de él. Creo que no hace falta tener ideología política concreta de ninguna clase para imaginar el dolor que ha pasado esa familia -para tratar de imaginarlo, mejor dicho-, y comprender que el acto de ayer no homenajeaba a la figura ni a la trayectoria de Naparra, sino que dentro de un acto global al que obligaba una legislación mostraba calor y cercanía para con su familia, de la misma manera que se hizo con otros asesinados sin relación ninguna con el terrorismo, asesinados ya fuera por la extrema derecha como por determinados funcionarios públicos -decir que funcionarios públicos asesinaron a Mikel Zabalza no es estar contra los funcionarios públicos, es simplemente relatar los hechos-. Si mostrar respeto y reconocimiento oficial a personas a las que se les ha quitado de en medio de manera violenta y dar algo de calor a sus familias en muchos casos casi 40 años después es una barrera moral que han sido incapaces de soportar UPN y PPN es que su altura moral con respecto al sufrimiento humano es francamente extraña, ya que éste no tiene categorías, ni divisiones y aún menos ideología. UPN y PPN tampoco hubiesen ido al acto de no mentarse la figura de Naparra, hubiesen buscado otras excusas. Las que han usado junto con PSN para no dar calor a todos los demás desde 1978.