Y tiro porque me toca

Benevolencia Real

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Pienso en el escritor del futuro, y en que tal vez, alguno de ellos, escriba una novela o lo que sea, con toda esta trapisonda de empaque que ha llevado a un miembro de la casa Real a las puertas de una prisión y a otro a pagar una multa multimillonaria por poder sostener ante la justicia que no sabía nada del monumental negocio montado alrededor de la cosa pública;pero el escritor del futuro no será, sin duda, como el del presente, así que me quedo con un palmo de narices y no sé qué culebrón, novela histórica o qué pompa de jabón echarán al aire.

Me parece del todo inútil detenerme en algo como el futuro de la infanta y su vida de lujo. No soy ese que sabe de familias reales y de esas sabidurías ha hecho fortuna. El que tenga interés que agarre el Hola, donde sin duda vendrá casi todo, o se amorre a los programas de tertulianos y golfos de la comunicación. No sé lo que va a hacer la hermana del rey, tampoco de dónde sacará dinero para pagar la multa que le ha caído ni quién la va a pagar en realidad -excluida que está una ley, como es la del origen de las fortunas, imprescindible en todo proceso de cambio, que aquí ni se da ni se va a dar- , no sé cuánto tiempo puede estar en prisión Urdangarín o si va a entrar o no, no sé nada, es quinielismo puro... A estas alturas ya no sé si la condena es mucha o poca, si fuera hay muchos de los que tendrían que estar dentro y sobre todo no sé nada de las verdaderas entrañas de aquel montaje y de todas sus implicaciones, porque la sentencia echa encima de este pozo negro de corrupción de altos vuelos una pesada y sólida tapa de registro que no la levanta ni chatarrero de polígono. La absolución de la infanta suena a lo que suena, a música celestial. Dudo muchísimo que sea la tonta de la película y no solo por sus piruetas sociales y laborales, las que le llenan la bolsa de manera imparable, sino por haber declarado hace unos meses: “Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país”. Eso denota lucidez e inteligencia a raudales, al menos para mí, y me suscita una envidia sin futuro. Afortunada ella que incluso una vez pagada la multa millonaria que le ha caído puede pensar en irse a otro país y no volver a pisar este. Es curioso, eso mismo es lo que hacen muchos, más por verdadera necesidad que por gusto de correr mundo y acumular experiencias, que es lo que me parece piensa el hermano de la infanta.

Una lucidez y una clarividencia que se contradicen con las defensas letrada y fiscal con las que ha contado la infanta, que la han hecho aparecer como una persona de una ignorancia excesiva e hilarante a ratos, que nos invita a callar porque si decimos lo que de verdad creemos que ha pasado, pasa y va a pasar, igual nos multan con el diccionario de la Real Academia en la mano, que es la ultima moda jurídica, nada de Código Penal, el Diccionario de la RAE, que se ha revelado un impecable instrumento para impedir decir lo que se piensa, lo que se ve que sucede delante de nuestras narices, de manera clara, llana y por todos entendible, y dado que hacerlo es correr albures y loterías verbales, callar antes de hablar.

Ojo pues con gritar “¡Al ladrón!” porque este puede darse media vuelta y arremeter contra ti por difamación. Ojo con llamar al difamador por su nombre porque hará lo mismo y como la justicia es ciega y caprichosa y el juez puede tener, como tu mismo, almorranas, te puede salir cara la defensa de tus derechos o la denuncia de los abusos públicos. Entre canallas anda el juego.

Elucubrar es fácil, iluminar las trastiendas de esta enorme trapisonda es más difícil, mucho, y lo va a ser más en el futuro. ¿Quién estuvo detrás de esa empresa, Noos, cuya pronunciación evoca de manera involuntaria y fonética a la Cosa Noostra? ¿Quiénes nutrieron de manera imparable sus fondos desde el sector privado, quién o quiénes sabían y callaron…? Eso para la novela o el culebrón del futuro.

Y si me parece del todo inútil elucubrar con ecos de sociedad palaciega, más inútil me parece comparar la sentencia de ex duque con las que les caen desde tiempos inmemoriales a los chorizos de a pie, porque son agravios comparativos tan escandalosos como inexplicables, por no hablar de las penas que amenazan a los acusados ya de manera positivamente injusta. Ay, las fiscalías, pero no del Estado, sino del Gobierno, ay, la justicia politizada, pero no por los que a ella acuden desde abajo, de manera abusiva, sino por los que la manejan desde arriba.