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Republicanismo

La Caja no era sistémica

Por Santiago Cervera - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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Imputado el exgobernador del Banco de España por lo ocurrido durante la salida a bolsa de Bankia. Las cosas son como parecen. Miguel Ángel Fernández Ordóñez representa esa estirpe de ganapanesgauche divine que con infinita autosuficiencia han dirigido parte importante de los designios económicos de la España reciente. Pagados de sí mismos, luciendo pátina progresista y siempre en el meollo de las decisiones políticas de calado económico. MAFO pasó de ser Secretario de Estado (es decir, miembro del Gobierno) con Zapatero a dirigir el Banco de España. Lo del ministerio debió parecerle aburrido y se metió a organizar desde su despacho de Cibeles el sistema financiero, un manglar en el que había unos cuantos bancos intocables y unas cuantas cajas que acabaron oliendo a cadáver por el modo en el que se pervirtió su esencia fundacional. Tal que Caja Madrid. Tal que Caja Navarra. Imposible no recordar la carrera que libraron ambas entidades en la primavera de 2011 por ser la primera en debutar en el parqué. Lo hacían por la misma razón: intentar que las aportaciones de los accionistas corrigieran la insolvencia de sus balances y se soslayara una quiebra segura. Es sabido que quien acabó evitando la quiebra fue el contribuyente en el caso de Bankia y la Caixa en el caso de Banca Cívica. En aquella carrera hubo también una lucha de egos, la fatua vanidad de aquellos fantasmones financieros empeñados en colgarse la medalla de ser los primeros en recoger el ahorro popular en forma de nuevos accionistas. Sonroja revisar las noticias de aquella época, las insistentes campañas mediáticas que incluían la compra al contado de medios dispuestos a propagar las bondades de tanta nueva banca. Bankia consiguió que medio Ibex-35 aflojara el bolsillo y acudiera a la oferta de acciones. Hoy es el día que algunas de esas empresas (Iberdrola, Mapfre, Meliá) han demandado al Estado como colaborador en una estafa a la vista de que se les vendieron porciones de un banco pútrido envueltas en celofán. En el caso de Banca Cívica se buscó primero el inversor de campanillas (recuérdese la estelar entrevista con el comerciante de origen indio Ramchad Bhavnani en el periódico socio de los cívicos), para posteriormente obligar a la red de sucursales a la colocación al menudeo cazando al vuelo a empleados e impositores. Bankia acabó rescatada por el Estado y a Banca Cívica la tuvo que rescatar la Caixa, que por una módica cantidad se quedó con toda su red de oficinas. Cierto que también tuvo que devolver los mil millones de préstamo del FROB que habían evitado su intervención pública y de paso sanear un quebranto patrimonial que la Cámara de Comptos ha evaluado en una cantidad aún superior. No ensuciaré está página citando de nuevo a los paisanos que perpetraron la infamia.

Volviendo a MAFO, el personaje tuvo tanto que ver con la salida a bolsa de Bankia -por la que está imputado- como con la de Banca Cívica. Y más que eso. También participó en la génesis política de lo que acabó produciendo ambas excrecencias. Caja Navarra aceptó fusionarse con CajaSol, epítome del poder financiero socialista andaluz, porque así lo decidió MAFO de acuerdo con los cívicos. El mismo día que el periódico Cinco Días publicara la noticia por la mañana, por la tarde uno de ellos se vanagloriaba en la sala VIP de Barajas de venir de una reunión con el Banco de España. La promiscuidad era tal que por aquella época invitaban a sus Viálogos a Javier Aríztegui, entonces subgobernador encargado de supervisión, hoy también imputado. Los agasajos eran tan notorios como la indecencia de la escena. La pregunta que surge de inmediato es cómo MAFO ha de rendir cuentas ante la justicia por lo de Bankia y no por lo de Cívica. La respuesta no tiene que ver con que sea más o menos punible una u otra actuación, sino que es una mera razón cuantitativa. La dimensión de Bankia (una entidad considerada sistémica, capaz de afectar todo el sistema bancario español) hizo que sólo el Estado pudiera rescatarla. A Cívica, diez veces menor, la salvó la venta al baratillo. Pero su salida a bolsa y su expolio patrimonial tuvieron las mismas causas y un idéntico responsable en el Banco de España. Los jueces, esos que dicen que están para impartir Justicia, dedican su atención a una y no a otra. Por una sola razón: a mayor tamaño, más telediario.