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“La verdad y la justicia son los únicos remedios para avanzar”

Los familiares de las víctimas agradecen el cariño de la sociedad civil en un día “memorable”
Destacan que “los derechos humanos son ajenos a la ideología”

I. Pastor/A. Irisarri Javier Bergasa - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Fermín Rodríguez lee el discurso en el estrado ante la mirada de Eneko Etxeberria e Idoia Zabalza.

Fermín Rodríguez lee el discurso en el estrado ante la mirada de Eneko Etxeberria e Idoia Zabalza. (JAVIER BERGASA)

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Fermín Rodríguez lee el discurso en el estrado ante la mirada de Eneko Etxeberria e Idoia Zabalza.

PAMPLONA. No todos son merecedores de un aplauso de más de un minuto y medio. Pero los protagonistas del acto, los familiares de las víctimas, recibieron el cariño de todos los asistentes, ya fueran representantes políticos, miembros de la sociedad civil o familiares. Un aplauso emotivo que se produjo una vez que Fermín Rodríguez, hermano de Germán Rodríguez;Eneko Etxeberria, hermano de Naparra;e Idoia Zabalza, hermana de Mikel Zabalza subieron al estrado.

Fueron los encargados de dar voz a los familiares de las víctimas, con un mismo discurso leído alternativamente entre los tres en euskera y castellano, en los que se quisieron dejar claras sus simples y humanas reivindicaciones: verdad y justicia. A este discurso se sumaron, suscribiéndolo, las familias de Mikel Arregi Marin, Ángel Berrueta Legaz, José Luis Cano Pérez, Mikel Castillo Furtado, Rafael Delas Aizkorbe, Angel Gurmindo Lizarraga, Sara Fernández Esparza, Jose María Izura Sanz, Unai Salanueva Beldarrain y Iosu Zabala Salegi.

Lo primero que hicieron fue agradecer a la sociedad navarra -reflejada en las instituciones-, “por hacer realidad aquello que un día parecía una utopía”, sin duda haciendo referencia a las no pocas trabas que se han registrado desde la aprobación de la Ley foral para víctimas de violencia ultra hasta el día de ayer, y que pasan por un veto del Tribunal Constitucional y un levantamiento parcial, que incluía, precisamente, la celebración del acto de ayer

La voluntad de avanzar por el reconocimiento de todas las víctimas fue el reclamo de los familiares, que señalaron que “desgraciadamente”, el acto “no viene acompañado del reconocimiento de unos hechos concretos, sufridos por personas concretas, a manos de personas concretas”.

Por ello, quisieron señalar que este reconocimiento, que “en otras ocasiones se contempla como el fin de un proceso”, en este caso es para ellos “el principio”. De un acto genérico una investigación particular, esa es la voluntad de los familiares.

“Poner los datos sobre la mesa, nombres y apellidos, detalles, acciones, actores, razones, objetivos... en definitiva, la verdad de lo sucedido en cada uno de los casos”, reclamaron los tres familiares, y especialmente Eneko Etxeberria, quien ha visto que, después de 36 años, se ha reabierto la causa para investigar qué pasó con su hermano.

Precisamente, hicieron hincapié en el poco seguimiento que han tenido las causas abiertas, ya que “apenas ninguna ha concluido con responsabilidad penal de sus autores, y la mayoría han quedado archivadas y sin resolución”. Eso solo en los casos que se ha abierto causa judicial...

exclusión institucionalEl nulo reconocimiento oficial e institucional ha llegado a su fin con éste acto, algo que quisieron recordar los familiares, que añadieron que “incluso nos han querido hacer creer que las víctimas podían haber sido merecedores e incluso culpables de lo que les ocurrió”. “La tragedia que hemos vivido, independientemente de la militancia o ideología de la víctima y del agresor, ha marcado para siempre nuestras vidas y nuestro futuro”, señalaron los familiares de Zabalza, Naparra y Rodríguez, y ante “las manipulaciones que han atacado la dignidad de su persona y memoria”, quisieron poner el foco en que sus familiares “han sufrido la más ilegítima de todas las violencias, la que procede de manos de quien se supone garante de nuestra seguridad. La violencia de Estado”.

El principal apoyo moral contra la excusión institucional, según los familiares, ha sido el de “una sociedad que siempre ha sido sabedora de cuan lejana estaba la realidad de los hechos del relato oficial”, a la que apelaron para que “siga apostando por el respeto y la defensa de los derechos humanos de todas las personas, exija el conocimiento de la verdad y la depuración de responsabilidades a través de una investigación rigurosa de todos los casos”.

La petición fue extensible para los responsables políticos, representativos de la voluntad de la sociedad y “los únicos que tienen facultad para tomar iniciativas necesarias para llegar al fondo de la verdad”.

Por último, los familiares quisieron hacer un alegato porque el reconocimiento no sea una cuestión “de imperativo legal”, sino que “se defienda por una cuestión de justicia, de derechos humanos, ajeno a cualquier ideología”. Algo que les gustaría que conocieron la sucesivas generaciones para “aprender” de sus “aciertos y errores”. Y para que “nadie viva lo que nos ha tocado vivir” defendieron el mejor remedio: verdad y justicia. “Los derechos humanos son absolutamente para todos, incluso para aquellos que los vulnera, y si no es así, dejan de ser humanos y de ser derechos”, concluyeron.