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Las ‘niñas’ de Aranguren

La jubiloteca del valle, que este año ha tenido que ampliar el horario por la demanda, cuenta

con 32 usuarias y talleres de psicomotricidad, de recuperación de la memoria y de manualidades

Sara Huarte Iñaki Porto - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

En la primera fila: Tomasa Martínez, Dolores Jiménez, Rosa Ferré, Luchi Torres y Amaya Saralegui. En la segunda: Esther Marín, Pilar Osta, Antonia Gutiérrez, Ángeles Ortiz, María Amador, Rosa Goñi y Ana Zubiri. En la tercera, María Barranco, Carmen Janice

En la primera fila: Tomasa Martínez, Dolores Jiménez, Rosa Ferré, Luchi Torres y Amaya Saralegui. En la segunda: Esther Marín, Pilar Osta, Antonia Gutiérrez, Ángeles Ortiz, María Amador, Rosa Goñi y Ana Zubiri. En la tercera, María Barranco, Carmen Janices, Pilar Iraceburu, Josefa Montero, Loli Lorca, María Jesús Guembe, Luisa Iriarte, Josefa Villadiego, Brígida Valenzuela, Teresa Ayerra, Purificación Galar, Teresa Iturralde, Isabel Guembe y Adriana Martínez. (IÑAKI PORTO)

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En la primera fila: Tomasa Martínez, Dolores Jiménez, Rosa Ferré, Luchi Torres y Amaya Saralegui. En la segunda: Esther Marín, Pilar Osta, Antonia Gutiérrez, Ángeles Ortiz, María Amador, Rosa Goñi y Ana Zubiri. En la tercera, María Barranco, Carmen Janice

“Es muy bonito ver cómo pasan de pensar que ya no pueden a disfrutar”

MUTILVA. En la pared, un cartel reza: “Cuando uno llega a los ochenta años, lo ha aprendido todo. Lo difícil es recordarlo”. Pero ellas están demasiado ocupadas como para prestarle atención. “Que viene, que viene”, exclaman alborotadas las chicas de orodel Valle de Aranguren al ver que el enorme balón rosa está cada vez más cerca. “Acordaos, la pelota grande la pasamos botando y la pequeña, a la mano”, recuerda Amaya Saralegui, una de las técnicas de la jubiloteca del valle. “¡Ánimo, chicas! ¡No os atasquéis!”, apoya Ana Zubiri, que comparte cargo y funciones con Amaya.

Están todas sentadas en círculo y completamente inmersas en la actividad de psicomotricidad que ha propuesto Amaya. “Nosotras somos un equipo y trabajamos siempre como tal, pero nos repartimos las actividades para atender mejor a las usuarias. Así, mientras una dirige, la otra se encarga de controlar que no haya problemas y de que todas puedan seguir el ritmo”, explica Ana, mientras su compañera continúa animando a las 32 usuarias de la jubiloteca del Valle de Aranguren a recoger las pelotas para empezar a bailar La paloma.

“Amaya y Ana son las chicas de oro, no tienen precio. Entre las dos consiguen que todas vengamos muy a gusto”, confiesa Isabel Guembe, que acude junto a su hermana María Jesús a la jubiloteca, mientras lleva su silla a la pared para despejar la pista de baile. “Yo vengo a la gimnasia, que me gusta mucho. Además, siempre nos insisten en que cada una tenemos que hacer las cosas dentro de nuestras posibilidades. Están venga decirnos: ‘¿Estáis cansadas o podemos seguir un poco más? La que pueda que haga y la que no, que se siente’. Nos cuidan mucho”, asegura. “Yo me lo paso estupendamente con ellas y también con las compañeras”, apunta Puri Galar, otra vecina del valle que no se pierde una clase.

“Ellas eligen el horario y a qué actividades quieren venir, pero también se comprometen a tener una continuidad”, explica Ana. Sin embargo, hay algunas situaciones excepcionales en las que la falta está justificada. “Algún día se encuentran mal o tienen que cuidar a los nietos o algún tema familiar, pero cumplen el compromiso y, generalmente, vienen por su propio pie”, apunta Zubiri. “Sí, por ejemplo yo he faltado algún día, pero porque hay médicos no porque yo quiera”, apostilla María Barranco, al tiempo que el grupo, con Amaya al frente, ya ha comenzado a bailar. Algunas lo hacen de pie, imitando los movimientos de la técnica, y, otras, las que tienen una movilidad más reducida o problemas físicos, dan palmas siguiendo el ritmo desde sus sillas.

“Estamos todas encantadas y muy contentas. Pasamos unos ratos estupendos y somos muy buenas compañeras”, apunta Loli Lorca. “Son la flor de la canela”, resume Dolores Jiménez, a la que sus compañeras adoran “por sus chistes”.

Y es que, entre todas, con Amaya y Ana como germen, han logrado formar una pequeña familia que siempre está dispuesta a acoger a nuevos miembros. “Yo llevo muy poco tiempo viniendo, porque vengo de fuera y aquí muchas se conocen de toda la vida del pueblo, pero han logrado que me sienta muy integrada y muy arropada desde el principio”, reconoce Ángeles Ortiz, para quien este servicio del Ayuntamiento del Valle de Aranguren es “una bombita de oxígeno”.

Porque este servicio, que gestiona la empresa Transforma de la Fundación Gaztelán y cuenta con un presupuesto municipal de 48.000 euros anuales, supone para muchas usuarias una vuelta a la vida y un redescubrimiento de sus capacidades. “Se revitalizan muchísimo y es muy bonito ver la evolución que tienen. Cómo pasan de creer que ya no van a disfrutar y de pensar que son incapaces de hacer determinadas cosas como bailar o hacer manualidades a ver no solo que pueden, sino cuánto disfrutan con ello”, apunta Amaya, rodeada de ejemplos, como Pilar Osta, que no se pierde una o Rosa Ferré. “Raro es el día que falto. No sé que hubiese sido de mí sin esto”, confiesa Osta, mientras Ferré evidencia el cambio que ha sufrido desde que comenzó a acudir a los cursos de manualidades y recuperación de la memoria de la ludoteca. “Yo antes estaba todo el día en el sillón y ahora... es completamente diferente. Aquí disfruto mucho”, asegura.

actividadesAunque los talleres habituales son tres;psicomotricidad o gimnasia para las usuarias, recuperación de la memoria y manualidades, también “hay veces en las que hacemos otras actividades”, como celebraciones de cumpleaños o charlas sobre enfermedades o alimentación saludable. “Los perfiles de las usuarias son muy variados, aunque generalmente encajan en dos tipos: las que están por jubilación y edad y las que están por enfermedad”, apunta Ana, que al igual que Amaya, adapta cada uno de los talleres y actividades a la situación y capacidades del grupo en cuestión.

Por otro lado, y de forma más puntual, la jubiloteca recibe la visita de grupos de teatro, de música, de baile o de expertos en alimentación o algunas enfermedades, “de las que nos tocan cerca”. “Ha venido la Rondalla de Aragón, la orquesta Trampolín, los danzantes de Mutilva y también grupos de txikis para hacer un intercambio intergeneracional con actividades adaptadas para ambos grupos”, explica Amaya, mientras Josefa Villadiego, Teresa Ayerra, Adriana Martínez, Josefa Montero, Nuria Yournet y Teresa Iturralde asienten con la cabeza.

“Yo vivía en Pamplona y me mudé aquí para poder disfrutar de la jubiloteca y de las actividades que proponen”, confiesa María Esther Marín, muy concentrada en pintar su mandala. “Es que lo pasamos divino”, explica Tomasa Martínez.

más serviciosA pesar de que la jubiloteca es el servicio más conocido, no es el único. El Valle de Aranguren también cuenta con un comedor saludable y un centro sociocultural en la zona de Santxiki. “Además de la jubiloteca, yo también me quedo a comer en el comedor saludable, que está muy bien y es muy sano”, explica Brígida Valenzuela, que suele ir acompañada de Antonia Gutiérrez, también usuaria de la jubiloteca. Y es que, el objetivo de este comedor, cuyo número oscila entre los 15 y los 20 usuarios y cuenta con un presupuesto anual de 42.000 euros, no es otro que “los mayores coman sano y acompañados”.

Por otro lado, el centro sociocultural de Santxiki, en Mutilva Alta, es el resultado de una demanda vecinal. “Es una zona que queda bastante lejos de la jubiloteca y los vecinos y vecinas querían un lugar en el que poder reunirse y, a finales de 2016, hemos realizado una experiencia piloto con la que estamos muy satisfechos. Eran unos talleres de recuperación de la memoria que han tenido muchísimo éxito y de los que ahora comienza otra tanda”, explica Chelo Gallego, concejala de Bienestar Social del Ayuntamiento del Valle de Aranguren.