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La salvación está más lejos

Una nueva derrota | Osasuna cae ante el celta en Balaídos con un marcador excesivo en un encuentro muy flojo de los rojillos, que nunca estuvieron en condiciones de ganar, lo único que vale

Javier Saldise / Salvador Sas - Lunes, 20 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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Los rojillos tampoco encontraron el nivel en Vigo.

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Los rojillos tampoco encontraron el nivel en VigoReproducirLos rojillos tampoco encontraron el nivel en Vigo.Sergio León intenta escaparse de la marca de Sergi Gómez.

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Vigo- El reto de la permanencia definitivamente comienza a ser un asunto sin solución, un objetivo muy alejado, quizás un imposible. En un encuentro discreto por parte de los dos equipos, Osasuna volvió a perder y la versión disminuida del rival, un Celta jugón y vertiginoso pero ayer perezoso, le da más escarnio y escozor al nuevo fracaso, al nuevo golpe, al enésimo aplazamiento de una reacción.

Porque ya solo vale ganar y todo lo que no sea coger los tres puntos está mal, en otro partido de altísimas exigencias, Osasuna no estuvo a la altura de las circunstancias más que cuando consintió el Celta, durante muchos minutos del segundo tiempo, pero sólo antes de su arreón final incontestable y también afortunado. Cuando a los rojillos el partido les exigió, no les alcanzó y así se va formando la historia triste de esta temporada. Osasuna eligió un mal día para completar el peor partido de la era Vasiljevic en el banquillo. Con menos chispa que en encuentros anteriores, sin la fogosidad demostrada otros días, con menos músculo que en otras citas por el perfil de los futbolistas elegidos, Osasuna se colocó unos escalones por debajo de su rival y eso le pasó factura. Lo voluminoso del marcador en contra entra dentro del listado de males que asola a este equipo y que también ayuda a su hundimiento. El Celta de la resaca de la Copa y de la Liga Europa no necesitó mucho para quitarse de en medio a este Osasuna ramplón, que ayer pintó todavía peor.

Vasiljevic dio la titularidad a cinco jugadores nuevos respecto al último partido de Liga ante el Real Madrid. A los recambios de los lesionados Tano y Fausto, se unieron los de Fuentes, Jaime y Riviere. La conclusión de semejante revolución fue un equipo más ofensivo que conciliador, con un buen puñado de hombres más acostumbrado a jugar por delante del balón -Roberto Torres, De las Cuevas, Oriol Riera y Sergio León- que a lo contrario. Si a ello se une que tipos como Berenguer y Clerc circulan mejor cuando la pelota es para gestionar que para hurtar, sin contar que Causic es un mejor acompañante de la tarea que sea que de sostén único, resultaba una alineación atrevida, como correspondía a la situación de riesgo.

Sin embargo, este reunión de futbolistas con calidad resultó una agrupación estéril de jugones desconectados que no lograron enchufar más allá de un par de jugadas con acierto y cierto peligro para el Celta. El conjunto gallego participó de la densidad que ofreció el partido en los primeros minutos, un tramo inicial indigerible en el que fútbol no existió y todo se atascaba en un formidable empacho.

Una veintena de minutos en los que Osasuna se fue empequeñeciendo y el Celta, a partir del control del balón y del fútbol al esprint de los suyos, se fue agrandado. Menos manejo y más mazo requerían los rojillos en el centro del campo para detener lo que se les venía encima. Llevaba el equipo de Berizzo merodeando en la antesala del área, donde con sus pasadores y sus atletas se erige en un conjunto letal, hasta que de una acción sin mucho peligro se despachó el gol de Sisto. Hubo una pérdida infantil en el centro del campo y con un par de amagos de sus compañeros, el delantero se quedó solo para estallar la pelota contra la red.

Lo mejor que le pasó a Osasuna fue terminar el primer tiempo sin más incidentes. El Celta, tampoco machacador, mantuvo un control suficiente sobre el partido y también un interés evidente por no dejar ir el partido como para sostener intensidad, sinónimo de problemas para un Osasuna cada vez menos protagonista en el partido, si en algún momento intentó serlo.

Osasuna hizo una comparecencia en el segundo tiempo mejor que el Celta, que no dejaba de dar la cara al partido, pero tampoco se sentía especialmente condicionado. Dos remates a puerta de Sergio León y De las Cuevas, el primero con más bríos que el segundo, sirvieron de tarjeta de visita de los rojillos en sus primeras apariciones en ataque, a las que siguieron después otras intentonas del propio Sergio y un cabezazo desviado de Vujadinovic.

Fran Mérida relevó a De las Cuevas para los veinte minutos finales, mientras el Celta, en la jugada siguiente al cambio, se atrevió a armar su primer lanzamiento del segundo tiempo que fue entre los tres palos. Así estaba el partido en el tramo postrero, con Osasuna compareciente en ataque pero sin chispa, y el Celta remolón y perezoso, o quizá simplemente cansado después de tanto partido acumulado, sin tantas ideas.

Berizzo metió tralla de altura con la inclusión de Aspas y Vasiljevic persiguió un perfil de ataque distinto con el cambio de Riviere por Sergio León, ayer de nuevo de lo más peligroso del equipo. Osasuna pisaba los últimos minutos del partido no como dominador estricto del encuentro, pero sí con un mayor interés por llegar hasta el otro área. Eso fueron, sólo ganas, porque el Celta dirigió un disparo entre los tres palos, en los minutos finales, y sentenció. Aspas, maléfico en situaciones de superioridad o en el mano a mano con el portero, redondeó un marcador excesivo, terrible para Osasuna, que vio otro partido que se le escapa y que la salvación queda más lejos. Otra mala tarde en la que, además, no se dio la talla.