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La otra crónica

Un cuestión de fe

Por Javier Leoné - Lunes, 20 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Creer en la permanencia de Osasuna en Primera División a estas alturas de la temporada y con los pésimos registros que acumula el conjunto rojillo se ha convertido definitivamente en una cuestión de fe. Y más aún después del partido que disputaron ayer los pupilos de Petar Vasiljevic en Balaídos, de donde salieron goleados ante un rival al que ni siquiera le hizo falta pisar el acelerador para deshacerse de un rival sin alma ni acierto. Los rojillos regalaron la primera parte con una alineación tremendamente ofensiva que apenas generó peligro y encajó un gol por su escasa contundencia. Después, con el marcador en contra y la obligación de ganar, Osasuna reaccionó y fabricó algunas buenas ocasiones que desaprovechó. Perdonó y el Celta, casi sin quererlo, cerró a la contra un partido en el que Sirigu volvió a encajar tres goles por tercera vez consecutiva desde que defiende la portería del bloque navarro.

Aunque casi siempre resulta más efectivo realizar los balances de temporada al término de la misma, los rectores de Osasuna (directiva, secretaría técnica y los asesores de ambos departamentos) ya cuentan con un buen bagaje (más de medio ejercicio) para asumir que no resulta nada halagüeño el futuro deportivo que le espera al club, al que sólo un milagro le va a permitir alcanzar las últimas jornadas del campeonato con opciones reales de pelear por la salvación. Y es que Osasuna necesita ganar de aquí en adelante todo lo que no ha ganado -y más- en las 23 jornadas ligueras que ya se han disputado hasta la fecha y además confiar en que sus rivales no sumen demasiado. Porque la permanencia continúa a ocho puntos (el Leganés sigue estancado en 18), pero los dos adversarios que más a tiro tienen los rojillos han dado un pequeño arreón y se han alejado a dos triunfos del conjunto navarro (Osasuna tiene 10 puntos, por los 16 que suman Granada y Sporting).

Aunque la derrota de ayer en Balaídos no invita al optimismo, Osasuna no debe bajar los brazos. Así lo han anunciado por activa y por pasiva los jugadores y el entrenador del conjunto navarro, a los que se les está agotando el discurso de las matemáticas. Porque el margen de maniobra se consume con el paso de las jornadas y a los rojillos ya sólo les queda agarrarse a otras situaciones utópicas que terminaron convirtiéndose en realidad. Nada es imposible, pero nada es para siempre. A Osasuna se le está acabando el tiempo, pero habrá que ver cuánto le dura la fe.