La ‘calderilla’ abre paso al carnaval

Lunes, 20 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:09h

El gallo, rey de la fiesta.

El gallo, rey de la fiesta. (A.M.M.)

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El gallo, rey de la fiesta.

Será a partir del miércoles, ahora que no es lectivo por la tarde, igual que hace mas de seis décadas, cuando sí había clase pero se excusaba para llevar a cabo la eskea, la cuestación por calles y casas, suscitando la bondad y buena voluntad de las amas de casa, que mayormente aportaban los huevos y la chistorra que la chavalería (la calderilla, comería al día siguiente, Jueves Gordo, Día del Gallo u Orakunde una vez que se pudo llamar a las cosas por su nombre. La colecta, que en algunos establecimientos (los menos) se traducía en dinero contante y sonante, ahora mismo me viene a la memoria el buenazo de Luis Mari, el titular de la Farmacia Goñi, se llevaba al restaurante donde sería la comida de Orakunde, en exclusiva para niños que la separación de sexos estaba plena y ridículamente vigente, con un menú invariable: un arroz con chistorra que sabía a gloria, tortilla otra vez de chistorra, una naranja de postre y a la calle a esperar que la autoridad (el alcalde, kargodunak, el párroco y el sacristán, los maestros y txistularis y los guardas, que entonces estaban casi en exclusiva al servicio de Elizondo) finalizara su dieta que hacían aparte y era mejor, hasta lujosa.

Lo sé, esto último, porque en un par de ocasiones o alguna más, tuve oportunidad de compartirla en premio (supongo) a la modesta ayuda aportada en el comedor sirviendo a la chiquillería. Allí se llegó a catar cordero asado o en chilindrón y hasta angulas e incluso champú(champán o cava), el espumoso del que Braulio Jaimerena (+) era ferviente admirador.

El Jueves Gordo ya era lo que más, no había en el año fiesta mejor para los chavales, mientras las chicas estaban casi de miranda y obsequiadas como mucho con una chocolatada en Casa Ariztia (Etxenikea, en la calle Jaime Urrutia) que les empezó a obsequiar un párroco, don Mauricio Berekoetxea, que dejaría sólida huella por innovador e imaginativo. A él se deben la procesión de Semana Santa y la cabalgata de los Reyes Magos, y a su hermano Juan la primera escolanía que daría paso a la Agrupación Coral de Elizondo.

Por la mañana, mientras la gente menuda asistía a una misa que se hacía eterna, de las de hora y media, los más mozos (muttiko koskorrak) seguían con la cuestación, luego se iba en kalejira hasta acabar en el restaurante. Y lo grande, llegaba por la tarde, con la “carrera del gallo” en la Plaza de los Fueros, donde Pistón (Ángel Mari Olabe, +) y Cruz Elvira (+) retiraban la losa y abrían hueco para enterrar al rey del corral hasta el cuello, mientras en la otra esquina esperaba el mocerío (ocho por clase) con los ojos vendados y bien vendados, con sus alfanges de madera para correr a por el premio.

Un gallo que, poco menos que invariablemente, se llevaba mi buen amigo Pedro Miguel Amiano. Y luego, al Cine Maitena a reír con Charlot o el Gordo y el Flaco, y terminaba la fiesta. Un festejo que perdura y que daba y que da paso al carnaval. - L.M.S.