A la contra

Los talibanes de la felicidad

Por Jorge Nagore - Miércoles, 22 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

n o me había enterado que se había liado una gorda porque la famosa Samanta Villar -no me gustaban nada sus programas- ha escrito un libro en el que señala que desde que es madre ha perdido calidad de vida, una manifestación que ha hecho que se lancen sobre ella toda clase de hienas y madres, incluso madres hienas, que hay muchas. Bueno, soy padre y puedo asegurar que se pierde calidad de vida. Yo hoy -ayer para ustedes- he subido al niño al cole a las 9, lo he recogido a las 12.50, lo he bajado a todo gas, le he dado de comer como a las ocas, lo he dormido, lo he despertado, lo he subido al cole de nuevo y luego ya lo ha recogido su madre y han venido a casa y he hecho las meriendas y las cenas y antes la casa y la compra y su madre aún más, porque su vida es trabajo fuera de casa como una mula más hijo más casa y antes estábamos ambos rascándonos las bolas más de la mitad del día. He perdido calidad de vida. ¿Lo cambiamos por cuando no estaba él? Ni locos, no cambiamos ni un solo segundo, pero anda y que no hay momentos en los que echas en falta -yo al menos, y eso que tengo bastante tiempo libre- muchas cosas que antes hacías, anda y que no echas de menos dormir mejor, tener menos miedo y cientos de cosas que forman parte de ti y son tú mismo. Por supuesto que sí, por supuesto que puedes ser feliz con algo y al mismo tiempo y en el mismo día o incluso hora sentirte desgraciado -o saturado, simplemente- y más atado de lo que hubieras imaginado. ¿Qué clase de sociedad es esta en la que sentimientos perfectamente normales y compatibles no se pueden expresar sin que se te echen encima los y las fundamentalistas? Claro que es una decisión libre y feliz, pero eso no implica que el 100% sean rosas y eso no te impide tener derecho a mostrar las cosas que se dejan en el camino y las emociones que eso genera. País de alcahuetes, la hostia.