Cultura popular

Jueves, 23 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

“La cultura no es una actividad del tiempo libre;es lo que nos hace libres todo el tiempo”.

Luisa Etxenike

La vieja y falsa disputa entre quienes consideran que solo es cultura la llamada “alta cultura”, frente a los que consumen “baja cultura” (cultura popular o cultura de masas), la cual se asocia a la pura diversión, ha reverdecido de nuevo.

Falsa, como ya denunció Umberto Eco en los años sesenta y ahora lo hace el profesor de teoría cultural Terry Eagleton.

Falsa dicotomía entre supuestos niveles culturales e igual de falsa que la falta de legitimidad que se atribuye a los espacios de autogestión sociocultural en los cuales bulle la cultura popular.

En esta época en la que la cultura y la creatividad han sido a menudo puestas al servicio de la mercantilización y de la rentabilidad económica, a una mal entendida “industria cultural”, la cultura popular vuelve a estar en cuestión. Autores como Sartori y Vargas Llosa nos anuncian la muerte de la auténtica cultura a manos de la cultura popular o de masas que en estos momentos representa, por ejemplo, la (ciber)cultura popular que se genera en la red. Pero hoy sabemos que la gente utiliza y vive esta nueva cultura popular, dándole un carácter subversivo y emancipador, como sucedía en el pasado con las fiestas de carnavales. Es decir, la verdadera cultura popular, aquella que se crea no para el pueblo sino que surge del pueblo, se ha convertido en una poderosa herramienta social, tanto o más que la alta cultura, pues introduce una perspectiva horizontal claramente democratizante.

En este debate, el acceso al bien público de la cultura en modelos de cogestión y autogestión por parte de plataformas ciudadanas, asociaciones o colectivos socioculturales, va a determinar la salud de una cultura verdaderamente democrática, especialmente si por parte de la administración es acogido desde procesos abiertos y participativos. Modelos diferenciados que pueden y deben convivir: el de gestión institucional como garante del acceso a la cultura de toda la sociedad y el de la cogestión y autogestión como creación, expresión y libre desarrollo de una cultura desde abajo -alta, baja o “mediopensionista”- que nos ofrece la oportunidad de explorar y recuperar el disfrute en comunidad de un bien público tan importante como la cultura.

En Navarra este año, por iniciativa de Podemos-Ahal Dugu en colaboración con las fuerzas del cambio se comenzará a desarrollar el Primer Plan Piloto de Creación y Coordinación de Espacios Cogestionados y Autogestionados de la Creación Artística, Cultural y Participación Social. Gracias a un trabajo tranquilo y ponderado, que ha comenzando identificando necesidades de nuestra realidad sociocultural, se va a realizar un encuentro sobre nuevos espacios socioculturales en el cual se podrán conocer y contrastar aquellos casos de éxitode espacios que entre la cogestión y la autogestión pudieran adaptarse a nuestra Comunidad Foral.

Esfuerzo que marchará paralelo al desarrollo de un proceso de diálogo con los sectores interesados (asociaciones, grupos, creadores y creadoras, etcétera), para constituir un grupo de trabajo que nos asesore sobre la demanda, las expectativas y las propuestas en este ámbito.

En el mismo sentido se abordará un estudio para establecer las fórmulas de acceso y los posibles modelos para estos espacios socioculturales -que incluya la identificación de los edificios y locales infrautilizados, vacíos o en desuso de propiedad del Gobierno de Navarra- con el fin de elegir aquellos que se consideren más idóneos para ser habilitados para el uso sociocultural de la ciudadanía. Labor en la cual la coordinación con los ayuntamientos y otras entidades locales será decisiva a la hora de establecer posibles acuerdos de colaboración.

Se trata pues de proteger, canalizar e impulsar la tendencia creciente a la autogestión sociocultural en muchos ámbitos que los gobiernos del cambio han abierto, con el objeto de conferirles carta de naturaleza en una comunidad tan rica en tejido cultural pero tan atrasada en muchos aspectos. Para ello, la clave se halla en sumar no solo conocimiento, disponibilidad técnica y espacios, sino sobre todo recursos públicos y una clara voluntad de aplicar políticas culturales innovadoras.

La participación social pasa porque las instituciones entiendan su papel que según nuestro criterio, consiste en posibilitar y acompañar los procesos socioculturales, no dirigirlos ni mediatizarlos. En este sentido la experiencia que se ha comenzado con el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte en el ámbito de la gestión, parece un buen ejemplo.

Ahora es el turno de que la administración se libere del miedo a la cultura popular y normalice su acercamiento a ciertas líneas estratégicas de una nueva cultura como son los espacios de cogestión y autogestión.

En definitiva, la iniciativa presentada por Podemos-Ahal Dugu y aprobada por el Parlamento de Navarra propone un plan de actuación muy concreto que siente las bases de una nueva cultura popular, participativa y democrática, en un espacio de creación sociocultural.

Existen muchas experiencias de espacios de este tipo en toda Europa de las cuales aprender, pero también en nuestro país. Desde Astra en Gernika a la Casa Invisible de Málaga. Y en nuestro entorno cercano de procesos como Plazara!, para crear en el antiguo Palacio Redín-Cruzat de Pamplona, un nuevo centro comunitario de gestión ciudadana.

El futuro de la democratización en esta Navarra compleja y diversa, que ha vivido durante décadas de espaldas a su propia cultura, pasa inevitablemente también por la apertura a nuevas formas ciudadanas de entender la creación y la vida cultural.

Firman este artículo: Mikel Buil Parlamentario de Podemos Ahal Dugu, y el Grupo de Cultura de Podemos-Ahal Dugu