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El exduque se ríe tras evitar la cárcel

Urdangarin sale de la Audiencia entre gritos de “mamón” y “chorizo” de ciudadanos indignados por la decisión judicial

Un reportaje de M. González - Viernes, 24 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Torres, con gesto serio y precedido por su abogado, tras la vistilla sobre medidas cautelares.

Torres, con gesto serio y precedido por su abogado, tras la vistilla sobre medidas cautelares. (Foto: Efe)

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Torres, con gesto serio y precedido por su abogado, tras la vistilla sobre medidas cautelares.

Otro 23 de febrero, Iñaki Urdangarin hizo un viaje relámpago a la ciudad que le dio el Ducado y esta vez salió airoso de un nuevo obstáculo judicial: su posible entrada en prisión tras la sentencia del caso Nóos. El exduque de Palma evitó salir en furgón de la Audiencia de Baleares y lo hizo con una sonrisa y mochila en mano como un ciudadano más, la misma imagen que quiso dar durante todo el día desde que, al alba y sin escolta, tomó un autobús en Ginebra para ir al aeropuerto. Incluso rechazó la invitación de los periodistas que lo esperaban en su casa suiza de llevarle al aeropuerto, en vista de que salía a pie de su vivienda.

Como uno más, cogió el autobús de línea y luego, aterrizado en Palma de un vuelo low cost, no usó la zona VIP para abandonar el aeropuerto como en sus visitas anteriores. El exduque se mezcló en esta ocasión con los viajeros en la terminal de llegadas de Son Sant Joan, acompañado, eso sí, de un escolta.

Era la cuarta vez que Urdangarin acudía a Mallorca a una cita judicial en febrero y la segunda que lo hacía el día 23. Hoy, ha entrado solo a la sede del tribunal en el que se decidía su futuro inmediato. Se enfrentaba a la posibilidad de entrar en la cárcel, pero finalmente salió igual que entró: en el asiento trasero en un coche modelo Juke (que no Duke).

A las puertas de la Audiencia le esperaban 60 periodistas desde las ocho de la mañana, pastoreados por una treintena de policías. Hasta las diez y cuarto, 15 minutos antes del inicio de la vista, no llegó, en último lugar, el marido de la infanta Cristina, que ayer hacía justo tres años pisaba los juzgados de Palma para declarar ante el juez instructor de Nóos, José Castro.

Entonces, el exduque bajaba una rampa escudado por un perímetro de seguridad que le impedía ver a los ciudadanos indignados concentrados a manzanas de distancia. Ayer, se vio cara a cara con el pueblo, personificado en un puñado de curiosos que fue aumentando en número a lo largo de la mañana.

“La gente tenemos cabeza”, “se piensan que somos idiotas”, “¿por qué no le ha juzgado un jurado popular?”, se quejaban los ciudadanos de a pie ante la posibilidad de que no entrara en prisión tras una pena rebajada de 19 a 6 años de cárcel.

Hasta un grupo, antes de la decisión del tribunal de dejarle en libertad, preguntó al fiscal si iba a ir a la cárcel. Pedro Horrach pasó de largo y les miró sonriendo, ellos lo tomaron por un sí y le felicitaron a gritos.

Luego, la decepción en sus rostros y los insultos. “Mamón”, “chorizo”, “ladrón” y “devuelve el dinero” son algunos de los que se escucharon cuando Urdangarin subió al coche camino del aeropuerto para volver a Suiza, donde seguirá viviendo junto a su esposa con una sola obligación: comparecer cada día 1 ante la autoridad judicial en este país. La infanta Cristina seguía desde su despacho en la sede central de la Caixa en Barcelona la decisión de la justicia sobre su marido, que permanecerá en libertad hasta que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre los recursos a su condena. De confirmar la pena, tendrá que ingresar en prisión, aunque no será necesario que pise de nuevo Mallorca, la isla que le convirtió en noble y le ha condenado a un futuro de presidiario.