Danza

Arte y movimientos perpetuos

Por Teobaldos - Domingo, 26 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:09h

actuación de la Compañía Virgilio Sieni

Bailarín, dirección y coreografía: Virgilio Sieni. Música: Variaciones Goldberg de J.S.Bach. Piano:Andrea Rebaudengo. Programa:Solo Goldberg Improvisation. Programación:ciclo Coda en Movimientodel Museo Universidad de Navarra.Lugar: auditorio del Museo. Fecha: 24 de febrero de 2017. Público: algo menos de media entrada (10 euros).

Virgilio Sieni se ciñe las treinta (más el aria) variaciones Goldberg, sabiendo que asume el reto, casi imposible, de dibujar su intrincada matemática, su sublime y perpetua resonancia a través de su cuerpo. Pero, lo consigue. Sólo, como el pianista, (un lujo la música en directo de Andrea Rebaudengo) ante la obra maestra, para desentrañarla visualmente. Las claves de Sieni radican en que es un bailarín completo, con un dominio absoluto de su cuerpo, con un repertorio de movimientos que no se agotan nunca, y que no se repiten -algunos parecen iguales, pero no repetidos, siempre aporta material nuevo-;que ha conseguido entrar en la ondulación del cuerpo, pero que, a la vez, cuadra, rotundo, el compás de la música, que conoce de memoria. Es capaz de seguir al pie de la música la partitura (variación 3), o esquematizarla (variación 10) en aras de una evocación poderosa. Nunca escapa a la exigencia del torrente musical, por momentos frenética;la línea del dibujo en movimiento, entonces, completa el sonido: giros exactos (variación 14), brazos que se recogen o extienden en molinos (variación 6), convulsiones (17), algo de suelo -sin abusar- (7), solo rodillas (10), etc. Todos los registros posibles de un cuerpo como nunca conocido por su propietario (y querido), capaz de absorber el movimiento perpetuo.

Sieni, además, nos sugiere, con el movimiento, imágenes de los grandes pintores y escultores italianos. El reto es fascinante. Prevalecen, claro está, los cuadros en los que las manos tienen un especial movimiento: extendidas, como elBautismo de Piero de la Francesca(aria), o la Crucifixión de Masaccio (1);pero sobre todo, acogedoras, como el Descendimiento de Potorno (3), la Pieta Roverella de Cosmé Tura (11), o las innumerables Madonnas con el niño. Todas esas manos cobran movimiento. Y las piernas y pies también: Sieni dobla la rodilla como en una crucifixión;o realiza la variación 10, de rodillas, como el lisiado de Masolino da Panicale (Curación de San Pedro). Las variaciones de la 19 a la 24 con para los claroscuros de Caravaccio. Y la variación 16 nos remite a Andrea del Sarto, pero no creo que a su Noli me tangere, porque si algo trabaja Sieni, es el tacto. Y sobre él hace hincapié en la última parte del espectáculo.

Por último, este extraordinario bailarín y coreógrafo que, hasta hace poco ha sido director de la bienal de Venecia, está muy preocupado por extender la danza al público en general, bajo el principio de que con disponibilidad, tiempo y cierta autoestima corporal, todos pueden bailar. Invita a cuatro espectadores (en este caso chicas), a que suban al escenario: sólo con su aureola motora las mete, sin problemas, en su danza. Surgen entonces grupos escultóricos (Giovanni Pisano), y una Pietáo Descendimiento donde el bailarín es acogido por las cuatro chicas. El aria, serena y de trazo perfecto, concluye esta joya del arte (música, danza, pintura, comunicación, belleza, espiritualidad, humanismo).