Libertad y miedo en la escuela (II parte)

Carlos Zapata Profesor de la Escuela de Arte de Pamplona - Lunes, 27 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Hay quien piensa que subiendo dentro de la jerarquía, de la sala de máquinas a los salones de baile, quedarán fuera de la charca de acosadores y aprendices. Craso error. Muchos de ellos ya han subido, dan el perfil. Ese perfil, psicológicamente hablando, tiene unas características que se repiten entre los acosadores: gran intolerancia a la frustración, accesos de rabia, creencia en ser acreedores de derechos especiales, falta de empatía (no sienten las emociones de los demás, incluido su dolor), sensación de sentirse diferentes de los demás, necesidad de admiración y aprobación, profunda envidia, mienten de forma generalizada, temen a los que envidian (la envidia es en estos casos una declaración explícita de sentimiento de inferioridad) especialización en hacer sentir culpa a los demás e infelicidad, entre otras muchas. De acuerdo a algunos autores existen dos tipologías básicas: el narcisista perverso y el paranoico. Pueden ir en solitario, en pareja o en grupo y tener uno o varios lacayos. En algunos centros la jerarquía está dominada por el miedo, sus profesores tienen miedo y hay un puñado que da miedo.

Sin haber mencionado todavía ningún problema de índole organizativa o pedagógica, ¿qué va a hacer la generalidad de los profesores con el miedo de sus alumnos? Recordemos que la agresividad adolescente puede nacer del miedo. ¿Lo abordarán amorosamente, con creatividad, con ingenio, con inteligencia o procurarán esquivar la mañana y pasar lo más desapercibidos posible? ¿Qué sucederá con un profesor que pretenda hacer educación?

Es posible que sus compañeros confabulen contra él, que traten los temas que le conciernen con mala fe, que vulneren la libertad de cátedra, que le roben las horas y el sueldo que le corresponden, que le insulten, que le injurien, que lo humillen, que manipulen a los alumnos en su contra, que le sometan a decisiones alevosas e ilegales, que le asignen trabajos que no le son propios de forma abusiva, que modifiquen discreccionalmente su horario, que le pierdan sus documentos, que le mientan, que le nieguen la palabra, que lo cuestionen sistemática y tendenciosamente, que lo sometan a desinformación, que no le concedan la palabra, que no le sirvan los bienes que le corresponden, que lo atosiguen con reuniones estériles, que no le dejen salir de la habitación en la que se halle, que lo golpeen... que no se respeten sus derechos y le apliquen el derecho de pernada.

Si sucede todo eso, posiblemente tenga dificultades para hacer su trabajo, que no es otro que hablar, entre otras cosas, de libertad.