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La otra crónica

Decisiones delirantes

Por Javier Leoné - Lunes, 27 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Por cuarta jornada consecutiva, a Osasuna le endosaron tres goles y volvió a perder un partido que cercena un poco más sus cada vez más escasas posibilidades de asomarse a la lucha por la permanencia. Los rojillos cayeron en un encuentro repleto de decisiones delirantes, especialmente las del entrenador del conjunto navarro, Petar Vasiljevic, y las del árbitro, el zaragozano Carlos Clos Gómez.

En un encuentro en el que el preparador serbio había asegurado que “nos jugamos mucho” y en el que había instado a sus jugadores a redoblar esfuerzos -“nos tenemos que poner las pilas”- porque “el tiempo se acaba”, no hubo noticias de un equipo, el navarro, al que le falta de todo: alma, contundencia defensiva (es el más goleado de Primera con 55 tantos encajados en 24 partidos) y producción ofensiva (no ha marcado en las dos últimas jornadas). Todas las frases entrecomilladas se corresponden con palabras textuales pronunciadas por Petar Vasiljevic un día antes del choque de ayer para el que sorprendió con una alineación titular en la que no incluyó a ninguno de los tres mejores artilleros de su plantilla. Sergio León (7), Roberto Torres (5) y Oriol Riera (4), autores de dos terceras partes de los goles que ha anotado el conjunto navarro en lo que va de Liga (16 de 24), se quedaron sin jugar, decisión sorprendente y luego justificada por Vasiljevic como una rotación pensando en el choque del próximo miércoles con el Villarreal en El Sadar.

A los rojillos les pesó la responsabilidad (también las piernas) casi desde el primer minuto y el árbirtro no contribuyó precisamente a su alivio. Es más, cargó aún más la ya de por sí pesada mochila del conjunto navarro. En la jugada previa al primer gol del Espanyol, obvió un empujón de Piatti a Oier dentro del área, acción de la que surgió segundos después la oportunidad que permitió a Caicedo inaugurar el marcador. Pocos minutos después dejó a Osasuna con un jugador menos al expulsar con rigurosidad a Oier por supuestamente cometer un penalti que luego detuvo Sirigu, al que las posteriores y sucesivas repeticiones televisivas señalaron como autor de la pena máxima.

Aunque las decisiones de Clos Gómez condicionaron el desarrollo del encuentro, no deben servir para esconder el fiasco rojillo: el deportivo y el institucional, porque también han resultado delirantes los dos relevos en el banquillo y otros asuntos sobre los que alguien tendrá que rendir cuentas ante la afición, a la que le toca hablar el miércoles.