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Osasuna va de mal en peor

Otra derrota y pésima imagen | el equipo de Vasiljevic no llega a competir ante el Espanyol, no está a la altura del encuentro y vive un asedio perpetuo con uno menos desde el primer tiempo por la roja a Oier

Javier Saldise / Alejandro García (Efe) - Lunes, 27 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

De las Cuevas intenta zafarse sin éxito de dos jugadores del Espanyol.VER GALERÍA

De las Cuevas intenta zafarse sin éxito de dos jugadores del Espanyol. (Agencia LOF)

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De las Cuevas intenta zafarse sin éxito de dos jugadores del Espanyol.David García trata de arrebatar el balón a Felipe Caicedo.

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  • El entrenador de Osasuna, el serbio Petar Vasiljevic, da indicaciones a sus jugadores durante el partido.
  • El defensa de Osasuna Oier Sanjurjo disputa un balón con el delantero argentino del Espanyol Pablo Piatti.
  • [En directo]: Espanyol - Osasuna.
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Pamplona- Osasuna terminó su periplo de dos partidos seguidos fuera de casa sin conseguir un punto y estos viajes consecutivos sin botín por obra y gracia del calendario y sus exigencias dejan al equipo un poco más lejos de casi todo -también de sí mismo- y más cerca de la Segunda División.

Más allá del accidente de jugar más de una hora con un hombre menos, de competir así en una inferioridad también física muy frustrante y fatal, hubo más cosas, cargas de profundidad en este proyecto que hace aguas por todas partes, en el que la deriva de las decisiones desde los puestos de mando no han ayudado a enderezar el timón. Al contrario, han precipitado el navío contra la costa en lo que puede ser un final de temporada, una conclusión de ciclo para algunos, delirante y descarnado.

Un Osasuna desnaturalizado -poco palpable en sus características de siempre- ofreció ayer la imagen y las maneras de un equipo desanimado, desilusionado, sin capacidad para transmitir y crear emoción y que comienza a andar peligrosamente por la categoría como un fantasma, un espectro en el que no se reconoce a ese conjunto combativo que la grada asegura que nunca se rinde. En otro encuentro muy exigente, porque a cada jornada que pasa los rivales se visten de gigantes, el equipo de Vasiljevic, con novedades y relevos sorprendentes, no fue capaz de competir y, esta vez frente al Espanyol, nunca opuso resistencia ante un contrincante muy superior, que jugó a placer, multiplicado en maestría y recursos por la falta de competencia de Osasuna, ínfimo en casi todos los terrenos. Sin un plan reconocible -once contra once no se vio qué quería Vasiljevic de los suyos-, sin intensidad ni juego, Osasuna ofreció una imagen lamentable, de lo menos entero de los últimos tiempos, definitivamente de situación terminal.

Si a la rocambolesca aparición de Vasiljevic en el banquillo -al salto del despacho al banquillo- no se le puede negar en su momento un efecto agitador en el grupo tras el periodo en negro con Caparrós -hubo una reactivación del conjunto con el director deportivo, pero sin victorias de por medio-, tampoco se le pueden hurtar al mandamás de la plantilla el paulatino bajón que ha sufrido el equipo. Al tercer entrenador del curso, amigo de cambios de sistemas y de alternativas a jugadores, se le ha caído Osasuna en este momento crucial, porque no va a quedar margen para el arreglo, y a él parece que va a corresponder ponerle el brazalete de funeral a esta campaña de traca, de la que alguien será responsable.

Con un buen arsenal de goles sentado en el banquillo -algunas suplencias recordaron a las tardes más delirantes de Caparrós, en la que solo el supuesto desconocimiento del plantel podía explicar algo de sus salvajadas-, los rojillos salieron a Cornellà con una alineación cuando menos curiosa. Y sin un plan de acción claro y con comedido ánimo, no tardó en imponerse el discurso de los acontecimientos.

Cómo salió apocado, asediado vivió Osasuna el primer tiempo. Sometido al dominio del Espanyol que se incrementó tras la expulsión de Oier en la jugada de un penalti que desvió Sirigu. La embarullada jugada fue la única acción afortunada para un equipo rojillo que protagonizó una primera parte ruinosa. Siempre a merced del rival, que llegara el primer gol fue cuestión de tiempo, del inexorable paso de los minutos, y el reloj no hizo esperar mucho el desenlace porque, pasado el primer cuarto de hora, Caicedo colocó al Espanyol por delante en una jugada previsible. A Osasuna le remataron a gol de cabeza, como si esta habilidad quedara olvidada cada vez que se pisa el césped.

Con un gol en contra, con uno menos en el campo, necesitaba Osasuna ganar, pero se dio entrada a un defensa para compensar la expulsión de Oier. No estaba nada claro lo que se quería y se notaba en lo que se hacía, que era más bien poco.

Estaba Osasuna preguntándose qué estaba haciendo en el partido, cuando en el primer minuto del segundo tiempo llegó la puntilla con el gol de Jurado. Un despeje de en un córner y un disparo raso terminó la mañana de carnaval, de fiesta. El segundo tiempo fue un puro despropósito, con un Osasuna como caricatura de sí mismo y un Espanyol que se gustaba con un baile en toda regla. Causic afeó su encuentro correcto con una entrega primorosa a Gerard Moreno para firmar el tercer gol. Osasuna se marchó a los vestuarios con otras preguntas zumbando en el cerebro: dónde se pueden conseguir los puntos para este milagro. Dónde pueden conseguir los puntos para irse con dignidad.