Editorial de diario de noticias

Normalizar los símbolos

La derogación de la Ley 2004 ni impone ni elimina, sino que retoma la situación legal anterior cuando los ayuntamientos navarros, incluidos también de UPN y más aún del PSN, podían colocar la ikurriña junto al resto de banderas oficiales

Martes, 28 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:05h

el enésimo debate sobre la Ley de Símbolos volvió a poner de manifiesto cómo la prioridad de los discursos políticos de UPN, PSN y PP contra el Gobierno de cambio político y social de Navarra se centra en cuestiones de índole identitaria o memoria histórica y en sus viejos esquemas ideológicos del siglo pasado antes que en la realidad de las demandas y necesidades de la sociedad navarra actual. En realidad, se trata de dar vueltas a los mismos asuntos para ocultar la ineficacia de su discurso de oposición, devaluar los logros y avances del Gobierno de Barkos y, sobre todo, alimentar el máximo ruido posible para intentar ocultar las consecuencias de su pésima gestión política y presupuestaria de Navarra durante las más de dos décadas en la que gestionaron prácticamente todas las cotas de poder. Es evidente que la derogación de la Ley de Símbolos de 2004 no impone la colocación de la ikurriña en los ayuntamientos navarros, ni supone obligación alguna en ese sentido. Al contrario, la derogación de esa normativa punitiva y coercitiva sólo retoma la situación legal anterior que permite, desde la voluntad política mayoritaria de cada corporación local, que ondee la ikurriña junto al resto de banderas oficiales de Navarra, como ocurrió con absoluta normalidad durante años en muchos ayuntamientos navarros. De hecho, como demuestra la hemeroteca y publicó ayer lunes DIARIO DE NOTICIAS, el propio Javier Esparza mantuvo la ikurriña en el Ayuntamiento de Aoiz en los tiempos en que fue alcalde de la localidad, y como Esparza otros alcaldes de UPN, y más aún del PSN, en otras localidades. Una normalidad en la convivencia de los símbolos que se rompió con la aprobación de una Ley que se diseñó con el absurdo afán inquisidor de las derechas navarras de perseguir judicialmente la exhibición de la ikurriña en los ayuntamientos navarros, un símbolo legal, constitucional y de larga trayectoria democrática, sentido como propio por miles de navarros y navarras. Facilitar la connivencia de los símbolos y de los navarros y navarras sin exclusiones y sin imposiciones es otro de los compromisos políticos del cambio político en Navarra. Las interpretaciones exaltadas, falsas, irreales y torticeras de ese paso tan democrático como necesario en este siglo XXI sólo retratan a quienes las protagonizan, la baja calidad de sus convicciones democráticas tras la derrota electoral de 2015 y una creciente deriva hacia un discurso derechista y extremista cada vez más alejado de los problemas de la sociedad navarra.

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