Danza

La fuerza de la simetría

Por Teobaldos - Miércoles, 1 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

ballet nacional de españa

Intérpretes: Ballet Nacional de España. Dirección: Antonio Najarro. Programa: Farruca, coreografía Juan Quintero;música, popular;Viva Navarra, Victoria Eugenia/Larregla;Ritmos, Alberto Lorca/José Nieto;Suite Sevillana, Antonio Najarro/R. Riqueni, M. Rivera, D. Losada. Programación: Fundación Baluarte. Lugar: sala principal. Fecha: 26 de febrero de 2017. Público: lleno (36, 28, 18 euros, con rebajas a menores de 30 años).

Lo que uno más admira del Ballet Nacional de España es, sin duda, la extraordinaria disciplina de grupo, su movimiento en simetría tanto en tríos, cuartetos, etc, como en el completo de la compañía. Hay solos y pasos a dos bien realizados, pero es la poderosa visión del grupo compacto, embridando lo más o menos flamenco, para transmitirlo en multitud, cerrando un cartabón perfecto que se agrupa y descompone con una matemática elegante, que no ahoga la desenvoltura, lo que más admira al público que aplaude, con ganas, lo rotundos plantes finales de cada sección.

Las coreografías presentadas ofrecen alguna ligera innovación en pasos que se arriman al neoclásico, con algún salto heterodoxo bien traído, pero el fuerte coreográfico sigue estando en el taconeo, los giros, la figura estilizada por brazos y pies muy activos, con su punto de mirada chulesca, y las narraciones de estampas taurinas o eventos tradicionales, como la Semana Santa andaluza, por ejemplo. Todo el espectáculo está muy bien iluminado, con discretas proyecciones oportunas que no estorban el primer plano de los bailarines;y preciosamente vestido, con colorista variedad, siempre en la gama flamenca, donde la bata de cola adquiere más ligereza, y las telas, en general, ayudan y hermosean aun más el movimiento. En la parte negativa, a mi juicio, la música de la segunda parte -a excepción de la saeta- se me queda muy corta, excesivamente simplona, sin personalidad, como un continuo machaqueo que no está a la altura del bellísimo y frondoso cuerpo de baile. Se pueden meter nuevas composiciones que sustituyan a los diversos palos del flamenco, pero si seguimos con ese fondo aflamencado en la estructura dancística, no hay que perder los diversos y bien marcados ritmos de siempre, aunque sean estilizados u orquestados. Esto no quita mérito a los intérpretes;siempre se agradece la música en directo.

Comienza la velada con una potente Farruca elevada al cubo por tres bailarines que sacan chispas al suelo con su taconeo.

Extraordinaria compenetración. Y canónica ejecución por individualidades. En el otro extremo, con pies escrupulosamente silenciosos, Miriam Mendoza se marca una jota navarra -música de Larregla- entreverada de aragonesa, con castañuelas boleras, muy adornada en los pies -hasta casi insinuar puntas clásicas-, llena de luminosidad, gracia, buen gusto y de perfecta ejecución. Ya sabemos que aquí la jota se baila sin castañuelas, pero esta fusión de jotas que hace la coreógrafa Victoria Eugenia, me pareció espléndida. Se cierra la primera parte con un muy fluido cuadro de ritmos, donde la música de José Nieto -al fondo Turina y Falla- da empaque al virtuosismo de castañuelas, taconeo y fuerza.

En la Suite Sevillana -quizás un poco larga-, hay de todo. Me quedo con lo más festivo, con los giros -algunos dobles o más- de bailarines, con la bien movida bata de cola de las bailarinas -donde la distancia te la juega-, con el semblante altivo y brillante que siempre desprende el cuerpo de baile. El paso a dos del torero y del toro -por corrección política, no se mata a la toro-;o el cuadro de la Semana Santa están bien, pero su plástica tan evidente, y, por supuesto, muy bien realizada, no aportan gran novedad;a excepción de unos pasos de elevaciones de las bailarinas que se abalanzan sobre sus respectivos partenaires. También la bailarina de blanco -procesionada- mantiene una figura impactante.

Otro gran éxito de la compañía, con el público en pie, y con Najarro, su titular, vitoreado.