A LA CONTRA

Hartura

POR JORGE NAGORE - Miércoles, 1 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 08:49h

El portavoz de Geroa Bai en el Parlamento, Koldo Martínez, y su partido vuelven a incurrir un año más en el error y afrenta de permitir que un fetiche privado, una superstición privada, una creencia personal, instaurada por un carlista nada menos que en plena dictadura de Primo de Rivera, siga teniendo su espacio en una institución pública, de todos, el Parlamento de Navarra, que, al igual que la totalidad del país y de los edificios públicos existentes, es aconfesional, que "ni se adhiere ni reconoce como oficial ninguna religión". Que Martínez diga que la visita del Ángel de Aralar o del fémur de Viriato o de las legañas de Buda forman parte de un sentimiento y que "no se entiende por qué vamos a negar la entrada a ese sentimiento y además el sentimiento religioso católico forma parte de la riqueza y diversidad navarra" directamente no respeta la separación Estado-iglesia ni respeta a todos aquellos ciudadanos miles y miles y miles que profesan otras religiones o son agnósticos o ateos, en la medida en la que un lugar público dedicado a legislar no es lugar para recibir a ninguna creencia religiosa sobre el resto de creencias o de no creencias. Sencillamente, no es lugar para eso, no es lugar ni para rezos, ni imágenes, ni supersticiones, ni pleitesías. No se trata de que se niegue la visita a miembros de la Iglesia católica que van a tratar algún tema concreto. Se trata de que la figura de un ángel no tiene por qué bendecir un lugar público o pasearse por ahí como se suelen pasear los ángeles, a su bola y con honores. Eso está muy bien en las respetables mentes de quienes creen en eso y en las películas de Tim Burton, pero en una institución pública, no, al punto que no debería alterar ni un solo segundo de la programación anual de la casa que pagamos todos ni tampoco de los parlamentarios que se deben a todos nosotros. Cumplan la ley.