vecinos

Antonio Echeverría, la casa abierta de la Abadía

Antonio Echeverría habita su casa en Lumbier y muestra su entrada repleta de recuerdos de viejos oficios y tradiciones

M. Zozaya Elduayen - Miércoles, 1 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Antonio Echeverría, ataviado con capa salacenca en la puerta de su casa de Lumbier, abierta para ver su particular museo etnográfico.

Antonio Echeverría, ataviado con capa salacenca en la puerta de su casa de Lumbier, abierta para ver su particular museo etnográfico.

Galería Noticia

Antonio Echeverría, ataviado con capa salacenca en la puerta de su casa de Lumbier, abierta para ver su particular museo etnográfico.

“Hay que estar activos dentro de lo que se puede y participar en el pueblo que, si no, se muere”

lumbier- Antonio Echeverría Echeverría, vecino de la calle Abadía de Lumbier, es un ejemplo de esas personas que habitan los pueblos y forman parte de su vida, de la cotidiana y de la señalada en el calendario local, unas veces de manera dirigida y otras por iniciativa propia.

Actualmente en el paro, con 64 años e importantes achaques, forma parte, sin embargo, de varios colectivos y no hay estación del año en la que no participe en esas pequeñas y a la vez grandes actividades populares: Día de la Tostada en primavera, organizador de la fiesta de su calle en verano, y en otoño e invierno empleándose a fondo en su belén “abierto a todo el mundo” durante dos largos meses. Forma parte además, del grupo local de teatro Tarambana y de la cofradía del Cristo. En la iglesia siempre está dispuesto a echar una mano en lo que haga falta: montar y desmontar el belén, arreglar cualquier farol o pieza del templo que lo requiera.

“Estar activo, ayudar en todo lo que se pueda y participar en lo que se hace en el pueblo a mí me da vida y da vida al pueblo. Hay que hacer cosas para que no se muera”, expresa firmemente convencido.

Antonio hace esta reflexión en voz alta mientras se asoma a la puerta de su casa, en el número 28 de la Abadía, una de las principales vías del casco urbano de la villa, y gira su cabeza de derecha a izquierda: “Mira, cada vez somos menos. Hay días en los que sólo veo a mi vecino Miguel, el mielero”, lamenta. Como tantas otras calles de muchos pueblos, la suya se va quedando vacía y una puerta sí, otra también, están cerradas.

Llegó a Lumbier “el día de Candelera” de hace 34 años, procedente de Peralta, en donde se instaló tras partir de su Ochagavía natal. Antes vivió unos años en Pamplona y trabajó en la construcción. Desde la Ribera comenzó la que ha sido su profesión durante 35 años: la venta ambulante de frutas y verduras por el Valle de Salazar, Almiradío de Navascués y Urraúl Alto, con lo que se ha dado a conocer en los pueblos. “La vida ha cambiado mucho desde que yo llegué aquí, con mi mujer y mis cuatro hijos. Pude comprar esta casa gracias a la mediación de Félix Labairu, vecino con el que me llevaba muy bien. Gracias a él pude hacerme un sitio aquí y pronto nos integramos en el pueblo. Primero fue la escolarización de los hijos: los mayores en el colegio público y la pequeña, Lorea, en la ikastola. Su mujer, María Ángeles Benito, participó en las dos apymas.

Desde el primer año, montó su belén de más de 1.200 piezas. Cada primer domingo de noviembre comienza el montaje . “Siempre el primer domingo de Adviento. Lo abro al público por San Francisco Javier y hasta febrero mi casa está abierta a todo el mundo”, explica. En el belén de Antonio todo cabe;es un canto a los viejos oficios y tradiciones del mundo rural. Oficios, alguno, que él mismo practicó, como el de esquilador. “Yo me agarraba a todo, a la temporada de la patata en Erremendía y a esquilar. Con el dinero del esquileo pude sacarme el carnet de conducir, y gracias a ello, dedicarme a la venta ambulante”, recuerda.

UN MUSEO “En Ochagavía todo el mundo ponía el belén en la entrada, y yo me decía desde pequeño que algún día montaría uno de aquellos”, señala. En él rinde su particular homenaje a tradiciones como el Misterio de Reyes de Sangüesa, el descenso de las almadías, la cañada salacenca, los danzantes de Ochagavía, las carboneras, el zanpanzar, el panal de miel de su vecino o la alfarería de Lumbier .

Su entrada es un pequeño museo etnográfico con multitud de herramientas de aquellas labores de cestería y más de mil piezas de la alfarería local, de las que 52 están catalogadas en la obra del historiador Fernando Hualde. Todo lo pone a disposición del grupo de Etnografía. Es otra forma de colaborar.

El calendario avanza hacia las actividades de primavera y el Día de la Tostada se acerca. Será pregonero y organizador. “Lo hacemos con mucho entusiasmo;es un día muy bueno, y cada vez más concurrido”, asegura.

Antonio se encuentra también inmerso en los ensayos teatrales del grupo Tarambana, del que forma parte desde que dejó la venta: “Ensayamos un día a la semana durante cuatro meses, y a mí me aporta mucha riqueza. Tener esto en Lumbier me parece muy grande”. Con el verano, llegará la fiesta de su calle, que también prepara: “Hay que hacer cosas, que si no esto está muy triste. Además, si te paras, te apagas”.

Más sobre Sangüesa / Pirineos

ir a Sangüesa / Pirineos »