‘El último canto del Basajaun’ aúna danza, música, proyecciones y teatro

Ana Oliveira Lizarribar Patxi Cascante - Jueves, 2 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Los bailarines, ataviados como elementos naturales, en uno de los momentos del espectáculo.

Los bailarines, ataviados como elementos naturales, en uno de los momentos del espectáculo.

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Los bailarines, ataviados como elementos naturales, en uno de los momentos del espectáculo.

pamplona- Hasta ahora, la Agrupación Coral de Cámara de Pamplona (ACCP) no había afrontado un reto de estas características. Las que tiene Basajaunaren azken kantua/El último canto de Basajaun, un ballet contemporáneo que aúna danza, música, videoproyecciones y teatro en un relato acerca de la enorme distancia que los seres humanos han marcado con la naturaleza. El estreno tendrá lugar mañana, a las 20.00 horas, en el Teatro Gayarre, donde también podrá verse el sábado a la misma hora.

Con dirección musical de David Gálvez, responsable artístico de la ACCP, y dirección artística y coreográfica de Cristina Fernández Pintado, este montaje se articula en torno a dos piezas musicales, la pequeña cantata Falun (En la aldea), de Béla Bártok, y la gran cantata Basajaunaren azken kantua, de Koldo Pastor Arriazu. Con esta última, un encargo de la Coral al compositor, empezó todo. “Cuando Koldo vino en 2013 con esta composición le dije que era complicada y que había que hacerla con coreografía y con más elementos”, explica Gálvez, que no pudo comenzar la preproducción del espectáculo hasta 2015. Entonces, ya tenía claro que debía ser una propuesta “muy coral”, en el que el baile y la música instrumental y vocal son fundamentales, pero también la iluminación, las proyecciones y, por supuesto, el poema de Patziku Perurena que inspiró al compositor navarro.

patziku perurenaEl origen de la cantata “es mi petición a Patziku Perurena de un poema que ha acabado siendo el elemento inspirador de todo lo que ha venido después”, comenta Pastor, que espera que el escritor de Leitza, “que no es muy amigo de actos sociales”, se anime “a venir al estreno”. Y Gálvez aclara que esta no es una pieza acerca de la mitología vasca ni sobre Basajaun en sí mismo. “No teníamos claro qué personaje ofrecer y al final apostamos por una creación nuestra que trasciende a la piel y a la carne”, agrega Gálvez, que destaca que, aunque cuenta con dos músicas distintas, el montaje es un todo que narra una historia: Ança va a sufrir un rito de sangre. Vive en una aldea rodeada por un gran bosque. Una burbuja dentro de otra que impone una forma de conducta, de ética y de moral en medio de un vasto universo. Y decide huir. Huye al bosque cuando el mundo se aflige frente al espejo roto. Huye cuando el espanto se marcha nutrido de noche. Sopla el viento del sur y abre los senderos de la incertidumbre: la quietud es su deseo. El bosque, el Basajaun canta, le cuenta, la acuna, la besa... En la distancia, entre las blancas piedras, se extingue el fuego y el mundo, de nuevo frente al espejo roto, se muestra complacido, pues solo en las sombras abisales de la noche oscura, renacerá el miedo.

En la primera parte, En la aldea, suena Falun,de Bartók, y actúan los bailarines y las voces femeninas de la Coral de Cámara de Pamplona, que, situadas sobre el escenario, también bailan. En la segunda, los bailarines representan distintos elementos del bosque liderados por Basajaun, interpretado por el actor vitoriano Fernando Albizu, “encantado y un poco acojonado” con este papel y con el trabajo desarrollado a las órdenes de Cristina Fernández. También en este fragmento participan las voces de la ACCP y su grupo especializado Nova Lux Ensemble, “aunque aún estamos decidiendo qué lugar ocuparán”, reconoce Gálvez.

impregnados de bosque El director de la Coral destaca el trabajo que se ha realizado con los bailarines en espacios naturales de los valles de Arce, Esteribar, Ultzama y Roncal, y Cristina Fernández añade que esto, junto con el poema, “que inspira cada elemento”, ha sido fundamental para empaparse de la esencia de esta propuesta que, en el fondo, habla de la redención de la humanidad a través de la naturaleza. “Hemos ido a los bosques, nos hemos revolcado por el suelo, y nos hemos impregnado de ese aspecto onírico”, apunta la bailarina Isabel Abril. “El proceso de trabajo ha sido intenso y muy enriquecedor”, añade.

Tanto ella como sus compañeros del cuerpo de baile, los coralistas, los solistas y los instrumentistas han ido creando sus respectivas partes por separado y estos días trabajan para unir y ajustar las piezas de este puzzle que se presentará completo mañana por primera vez en el Gayarre y después pretende alzar el vuelo para llegar a otros escenarios. “Si no lo programan en el Principal de Vitoria, lo quemo”, bromea Albizu. Ojo, que es Basajaun.