Mesa de Redacción

Mucho más que el Ángel de Aralar

Por Joseba Santamaria - Jueves, 2 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

yo también creo que la visita protocolaria de la imagen del Ángel de Aralar al Parlamento de Navarra o al Gobierno o a los ayuntamientos navarros está fuera de tiempo y fuera de lugar. Como me parece aún más surrealista que unos partidos políticos intenten obligar a otros a participar en las procesiones religiosas de los programas de fiestas. Soy miembro de la Cofradía de San Miguel de Excelsis, cuyo origen se remonta al siglo XI, desde hace décadas, pero eso sólo es una actividad privada y particular que reúne a personas vinculadas por una razón u otra al Santuario que culmina la cima de Aralar. En mi caso, por cercanía y amistad con quien fuera su capellán, Inocencio Ayerbe Irañeta, y a quien lleva años dedicado a la recuperación y actividad de esta Cofradía, José Mari Ustárroz. Estas visitas institucionales, impulsadas en un contexto que buscaba sacar provecho político a la fe religiosa de los ciudadanos, son los restos de un régimen político-religioso que es incompatible con el carácter aconfesional y laico que debe primar en las instituciones públicas democráticas. Pero más allá del debate sobre este asunto, al parecer ahora de tanta relevancia política e importancia social, la realidad señala que el Ángel de Aralar es una anécdota más entre los muchos ejemplos que en Navarra -y en la mayor parte del mundo, desde Noruega a EEUU, Burkina Faso o Australia- siguen vinculando prácticamente todos los actos civiles, incluso políticos, con celebraciones y presencias religiosas. Y esa realidad, como por ejemplo que la celebración del Día de Navarra coincida de forma consciente y obligatoria con la festividad religiosa del jesuita navarro Francisco Javier elevado a los altares del santoral católico, parece que aún será duradera en el tiempo. No hay más que repasar a quién -un supuesto santo o santa- está dedicado el día grande de las fiestas de cada localidad.