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Osasuna solo siembra desconsuelo

goleada en el sadar | el villarreal se lleva una cómoda victoria ante un equipo rojillo que continúa con su caída libre hacia la segunda división

Javier Saldise - Patxi Cascante/Mikel Saiz - Jueves, 2 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Oier reclama ante el empujón de un defensa del Villarreal.VER GALERÍA

Oier reclama ante el empujón de un defensa del Villarreal. (P. Cascante)

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pamplona- Osasuna lleva camino de completar una temporada disparatada si no hay quien ponga remedio inmediato y urgente. No se ve enfermero o cirujano preparado y próximo para atacar la situación terminal que demuestra el equipo cuando quedan todavía muchos partidos por delante, demasiados encuentros por dirimir. En colapso, con señales de vida a ratos, esta situación se está llevando por delante también el decoro como club, como institución. Caricaturizado por los acontecimientos y por los rivales -la distancia futbolística con el resto de los equipos de la Liga parece que aumenta peligrosamente-, la incapacidad de reacción de Osasuna no tiene un calificativo sencillo, como tampoco un análisis en una sola dirección.

El equipo de Vasiljevic, el máximo responsable junto la junta directiva de lo que se viene cociendo esta temporada, protagonizó un partido que se ha visto varias veces esta temporada. Clamorosos fallos defensivos, debilidad mental pavorosa, instantes de reconciliación con el partido y voluminoso recado de goles por la calidad del contrincante, todo esto le ocurrió ayer a Osasuna ante una afición que le sigue sin ver ganar en su estadio -y el calendario de Liga ya está en marzo- y con la que se juega con su paciencia, con su capacidad de aguante en esta campaña de descomposición, de pérdida del respeto por parte de los adversarios, de dolor futbolístico inmenso en el último escalón de la clasificación, alrededor de donde comienzan a revolotear todos los récords negativos que se quiera. Sembrar solo desconsuelo no es lo mejor para un club.

Osasuna fue goleado en El Sadar -estadio temido antes, solo un recuerdo ahora- por un Villarreal a años luz de los rojillos. El conjunto castellonense estuvo a punto de darse un festín y solo llegó a temer unos minutos por el resultado, cuando Roberto Torres aproximó la diferencia a un gol. Fue un tramo de cierta emoción, en el que Sergio León notó que a cada acometida en el área rival le hacían penalti, Oriol Riera estuvo a punto de firmar el empate con un cabezazo y se respiraba algún soplo de reacción. El aparente atasco lo solventó Santos Borré, que echó un par de carreras con los zagueros de Osasuna y firmó dos goles de los que duelen, hieren y matan. Así es Osasuna, un equipo sin un solo argumento defensivo convincente, con problemas en todas las líneas, sin capacidad para competir, anímicamente derrumbado.

Que anda Vasiljevic despistado, buscando sin hallazgo, lo viene demostrando todavía más en estas últimas jornadas, en las que la acumulación de partidos en pocos días proponía, quizás, altura en las decisiones. El entrenador sobrevenido ha agitado a su plantilla, ha colado muchas oportunidades en su repertorio de alineaciones y ha generado un brusco desconcierto con tanta probatura. Con seis novedades respecto al último once se presentó el equipo para que todo siguiera igual.

Osasuna sigue sin solucionar cuestiones básicas para la supervivencia, también del día a día en un campeonato regular. Y ayer fue la demostración de que la sangría en defensa se va a llevar por delante a este equipo, que lo deja anémico a cada encuentro. Le bastó un minuto al Villarreal para hacer saltar el cerrojo, en una jugada en la que se combinó la velocidad de Bakambu, para aprovecharse de los metros de ventaja de una defensa adelantada, con la fortuna en la resolución de la acción. Ni suerte tiene Osasuna ya que Roberto Soriano marcó después de que la pelota pasara por debajo del cuerpo de Sirigu y que el túnel le llegara pese a la oposición de algunos defensas.

Fulminado en el primer minuto, Osasuna apretó, pero el que jugó fue el Villarreal, que marcó su segundo gol en un penalti infantil cometido tras un rondo en las proximidades del área. Tocó y maduró la acción el Villarreal hasta que encontró el carril por donde colarse en la zona de peligro y en donde la desajustada defensa rojilla solo se puede defender a zarpazos. El tanto de penalti de Soldado, que marcó a la segunda tras repetirse el lanzamiento que había repelido Sirigu, liquidó el partido que, sin el picante del juego, se estiró por el lado de las protestas al árbitro.

El Villarreal le dio vida a Osasuna tras no marcar en el carrusel de ocasiones del segundo tiempo y más aún cuando los rojillos se acercaron de penalti -los rojillos reclamaron tres más-. También se merecían los rojillos llevarse algún premio en un mal partido -el de ayer fue horrendo-, pero los buenos equipos no se andan con remilgos y saben tirar del arsenal cuando llegan los apuros. Sosteniéndose con problemas a cada carrera de Bakambu, la zaga rojilla saltó por los aires ante los esprints de Santos Borré que marcó dos goles a la carrera. Otro día de defunción en El Sadar.