El despotismo de la pos-verdad

Cristina Castro - Viernes, 3 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Hace no muchos días atrás, Donald Trump ponía, como ejemplo negativo de la ayuda a los refugiados, unos supuestos hechos acontecidos en Suecia. Más tarde rectificó diciendo que se había equivocado.

Este es el reflejo perfecto de la nueva sociedad, una sociedad basada en la política post-factual y las mentiras, mentiras de las cuales ya no puede escapar ni el presidente de los Estados Unidos de América.

Sin embargo, el problema no reside únicamente en la poca veracidad de los discursos políticos o de los medios de comunicación. El uso de la pos-verdad ha transformado la democracia, como si el despotismo ilustrado del siglo XVIII se hubiese teletransportado al presente transformándose en forma de despotismo democrático.

Una forma corrupta de democracia en la cual el candidato se gana al pueblo mediante mentiras, para convertirse en un presidente que una vez al mando será imparable, y dejando sus promesas electorales para la próxima campaña, gobernará, tal y como lo hicieron los monarcas absolutistas del pasado, a plena voluntad, sin escuchar a medios de comunicación ni consejeros.

Todo para el pueblo, pero sin mexicanos.