Isla Busura

Iturri

Por Maite Esparza - Viernes, 3 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Lo que palpita entre los vecinos ante el debate adoquín-loseta. Los humores que destilan los plenos municipales y los mensajes dibujados en los posos del café que sorben los concejales. Las historias que ensarta con su anzuelo la pescatera del mercado y las derramadas al oído en la barra de un bar que no cierra. Todo esto alimenta al columnista local. Los hay agudos, traductores, analistas, poetas, y luego estabas tú, José Antonio. Hoy me he acordado de ti. No es octubre, como cuando nos llamaron a tres amigas que nos habíamos ido hasta India para escuchar que ya no volveríamos a tomarnos la siguiente caña contigo ni ver cómo se te desajustaban un poco más aquellas horribles gafas cuadradas. Tampoco es martes, como cuando nos reuníamos en aquellas cenas que habrían sido confabulaciones si los judeomasones fueran hedonistas y divertidos. Cenas de periodistas curtidos, resabidos y a días resabiados, en las que se nos admitía a aprendices de plumilla mientras El Gran Cocinero nos recordaba cada semana que por salud mental, la suya, deberíamos ir reduciendo el porcentaje de tiempo dedicado a destripar periódicos hasta un soportable 20%. No lo consiguió. En la puñetera vida. Porque no hay ni habrá oficio más egocéntrico y más cansino que el nuestro. Tampoco es una noche de chupito de Ballantine’s en barra de pub inglés, de neuronas esponjosas para empaparlo todo. Tu pulso de la calle, la política, la persona y el personaje. La radiografía precisa y tierna de aciertos y errores. Sólo es hoy, un viernes bendito por lo que cierra y por lo que avanza. Un viernes en el que podrías estar balanceándote de esa manera tuya por tu Pamplona de escritos y sueños. Que estés bien, José Antonio.

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