Tras 45 años en el Museo Universidad de Navarra

El libro de los ‘Reencuentros’

45 AÑOS DESPUÉS, EL | Museo Universidad de Navarra dedica a los Encuentros del 72 una completa publicación. Se presentó ayer, en una mañana de reencuentros, relatos y vivencias que siguen arrojando luz sobre un evento único e irrepetible.

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Oskar Montero - Sábado, 4 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

De i a d, en primer término, José Luis Alexanco, Luis de Pablo y Xabier Morrás, junto al ‘Espectador de espectadores’ del Equipo Crónica, una figura mítica de los Encuentros de Pamplona;tras ellos, Rafael Llano (i) y Eduardo Momeñe, ayer en la Sala Palaz

De i a d, en primer término, José Luis Alexanco, Luis de Pablo y Xabier Morrás, junto al ‘Espectador de espectadores’ del Equipo Crónica, una figura mítica de los Encuentros de Pamplona;tras ellos, Rafael Llano (i) y Eduardo Momeñe, ayer en la Sala Palazuelo del Museo Universidad de Navarra, minuto antes de la presentación del libro. (OSKAR MONTERO)

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De i a d, en primer término, José Luis Alexanco, Luis de Pablo y Xabier Morrás, junto al ‘Espectador de espectadores’ del Equipo Crónica, una figura mítica de los Encuentros de Pamplona;tras ellos, Rafael Llano (i) y Eduardo Momeñe, ayer en la Sala Palaz

Cuando Jesús Huarte compartió con Luis de Pablo en 1971 su idea de “hacer un regalo muy grande” a su ciudad, Pamplona, el compositor no dudó en hacerle una proposición: “Pues Alea, pero a lo gordo. Y si Alexanco quisiera meterse conmigo en semejante berenjenal, sería ideal. Y se metió. Y lo fue”. Así recordaba ayer en Pamplona el propio Luis de Pablo el germen de los Encuentros de 1972. Un evento único e irrepetible que cambió radicalmente por unos días la capital navarra -y cambió del todo la vida de algunos de sus participantes- y del que se cumplen 45 años.

En esta fecha, el Museo Universidad de Navarra (MUN) ha querido dedicar una completa publicación a aquel acontecimiento. Bajo el título Los Encuentros de Pamplona en el Museo Universidad de Navarra, el libro, que se presentó ayer en la Sala Palazuelo del MUN en un acto al que siguió una conferencia de José Luis Alexanco y un concierto dedicado a obras de Luis de Pablo, sigue arrojando luz sobre aquella manifestación artística pionera, que si se celebrase hoy mismo seguiría siendo de vanguardia, cien por cien contemporánea. Una cita cuyo recuerdo da pie a relatos, vivencias, matices y emociones muy diversas. Como las que convergieron en Pamplona aquella semana previa a los Sanfermines del 72. De hecho, tal y como recordaba ayer el pintor y organizador junto a Luis de Pablo de los Encuentros, José Luis Alexanco, “la elección de la fecha de su celebración fue premeditada”. Había que aprovechar ese ambiente prefestivo que cada año cambia el estado de ánimo y el tono de la ciudad de Pamplona. Para Alexanco, los Encuentros fueron “por un lado una pesadilla -dijo refiriéndose a lo complicado de su organización-;y por otro, aprendí cosas, evidentemente”. “Y sé que a algunos les cambió la vida, como a la compositora Teresa Catalán. Esa es la parte que me interesa”, comentó el pintor sobre aquel evento cuyos detalles, huellas y repercusión se recogen en el libro que publica ahora el MUN, fruto de dos años de trabajo de investigación en los que se han realizado entrevistas a sus protagonistas principales, encargado ensayos y explorado nuevos archivos de datos y fotografías, obteniendo avances en el conocimiento de este evento artístico, tal y como destacó ayer el coordinador de esta publicación, Rafael Llano. “Al hacer las entrevistas no he encontrado dos relatos iguales, y ningún relato sobra;por lo que el diálogo continúa abierto”, comentó, resaltando que el libro aporta informaciones hasta ahora desconocidas. Llano define el libro como “una memoria de Pamplona, de un acontecimiento de la ciudad que tiene mucho más contenido que la anécdota: por ejemplo, hay una celebración de la cultura en libertad que fue absolutamente profética, que se anticipó a los tiempos, porque en el 72 nadie tenía la libertad para salir a la calle y celebrar y manifestarse, y en Pamplona se hizo. También Pamplona se abrió al arte internacional de una manera que no ocurría en España en 40 años de dictadura;de repente en cinco días hubo un ambiente de arte internacional que puso en dimensión las propias escalas que uno tenía aquí. Y una cosa sorprendente y que está en el libro es que en el año 72 se dieron cita todas las disciplinas artísticas modernas que lo siguen siendo hoy;es la primera vez que hay videoarte, performances, poesías públicas..., todas estas manifestaciones se vieron por primera vez juntas en España”, recalcó el coordinador de la publicación, que, dijo, espera que sirva “para recoger el testigo”. “Me atrevo a decirlo. Hay muchas lecciones que aprender de los Encuentros. Algo muy alentador es que partió de gente libre, gente que hizo lo que pensaba que tenía que hacer y se puso el mundo por montera y lo hizo, y pasan 40 años y lo dices: qué gente más valiente”. ¿Pero por qué no volvieron a celebrarse? ¿Por qué no tuvieron continuidad los Encuentros de Pamplona? Rafael Llano cree que un motivo claro fue “el secuestro de uno de los Huarte, que fue un varapalo a la familia e hizo que ellos dieran, lógicamente, un paso atrás en la vida pública. Y al margen de esa circunstancia, yo creo que fueron tan excepcionales que tendrían que haber pasado unos años... Los siguientes Encuentros se podrían haber hecho en el 76 o en el 78, pero en el 74... Los organizadores tuvieron que luchar tanto contra tantos elementos, del gobernador civil, de ideologías radicales que no estaban de acuerdo con una celebración libre de las artes... Las circunstancias permitieron que pasara una vez pero no permitieron que pasaran dos”. Respecto a la posibilidad de una celebración futura de un evento similar en Pamplona, Llano cree que “aunque sería absurdo pretender repetirlo de la misma manera, se podría hacer algo similar. Pamplona tiene el ADN de la fiesta en la calle, los Encuentros son una fiesta del arte en la calle, y ahí hay una línea que hay que seguir explotando, porque une dos cosas muy propias de aquí. Y creo que eso se puede hacer;no sé cómo, no sé si es responsabilidad de las administaciones públicas, de este museo, del otro, de todo el mundo... Pero ojalá pudiéramos aprovechar las lecciones de los Encuentros y ser capaces de generar un programa de celebración del arte en la calle”, deseó el director artístico del MUN.

luces y sombras

La improvisación aportó frescura y errores

“¿Que qué haría de diferente si me encargaran hoy la organización de los Encuentros? -respondía ayer a la pregunta Luis de Pablo-. Cogería el primer tren y saldría corriendo. No lo volvería a hacer en mi vida”, comentaba entre risas pero a la vez contundente el compositor y organizador de los Encuentros de Pamplona. Ayer quedó claro que lo que más le marcó de aquel evento fue “lo difícil que fue, los problemas que tuvimos” para organizarlo, pero también “la satisfacción eventual” que le aportó. “¿Qué les puedo decir de los Encuentros que no sepan? Se han dicho tantas cosas... algunas falsas, Muchas. Y no todo lo que recuerdo sobre los Encuentros es bueno”, reconocía Luis de Pablo sobre aquel acontecimiento al que él llegó con el apoyo del grupo Alea de Madrid -laboratorio para la experimentación y composición musical-. “Alea, que nació de otra protección de los Huarte, sobre todo de Juan Huarte, fue de alguna manera la madre de los Encuentros de Pamplona”, resaltó el compositor.

Por su parte, el fotógrafo Eduardo Momeñe, cuyas imágenes ilustran junto a las de Pío Guerendiáin el libro presentado ayer, relataba cómo llegó a Pamplona “en coche con Guillermo de Osma y otros tres”, con su cámara, “como espectador-fotógrafo”, y cómo llegaron “a un piso que no sabíamos ni de quién era y donde dormíamos todos en el suelo” para asistir “con muchas ganas a un evento absolutamente imprevisto e insospechado”. “Fue un viaje a otro planeta, a otra galaxia. Algo absolutamente chocante, distinto, nuevo, y tremendamente moderno. Hoy seguiría siendo de vanguardia”, recalcó Momeñe, quien tiene grabado en su mente el encuentro casual que tuvo con John Cage en esos días en que Pamplona fue el centro de la vanguardia artística y experimental. “Este libro es importantísimo, por el tono cercano que dan las cosas vistas y vividas en directo”, añadió.

El pintor y participante en la Muestra de Arte Vasco Actual de los Encuentros del 72 Xabier Morrás reconoció haber encontrado en la publicación editada por el MUN “muchos entresijos que desconocía”. “El libro arroja luz sobre muchos episodios de los Encuentros”, destacó, señalando la “complejidad” del evento, algo que lo hace casi “inabarcable”. “Lo que sí creo que fue un fallo importante -apunta- es el tema del arte vasco. Es decir, aunque estaban Tomás Luis de Victoria, la txalaparta, el partido de pelota que fue fantástico, al arte vasco en general, y en concreto a los artistas plásticos, no se les dio la misma oportunidad que a gente de otros países. Si los organizadores hubieran venido aquí con tres meses de tiempo, para hablar con la gente y ver qué se podía hacer... Porque yo me enteré con un mes de antelación... Con más tiempo habría sido totalmente diferente. Y sin embargo, en toda la historiografía en torno a los Encuentros, colea que el País Vasco y el arte vasco no estaban a la altura. Cuidado, no estaban a la altura porque creo que no se les dio una oportunidad. Leyendo el libro, se ve que todo fue consecuencia de la improvisación. Se preparó con muy poco tiempo. Debía haberse preparado con más calma, porque aquí había un potencial creativo y podría haber sido algo muy importante para la propia historia del arte vasco. A lo mejor habríamos tenido Encuentros cada dos años. Pero fue una oportunidad perdida”, lamenta Morrás.

inmortalizando un evento único.De arriba abajo, fotografías extraídas del libro publicado por el MUN que muestran a los corredores de Llimós en el exerior de la Ciudadela;la instalación Estructuras tubularesde Valcárcel Medina que se vio en el paseo Sarasate, con un grafiti de rechazo a los Encuentros en primer plano;y cola de entrada a las cúpulas neumáticas que diseñó para el evento José Miguel de Prada Poole. Fotos: Eduardo Momeñe/Pío Guerendiáin

el libro

Título. Los Encuentros de Pamplona en el Museo Universidad de Navarra.

Edición. Museo Universidad de Navarra.

Coordinación. Rafael Llano, director artístico del MUN y responsable del área de Programas Públicos.

Colaboraciones. El libro cuenta con colaboraciones de Jesús Huarte, Luis de Pablo, José Luis Alexanco, José Miguel de Prada Poole, Eduardo Polonio, Isidoro Valcárcel Medina, José Antonio Sistiaga, Xabier Morrás, Pío Guerendiáin, Teresa Catalán, Guillermo de Osma, Emilio Pi, Eduardo Momeñe y Javier Balda.

Fotografías. Pío Guerendiáin y Eduardo Momeñe.

Páginas. 439 páginas.

Precio. El libro está a la venta en librerías al precio de 45 euros, y en el MUN (tienda y web) se puede comprar con el 20% de descuento.