La Plaza enseña sus tripas

La Meca presenta las visitas al coso taurino, proyecto ideado por Fernando Redón que abrirá sus puertas oficialmente a finales de abril e incluye museo, audiovisuales o bichos inanimados

Un reportaje de Mikel Bernués Fotografías Javier Bergasa - Sábado, 4 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Los toriles, atracción para los turistasVER VÍDEOReproducir img

Los toriles, atracción para los turistas.

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Los toriles, atracción para los turistasReproducirLa visita concluye en la arena. Allí se abre la puerta de toriles y asoma el miura ‘Agujeta’ , quieto y a la vez a la carrera.

GaleríaRecorrido de la Plaza de toros

  • Presentación del recorrido que ha habilitado la Meca.
  • Presentación del recorrido que ha habilitado la Meca.
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la idea les rondaba la cabeza desde hace tiempo porque conocían la demanda. Pero fue el arquitecto Fernando Redón, recientemente fallecido, el que bajó el proyecto a la tierra y lo planteó en una Junta de la Casa de Misericordia. Hoy, algo más de un año después, la Plaza de Toros de Pamplona ultima los detalles para abrir sus puertas al público. Una realidad que verá la luz a finales de abril y que de alguna manera recoge el testigo de aquel fallido museo de los Sanfermines.

El plato fuerte de la visita no ha variado. Está ahí desde 1922. Solo que ahora, además de contemplar su silueta desde fuera, se puede palpar: acceder al coso, pisar la arena, dar la vuelta al ruedo e incluso recibir a un miura a porta gayola. El escenario ya es suficiente reclamo para muchos visitantes que quieren pisar lo que ya han visto por la tele.

Además, la Meca ha invertido aproximadamente 200.000 euros para completar la visita a las tripas de la feria. Más o menos tres cuartos de hora en los que se entremezclan audiovisuales, paneles explicativos, elementos físicos de la lidia (trajes de luces, capotes o banderillas) y visitas a dependencias oficiales como corrales, cuadras, capilla o el cuartico de los toreros, el lugar de los silencios y los miedos, zonas hasta ahora vetadas al público en general. El apartado, reservado para eventos, es de lo poco que no se pisa.

Mariano Pascal, miembro de la Comisión Taurina de la Casa de Misericordia, y Jesús Cía, director de la Meca, hicieron ayer de maestros de ceremonias en la visita a los medios de comunicación. La puesta de largo del proyecto. “La primera semana moriremos de éxito. Pedimos paciencia”, confiesa Pascal en previsión de una avalancha inicial de visitantes. “Se ha procurado ofrecer el relato completo de la feria”, explica. Todavía quedan por adaptar los baños del patio de caballos, habilitar una tienda de souvenirs (un clásico en cualquier museo), añadir elementos a la maqueta del recorrido del encierro o colocar “más divertimentos”, dice Jesús, como un photocall.

A partir de ahí, sobre la marcha y en función de la respuesta de los visitantes, irán adaptando horarios a demanda y a temporadas altas o bajas y ajustando necesidades. “La primera etapa será de experimento”, cuenta Mariano. También estudiarán la compatibilidad de las visitas con las carpas, por ejemplo la de Navidad. Por si acaso, todo el tinglado es móvil, como así lo quiso Redón y dicta el sentido común, de modo que en dos o tres días se pueda retirar. Porque no hay que olvidar que se trata de un lugar cuya función principal es la de torear y ver torear.

el arranque

Encierro en imágenes

El callejón

Una vez superada la puerta de acceso al callejón esperan tres proyectores colgados del techo, pensados para cada una de las tres paredes sobre las que se lanzan imágenes que envuelven al espectador. Algo más de seis minutos de vídeo, editado por Arena Comunicación (igual que los dos que vienen después) que muestran las labores previas, limpieza, colocación del vallado, despliegue sanitario, el santo entrando a su hornacina... y el encierro. Imágenes actuales y de archivo, música de Mikel Salas en la que manda la percusión para acompañar el frenesí de la carrera, con otras a cámara lenta y más sosegadas para coger aire, nutren esta primera parada. Después se abre una persiana a espaldas del público. Y ahí aparece el ruedo.

“intimidad” de la plaza

Cuadras y corrales

Lo que no se ve

“Nos metemos en el mundo del toro, la parte de los corrales que no se conoce, la intimidad de la Plaza”, cuenta Mariano sobre la segunda fase de la visita, esa que arranca una vez bordeada la plaza, al traspasar la puerta de toriles. Confiesa después que algún guiri sí ha llegado a conocer este espacio porque ha acompañado a los toros más allá de la arena y ha tenido que refugiarse en los burladeros de los corrales.

En esta zona se han colocado visores estereoscópicos que permiten observar el comportamiento de los toros en los corrales, tecnología que no es nueva pero simula muy bien el efecto. El itinerario conduce después a la cuadra más pequeña “que a veces se utiliza para caballos de rejones”, explica Mariano. “Esencialmente, aquí huele a caballo y a toro”, dice con razón.

En este espacio, con varios bancos para comodidad del visitante, se proyecta un segundo vídeo sobre un círculo (simulando la visión del toro) con su viaje desde que nace hasta que llega a la plaza, rodado en las dehesas de Miura, Jandilla y Parralejo y con vistosos planos aéreos o primeros planos de este animal;su cuerno, los ojos o el lomo.

la lidia

Protagonistas y ruedo

Remate final

La cuadra grande, con todas sus separaciones para los caballos, hace las veces de museo. Aquí se enseña el ritual de la lidia. Preside la estancia Coquinero, un jandilla lidiado el 11 de julio del pasado año y que protagonizó en el encierro previo una “espectacular caída” en la bajada al callejón, explica Mariano. El último de los vídeos se proyecta sobre 10 teselas, 7 minutos que en realidad son 70 con todos los protagonistas de la lidia. A la derecha, paneles explicativos de la carrera;a la izquierda, paneles sobre la lidia: hierros ganadores de la feria del toro y el Carriquiri, visitantes ilustres (desde Carmen Ordóñez a Orson Welles), los diestros con mayor presencia, el arte del rejoneo, el primer tercio, tercio de varas y último tercio, etc...

Casi al final del recorrido, antes de acceder al ruedo, se descubre el último reducto de intimidad del torero en su paseíllo. Es la capilla y el cuartico del miedo, decorado con trajes de luces y distintos elementos para la lidia. Y lo mejor para el final. Los visitantes acceden al ruedo, se abre la puerta de toriles y ahí aparece la figura inanimada de Agujeta, que parece que se mueve y corre hacia la arena. “Normalmente un miura entraría a la plaza con la cabeza más elevada, pero así la sensación de movimiento era mayor”, detalla Mariano sobre el trabajo del taxidermista Javier Celay.

Ahí el visitante puede descubrir al torero que lleva dentro, sentir el peso o el manejo de un capote o sencillamente (como sucedió ayer) hacer el gañán delante del bicho. “Se pretende ofrecer una visión de la feria para todos, el que tenga una idea y sea cercano al mundo del toro, y el que no”, resume Jesús Cía sobre la visita.