Música y danza

El bosque animado

Por Teobaldos - Domingo, 5 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Coral de Cámara de Pamplona y Nova Lux S.L.

Sopranos: Marta Huarte y Quiteria Muñoz. Barítono: J. A. Hoyos. Danza: Isabel Abril, Kailen Lewis, Irene Ballester, Itsasai Mediavilla, Albert García. Piano: Naiara Egaña. Percusión: Salva Tarazona e Iñaki Cuenca. Txalaparta: Hutsun Txalaparta Taldea. Coreografía: Cristina Fernández Pintado. Dirección: David Gálvez Pintado. Programa: Falun de B. Bartók, y El último canto del Basajaun de Koldo Pastor. Programación: C.C. de Pamplona. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 3 de marzo de 2017. Público: tres cuartos de entrada (23, 19, 8 euros).

La compleja propuesta de la C.C. de Pamplona de este Basajaun está entreverada de género. Desde luego con mucho más de “ópera danzada” que de concierto. Una ópera con un libreto cuyo protagonista es el bosque y las criaturas que lo habitan, basado en la narración de una leyenda rusa -En la aldea-, y otra de aquí -Basajaun-, con los versos de Patziku Perurena, y música de Bartok y Koldo Pastor. Musicalmente funciona muy bien. Ha sido un acierto del titular de la Coral ilustrar el argumento común de la libertad en la naturaleza, con los dos compositores, cuyas músicas se relacionan sin problemas y mantienen ritmos y texturas muy apegadas, a la vez, a lo ancestral y a la modernidad, -(Las Bodas de Stravinsnky, al fondo)-. En lo coreográfico, estas criaturas del bosque, sobre todo, reptan, trepan, o vuelan;hay mucho suelo, mucha elevación a los hombros, y algunos efectos visuales de impacto, como la poderosa salida a escena, con los bailarines cargado sobre sus espaldas a otra bailarina;las colgaduras, o las bruscas caídas desde los hombros. También un cierto abuso del movimiento violento y espasmódico del cuerpo, que apenas se remansa en algún episodio de acogimiento de Basajaun a la protagonista, o en el beso-agua, por ejemplo, cuya ilustración musical con txalaparta de lascas de piedra, es uno de los momentos más delicados del espectáculo. En general, el cuerpo de baile tiene más rotundidad cuando aporta simetría;la individualidad del movimiento un tanto ad libitumenseguida se agota y resulta repetitiva. Pero, el ballet está en la honda del cariz, más bien dramático, que se le ha querido dar al relato. Porque, a la pregunta que uno se hace, si Basajaun es amable o violento, si te acoge o te rechaza, parece que la respuesta es: las dos cosas;porque en el bosque encuentras la libertad, como la protagonista, pero, también, puedes perderte. Los visuales invaden la escena solo cuando no hay protagonismo coreútico;están bien hechos y, a menudo, doblan a los bailarines. El vestuario -(colorista la parte rusa, terrosa la segunda)- y la iluminación también juegan a favor.

La parte femenina de la coral hace una interpretación soberbia deEn la aldea de Bartók: excelente coreografía que saca mucho rendimiento al coro;equilibrio entre sopranos y altos que adornan con ruedas y desplazamientos muy bien hechos, su impecable parte musical. Extraordinaria, por color de voz con cuerpo, volumen, y fraseo la soprano Marta Huarte. También Quiteria Muñoz se luce. La obra de Koldo Pastor recorre los acontecimientos de la naturaleza -amanecer, mañana, agua, tierra, etcétera-, con riqueza propia de lo que se narra, pero con una gran coherencia de toda la partitura, por cierto, muy bien tratada en la parte del piano, no sólo en la voz, y con detalles de percusión -(los percusionistas delicadísimos siempre)-, recursos de tocar el arpa del piano, recitados o siseos. De nuevo Marta Huarte se luce, como solista, en una partitura bastante comprometida, en algunos tramos, con el agudo. Del mismo modo, bien solucionada la parte de barítono por José Antonio Hoyos, que debe pechar, también, con extremos en la zona grave. Y la Coral se vuelve a enfrentar con ese tipo de música tonal, pero con lindes escabrosas de atonalidad, -aunque muy llevadera para el oyente- que tanto ha cultivado y que se le da tan bien. Naiara Egaña, impecable al piano. David Galvez, excelente director de foso. Y el Basajaun de F. Albizu, rotundo: más bosque (masculino), que naturaleza (femenino). La difícil representación de la paradoja.