Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

La Casa Rusia de Trump

La revelación de las reuniones del fiscal general con el embajador ruso es mucho más que otro episodio de la guerra con los medios o los servicios de inteligencia y amenaza ya directamente a su presidencia

Domingo, 5 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

La publicación por The Washington Post de las reuniones en plena campaña electoral entre el hoy fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, designado por el mismo Donald Trump, y el embajador ruso Sergei Kislyak es más que un episodio en la guerra de Trump con los medios, otro capítulo de su enfrentamiento con los servicios de inteligencia o un nuevo indicio de su relación con los ataques cibernéticos rusos que acabaron por condicionar la campaña deHillary Clintony su fallido triunfo en las elecciones frente al hoy ocupante del Despacho Oval. No cabe ignorar que la revelación la ha realizado el diario que aireó elescándaloWatergatey acabó con la presidencia de Richard Nixonen 1974, es decir, la prensa tradicional contra la que ha arremetido de modo reiterado Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca. Pero tampoco que una reunión similar con Kislyak ya costó hace tres semanas el puesto a otro de los hombres fuertes del gabinete elegido por Trump, el entonces consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn. Ni que el fiscal Sessions, en el obligatorio examen previo a su nombramiento ante el Senado, al ser preguntado por su actitud si hubiese conocido un caso similar, respondió textualmente “no he tenido comunicación con los rusos, no tengo capacidad para contestar”, lo que le podría llevar al cese. Y un segundo fiasco de este calado ya haría tambalearse al presidente. Pero menos aún que todo ello refuerza la teoría de que el Kremlin intervino en la derrota de Clinton y favoreció la elección de Trump. Hasta el punto de que, además del FBI, el Senado ha abierto una investigación al respecto y el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes acaba de acordar otro proceso indagatorio por impulso de los demócratas pero con apoyo de los republicanos. Que Trump y parte de su equipo hayan sustentado en el negocio una relación, no negada, con la oligarquía rusa que rodea a Putin, es algo que el estadounidense, ávido de éxito económico, no llega a reprobar;pero que para ello hayan obviado lo que John Le Carré encargaba ya en 1989 al protagonista de Casa Rusia, comprobar si Moscú se halla aún inmersa en la Guerra Fría, ignorando la pugna geoestratégica que Vladimir Putin sí tiene presente, le convencería, parafraseando a Le Carré, de que Trump, a quien había creído su única esperanza, era una disparatada fantasía. Y no podría seguir siendo su presidente.

Más sobre Editorial

ir a Editorial »