A todos los navarros

Por Mikel Garciandía Goñi - Domingo, 5 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La efigie de San Miguel visita cada año (desde 1210) a la ciudad de Pamplona. El motivo principal es la fiesta de la dedicación de la Catedral, el martes de la segunda semana de Pascua. Aquellas primeras visitas tenían a su vez un segundo cometido: estar con los cofrades y fieles que se hallaban acogidos en el Hospital de San Miguel de dicha ciudad.

La devoción popular y el cariño de los ciudadanos de Iruña hizo que la visita fuera ampliándose hasta llegar al momento actual, en el que noventa instituciones acogen con agrado la presencia de esta venerable imagen que alberga unas de las reliquias de la cruz más importantes de toda la cristiandad, traídas por el infante Ramiro en 1099 al Santuario de Aralar.

El siglo XIX supuso para el santuario la pérdida de los bosques y pastos que hacían viable su existencia. Entonces el recorrido adquirió un nuevo matiz: buscar la aportación de las más de trescientas comunidades cristianas que pasó a visitar la efigie del arcángel. De este modo mantenemos el templo abierto con enorme arraigo en Navarra y en Guipúzcoa, un refugio para todos a lo largo del año, restauración, visitas.

Los cristianos tenemos como vocación el servicio y el bien a todos, sin acepción de personas ni de ideologías, y siempre estamos dispuestos a compartir camino y tarea con todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Con nuestras limitaciones, aportamos a la sociedad todo lo que buenamente podemos y no sentimos nostalgia de ninguna situación anterior. Nuestra sola pretensión es la colaboración y servicio.

Cada año anticipamos nuestra visita a colectivos y todo tipo de instituciones con una carta de aviso. Y no estamos dispuestos a ser una piedra de confrontación para nadie.

Agradecemos de corazón el deseo de los parlamentarios que quieren que visitemos el Parlamento, pero por el respeto que San Miguel merece, declinamos comparecer en esta institución. Invitamos a los parlamentarios que lo deseen a unirse al recibimiento del pueblo de Pamplona a pocos metros de la sede parlamentaria.

No compartimos la visión de algunos de que la separación Iglesia-Estado implique la marginación y la beligerancia hacia el credo católico. Los creyentes deseamos ser leales ciudadanos, sentirnos cómodos en una sociedad plural y abierta donde caben todas las sensibilidades y credos, sin privilegios ni discriminaciones, sin enaltecimientos ni menosprecios. Una visita de cortesía la veíamos como muestra de buena vecindad y madurez social.

Llevamos años de estrecha colaboración con las instituciones, y manifestamos públicamente nuestro deseo de seguir avanzando en tantas áreas de interés común (arqueología, restauración de la imagen, estudio del retablo de esmaltes, arqueta de marfil…). Que la visita del angelico nos traiga una vez más la memoria de aquel Maestro de Nazaret que jamás impuso nada, solo ofreció en libertad amor a raudales. Tal sigue siendo nuestra humilde oferta dos mil años después.

Gracias de corazón a todos los navarros y pamploneses.

El autor es capellán de San Miguel de Aralar