Música

Todo les suena bien

Por Teobaldos - Lunes, 6 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

oreka tx

Harkaitz Martínez y Mikel Ugarte, txalapartas, cencerros, tejas, bidón. Mixel Ducau. Alboka, saxo, clarinete de bambú. Iñigo Egia, tabla india, cajón, tar, bendhir, platos, hang. Juan José Otxandorena, bouzuki. Thierry Niscary, voz. Itzias Garaluce, visuales. Carlos Solano, luces. Programa: Paisanaje-Jendartea. Programación: ciclo Cartografías de la Música del Museo Universidad de Navarra. Lugar: auditorio del museo. Fecha: 2 de marzo de 2017. Público: buena entrada (12 y 8 euros).

La percusión es de los primeros balbuceos musicales del ser humano. Y la encontramos palpitando, más o menos descaradamente, en los sonidos que nos rodean. La nómina de instrumentos de percusión es casi infinita, se reinventan a partir de cualquier cosa que dispense ecos. Marca el ritmo de los oficios, de la naturaleza, de los pasos, de la vida. Y cuando un buen percusionista logra afinar, controlar, y matizar los golpes, descubrimos músicas originales, primigenias, y esencialmente poderosas. Oreka TX es un extraordinario grupo que ha perfeccionado esos matices de la percusión -sobre todo de la txalaparta- hasta detalles sonoros inauditos. Parte de lo más elemental, sonido de piedra o madera, pero llega a timbres delicadamente metálicos, a suaves sonoridades cavernosas, o a tintineos que parecen venir de horizontes lejanos, y que, perfectamente dosificados en ritmos frenéticos o más calmos, nos acercan o alejan paisajes y paisanejes amplios. A H. Martínez y M. Ugarte todo lo que tocan les suena bien;no solo la txalaparta -piedra o madera- sino las tejas, los cencerros o el bidón. Y no es capricho utilizar estas materias primas por exotismo, sino que lo hacen porque suponen una búsqueda, -y un hallazgo-, del auténtico sonido de los paisajes que quieres acotar con sus sonidos. La compenetración técnica de ambos raya la perfección;su virtuosismo encandila al público, pero, además, son creativos: así, con frecuencia, cambian los palos convencionales de percutir la txalaparta por diversas cañas de bambú, cuyos tamaños aportan sonidos de aterciopeladas oquedades. Por otra parte, no por evidentes, son menos hermosos los sonidos de lluvia en las tejas, o el amplio respirar de los cencerros, siempre habitando las lejanías.

Siguiendo su estela, I. Egia -(tabla india, cajón, tar…)- completa una percusión más sinfónica, que amplía el universo sonoro de lo autóctono;está muy atento al pequeño matiz, o a la rotundidad poderosa de los timbales;nunca invasor. M. Ducau es otro mundo sonoro: su alboka sobresale, es fundamental en el desarrollo de los temas, su hermosa aspereza la emparienta con los antiguos órganos de tubos. Pero a mí me llamó la atención el clarinete de bambú: cómo de caña tan fina, sale un sonido tan grave. También se lució con el saxo. J. J. Otxandorena aporta unos detalles de elegancia tímbrica con su bouzuki, -entre laúd y guitarra gótica-. Y T. Biscary desgrana una serie de temas con su voz cercana, serena, de profunda comunicación, humanísima de sentimiento. Su tema a capella -de una sobrecogedora negrura- fue emocionante.

Los visuales, muy bien elegidos por Itziar Garaluce, ilustran lo que escuchamos: paisajes, oficios, costumbres, deportes, rostros mujeres y hombres, danzas, etcétera, a los que corresponde su acertada narración musical. Itziar nos sorprende con un solo de serrucho y arco admirable: nada representa mejor el viento que todo lo envuelve. Formidable ovación del público. Dos propinas.