Michele Emmer profesor de matemáticas en la universidad de la sapienza, hijo de luciano emmer

“Mi padre hablaba con sus imágenes”

El investigador en cine, matemáticas y arte está “muy contento” de volver a Pamplona, ciudad que conoció hace 50 años, para compartir parte del legado de su padre

Ana Oliveira Lizarribar Patxi Cascante - Martes, 7 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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pamplona- Guillermo G. Peydró ejerce estos días de anfitrión de Michele Emmer en Pamplona. El programador, miembro del comité de selección del Festival Punto de Vista, es también el comisario de la retrospectiva dedicada a Luciano Emmer, su padre. Fallecido en 2009 a los 91 años a causa de un accidente, Emmer es conocido por sus filmes de ficción, algunos tan célebres como París, siempre Parísy Tres chicas enamoradas, pero si por algo ha dejado huella es por haber revolucionado por completo los documentales de arte. “Propuso un tipo de película fronteriza entre el documental y la ficción, dramatizando la pintura”, y abrió todo un campo que fue muy admirado por expertos como André Bazin y por realizadores como Alan Resnais, ganador de un Oscar por Van Gogh en 1948. “El cine de Luciano -que ya en 1941 firmó Racconto da un affresco- fue muy importante en el papel que el cine de arte tuvo en la reconstrucción cultural tras la 2ª Guerra Mundial”, comentó ayer Peydró. Durante este programa se verá, asimismo, cómo dentro de este tipo de trabajo, el director milanés experimentó una evolución del racconto -el cine con relato- al ensayo. El público podrá experimentar ese viaje a través de diez películas. En varias de ellas, Michele estuvo presente ayudando a su padre, del que destaca su carácter fuerte, “insoportable”, dirían algunos directores que le conocieron, y su pasión por el cine.

Michele, la mayoría del público conoce a su padre por sus películas de ficción, enmarcadas en el neorrealismo, así como por su trabajo en publicidad y en televisión, ¿pero qué era lo que más le gustaba a él?

-Las películas de mi padre están consideradas hermosísimas. Domingo de agosto, por ejemplo, o Le ragazze di piazza di Spagna. Sus películas cambiaron mi vida, estudiaba matemáticas y me cambié de centro para estar cerca de él. Sus documentales son preciosos. En una que rodó sobre Giotto (Racconto da un affresco) fue capaz de hacer la animación de un ángel montando imágenes de los frescos. Recuerdo que se habló mucho de aquello, porque de alguna manera se estaba cambiando la obra de arte a partir de un montón de fotos. Y cuando hizo la primera película sobre Picasso, en 1954, este era un pintor aun desconocido, huía del fascismo y no tenía reconocimiento.

Y se encontró con su padre.

-Sí, y hay una escena muy conocida en esa película de los 50. Durante una noche, pintó un fresco de 20 metros en una pared en blanco, con el toro y la paloma y todos sus elementos, y a la mañana siguiente llegaron unos operarios y pintaron de blanco encima. Y el maestro se enfadó muchísimo. No quedó nada de aquella obra, solo las imágenes de la película de mi padre.

Hay dos versiones del trabajo sobre Picasso.

-Sí, una de los 50 y otra del 2004, cuando ya no se acordaba muy bien de lo que había pensado antes. Ya era muy mayor. A la nueva película le dio una perspectiva diferente.

Creo que a usted también le gusta especialmente ‘Bella di Notte’, de la última etapa.

-Sí. Con motivo de la reapertura de la galería de Villa Borghese, le encargaron una película, pero mi padre no quería hacer un documental al uso sobre museos. No le interesaba. Pidió tener el espacio a su disposición por la noche. Yo también estaba allí con un par de personas más. Y se dedicó a dar vueltas con una vela -que en realidad era un foco- solo para iluminar las cosas que quería.

En Italia, mucha gente le recuerda aun por ser el creador de ‘Carosello’, un contenedor de publicidad de la Rai del que hizo más de 3.000 piezas. ¿Fue uno de los muchos trabajos alimenticios que le servían para hacer el cine que quería?

-Sí. A él le daba vergüenza compararse con cineastas como Pasolini, Fellini... Hizo Caroselloporque le permitía dedicarse a otros proyectos, y en la tele hizo cosas bastante malas, la verdad. En el último período de su vida, hizo muchas cosas también;documentales sobre santos, sobre las montañas de Il Trentino... Él hablaba a través de las imágenes. Y hay algo que no se conoce mucho, y es que también escribía muchísimo, relatos, artículos de cine... Hay cincuenta cajas que están en la Cineteca di Bologna, espero que se conserven.

¿Se fue sintiendo más libre con el paso de los años para hacer las cosas como él quería?

-Sí, está claro que hay una gran evolución entre unos trabajos y otros. El cambio del celuloide al vídeo fue determinante, le dio la capacidad de rodar muchas más horas. Todo lo que él quería. Y eso que mi padre ya había experimentado mucho. Se lo pasó muy bien en la última etapa de su vida. Dejó muchas cosas sin acabar, daba vueltas con la cámara...

Lo que a él le gustaba era rodar.

-Sí, disfrutaba mucho. El día antes de morir se subió a un helicóptero para filmar escenas de una tormenta de nieve del documental de la montaña de Il Trentino.

Era un apasionado del cine.

-Del cine y de las mujeres (ríe).

Aquí vamos a ver dos tipos de documentales que demuestran cómo le cambió la mirada hacia el mismo tema, el arte.

-Sí, pero aquí tiene mucho que ver un problema físico. En los 80 perdió un ojo y su visión cambió mucho, lógicamente. Un director con un ojo no lo tiene fácil, y su mirada fue distinta, el encuadre, etcétera. Hizo películas sobre otras que había hecho años atrás. Siempre estaba trabajando.

¿Y qué le parece que el público de Pamplona vaya a poder asomarse a parte del trabajo de su padre durante estos días?

-Cuando yo era pequeño, antes de las películas se proyectaban documentales, y la gente estaba acostumbrada a verlos. Pero eso desapareció. Y hoy resulta que estamos rodeados de una marea de imágenes por todas partes, lo que está generando que perdamos un poco la capacidad de ver una imagen y luego pensar en ella. Ya no existe la educación de la mirada. Y supongo que quienes vienen a un festival como este conforman un público seleccionado, no masivo, lo cual está muy bien. Espero que el encuadre, el relato y las imágenes increíbles les gusten. Y si hay alguna persona apasionada del arte, va a disfrutar mucho con estas películas.