Mesa de Redacción

El programa

Por Joseba Santamaria - Martes, 7 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

tampoco me ha gustado a mí el programa de humor de ETB. El humor nunca ha gustado a los poderosos, pero no veo humor alguno. O si es humor, ha sido un intento fallido, más bien casposo y propio de los peores chistes que circulan desde siempre con los estereotipos identitarios de los diferentes territorios del Estado, sobre los ciudadanos de los diferentes países europeos o de otros continentes, sobre discapacidades físicas o intelectuales, sobre el color de la piel, la religión o la condición sexual de las personas. Un pésimo guión que nunca debiera haber sido emitido en una televisión pública financiada con dinero público que se pretende de calidad. Pero a partir de ahí, todo ha sido una vez más un desmadre político y mediático. Convertir ese asunto en una clave política o parlamentaria, en otro argumento judicial -lo de UPN y PP corriendo por ver quién presenta antes una denuncia sí que es humor surrealista-, o en un argumento para boicotear una película o acosar a una actriz es desproporcionado, injusto y absurdo. Y sobre todo es un intento más de centrar la atención pública en cuestiones de mínimo calado para desviarla de cuestiones políticas, sociales y económicas relevantes, ya sea la corrupción, la devaluación de la democracia, el recorte de derechos o la situación social y económica de millones de personas. Si en ese programa hay un presunto delito de odio habrá que hacer circular por los tribunales a la mayor parte de las tertulias y tertulianos que día sí y día también insultan y descalifican y amenazan a quienes no piensan como ellos. A los políticos y periodistas que hacen del enfrentamiento entre territorios un modelo de política y de periodismo. Y qué decir de los programas basura de televisión que alimentan cada jornada los más bajos instintos de unas audiencias atontadas. O de los miles de anónimos que copan las redes sociales aireando discursos ultras contra personas, gobiernos, jueces, periodistas, abogados, políticos, sindicalistas, profesores, escritores, cineastas, etcétera. En fin, infumable.