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OSASUNA la actualidad

Desamparo y colapso

Análisis | Los jugadores de Osasuna se sienten abandonados a su suerte por la directiva, que les señala como máximos responsables del fiasco

Javier Saldise | Mikel Saiz - Martes, 7 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Álex Berenguer, con la capucha del chándal puesta, a su llegada ayer a Tajonar.

Álex Berenguer, con la capucha del chándal puesta, a su llegada ayer a Tajonar. (Mikel Saiz)

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Álex Berenguer, con la capucha del chándal puesta, a su llegada ayer a Tajonar.

Pamplona- Los futbolistas de Osasuna, los más cercanos a la hora de expresar sus sensaciones y sentimientos en petit comité, afirman que el desplome del equipo, con todo lo que ello conlleva -decepción en la afición, deterioro de la imagen, distanciamiento en el osasunismo-, les está afectando amargamente y que están sufriendo de lo suyo en este naufragio. Los jugadores no ocultan que el malestar personal, la comedura de tarro que están sufriendo algunos de ellos, les está poniendo a prueba a cada jornada, a cada encuentro, a cada varapalo. Ya que, mientras, dicen, no es nada fácil verse superados por rival de todo pelo, tampoco resulta tranquilizador que nadie acierte a darles alguna cobertura, respuestas sobre qué hacer. Elementos relevantes de la plantilla, sobre los que no caben dudas acerca de su compromiso con la entidad, no ocultan que también están sufriendo un claro desamparo. Abandonados a su suerte, señalados por la espalda por la directiva como únicos responsables, el futbolista de Osasuna nota que carga con la única responsabilidad y todas las culpas. La cohesión del club -asunto innegociable para que el invento funcione- ha venido desapareciendo.

Osasuna, la directiva y sus gestores -por el pelotazo de la televisión en Primera-, ha tenido dinero a principios de temporada para confeccionar un equipo y no lo han sabido hacer;han asumido la plantilla menos cualificada del campeonato -porque se estaban ocupando lícitamente de otras cosas, la deuda, antes de regresar a la cosa deportiva con urgencias-, y, además, han permitido la desnaturalización del grupo, la pérdida de los signos de osasunismo fundamentales. Si no hay dudas acerca de que futbolísticamente la plantilla no ha dado la talla -algunos fichajes no han estado a la altura, otros han iniciado una evidente guerra por su cuenta, a otros hombres les está viniendo grande la categoría-, la dirección del club está en el polo opuesto a una gestión profesional, con demasiados a los que la palabra responsabilidad les suena para otros. “Yo no he sido, yo no estaba, yo no ficho, yo no...”, han sido los lemas principales desde la dirección de la entidad.

Sabalza y su directiva no han dado una en las decisiones deportivas. Si el resto de la gestión está definida por el control económico que ejerce la Liga -cada vez mayor y más severo-, el cumplimiento de la Ley Osasuna -pago de la deuda y las obligaciones tributarias-, todo lo que quedaba en manos de esta junta -aliñar un proyecto deportivo creíble y decente- ha sido un puro despropósito, un incendio permanente, una lástima. Osasuna padece los últimos coletazos de la crisis institucional -que sigue dilucidándose en los tribunales-, porque a esta directiva el club le viene muy grande. Si nadie les ha dado un voto para estar ahí, tampoco se asoma nadie para exigirles ahora cuentas. La masa crítica en la afición de Osasuna está por ver.