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Mujeres diaconisas

Por Miren Ibarrola - Martes, 7 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

francesco habla de un “machismo con faldas” aunque en otro sentido. En efecto, el diaconado femenino es un “machismo con faldas”. Son los “machitos eclesiales” los que deciden si la mujer puede ser diaconisa como una dádiva de su benignidad. Las mujeres ya ejercemos de diaconisas sin necesidad de ser ordenadas por los “machitos”. Nuestra dignidad de hijas de Dios nos hace iguales a ellos y no reconocemos el canon patriarcal eclesial por ellos inventado al margen de Jesús. Es la jerarquía y prevalencia de ciertas funciones diaconales lo que es intrínsecamente maléfico y contrario al espíritu radicalmente igualitario del Nazareno. Es el orden jerárquico de la actual estructura eclesial lo que hay que derribar porque es antievangélico. Jerarquía y obediencia no son parámetros evangélicos: “No llameis a nadie padre, maestro ni jefe...” (Mt 23, 8-10).

La igualdad de la mujer en la catolicidad no pasa por la ordenación sacerdotal sino por un cambio radical de paradigma en la valoración antropológica de la mujer y en las relaciones hombre-mujer en el seno de la comunicación cristiana. Un respeto, ¡por favor! a nuestros cuerpos, nuestro ser, nuestras opciones, aborto incluido. Una denuncia ¡por favor! ante nuestras violaciones, prostituciones, malos tratos, dependencias afectivas, chantajes emocionales y asesinatos múltiples. Un silencio ¡por favor! ante nuestro llanto, sangre, feminismo e indignación. La moral católica respecto a la mujer no es la moral de Jesús, un mujeriego entrañable que nos hizo partícipes de su Resurrección. Este nuevo paradigma cristiano tiene que incorporar la vertiente liberadora del feminismo, de la liberación sexual y de los procesos femeninos de emancipación y derrocamiento del patriarcado capitalista. Debe dejar de contemplar a la mujer como objeto de reproducción y maternidad subrogada, olvidar la equiparación mujer igual a madre y renovar en clave feminista una mariología impresentable. Y ¡por favor! que los “machitos eclesiales” callen, empezando por Francesco, cuando de mujeres se trata.