El sitio de mi recreo

Inquisidores y parlamentarios

Por Víctor Goñi - Miércoles, 8 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

no cabe mayor perversión de la sacrosanta libertad de expresión que parapetarse tras ella para amenazar o para denigrar, sea a individuos o a colectivos. Por tanto, resulta de todo punto inapropiado que cualquier medio de comunicación difunda contenidos con un afán notoriamente despectivo, más en el caso de una televisión pública en esencia concebida para fomentar el pluralismo y la convivencia desde la tolerancia. Por consiguiente, sobran los zafios estereotipos que se vertieron contra la identidad española en un programa de ETB 1 presuntamente satírico -no hay ironía sin inteligencia- que la propia dirección del ente ha descalificado y por el que ha pedido disculpas, con expreso propósito de la enmienda. Concurre sin embargo la constante de que el botarate se alimenta del mequetrefe y viceversa, de tal desvarío que un programa faltón con una audiencia media de 28.000 espectadores en la CAV ha servido de excusa para que salgan del averno patrio una legión de inquisidores, que en su delirio han llegado a boicotear -revelando incluso su final- la película El guardián invisible porque en el elenco figura una de las desafortunadas intervinientes en el aciago reportaje. A este despropósito se han sumado y además en primerísimo primer plano UPN y el PP de Navarra, que claman contra el pretendido ultraje nada menos que ante los tribunales y en el caso del regionalismo se aprovecha la sobreactuada controversia para exigir el cese en territorio foral de todas las emisiones de Euskal Telebista, esa obsesión cuasipatológica. Tan infecto manoseo colapsó el lunes el Parlamento navarro ante las múltiples declaraciones votadas además por puntos, un frenesí legislativo ante el que me confieso estupefacto. No es ya sólo que nuestro Parlamento haya sufrido con cada legislatura una devaluación clamorosa, sino que se ha tornado en un burdo postureo donde se confrontan más las vanidades personales que los programas electorales. Todo a la búsqueda del titular más estrambótico para pasmo del ciudadano medio ocupado en su rutinaria cotidianeidad, donde se dirimen las cuestiones relevantes.