Danza

Luz en la grisura

Por Teobaldos - Jueves, 9 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

‘cenicienta’

Música: Prokofiev (y Gollach). Coreografía: Tim Plegge. Compañía: Ballet Estatal de Hesse-Wiesbaden. Dirección: Tim Plegge. Solistas: Ezra Houben (Cenicienta) y James Nix (príncipe). Programación: Fundación Baluarte. Lugar: Sala Principal. Fecha: 7 de marzo de 2017. Público: tres cuartos de entrada, 18, 28, 36 euros, con rebajas.

La Cenicienta del berlinés Tim Plegge se caracteriza, sobre todo, por la diáfana narración del argumento;la extraordinaria limpieza visual de la escena;una coreografía más bien esquemática del movimiento, sin florituras, pero que dibuja lo que suena;una simetría bastante suelta;un lirismo contenido;una puesta en escena elegante y rotunda;y una exhibición de buenos bailarines. Junto a todas estas virtudes, a mí me faltó un poco más de riesgo en los puntos álgidos del ballet: en el primer acto todo fluye bien, pero no hay pasos espectaculares para una compañía de élite. En el segundo, francamente, me hubiera gustado que la primera bailarina hubiera calzado puntas, como el cuerpo de baile, aunque apenas fueran insinuadas. El resultado final es un bonito espectáculo que aporta luz, mucha luz, a la grisura, o sea, reparación (en este caso incluso venganza) a la injusticia, felicidad ante todo obstáculo;pero sin ese punto de emoción que da el riesgo, aunque todo esté muy bien bailado.

Plegge opta por madrastra y hermanastras francamente malvadas, en algunos momentos, violentas con Cenicienta. En otras coreografías, al confiar los roles de hermanastras a hombres, sus perfiles eran más jocosos, incluso ridículos;aquí el espectador siente como suyo el rechazo hacia la protagonista;cómo se pisotea el episodio de ternura del padre. La coreografía que corresponde a la siniestra familia es esquinada siempre y dura, muy bien realizada por Komkova, Detscher y Nadine. El coreógrafo otorga al príncipe protagonismo: le estorba la corona, está metido en su mundo, y sólo forzado por sus padres, busca el compromiso. La narración, aquí, es perfecta: original la promulgación del bando a través de aviones de papel, muy plástico el dulce far niente del príncipe -James Nix- que evoluciona casi más acrobáticamente que con pasos académicos, y que ejecuta un paso a dos con su amigo -Takada- de lo mejor de su intervención. Me gustó el carácter que da el coreógrafo berlinés a la Cenicienta, no siempre resignada, como suele ser habitual, sino con fortaleza, e, incluso enfadada. Ezra Houben acomoda muy bien todos los estados de ánimo en su figura y en su danza: soñadora, derrotada, enfadada, lírica, siempre expresiva, se deja elevar y vuela con los pájaros, baila un vals desvaído, rompe platos, y se acerca al príncipe con espectaculares giros, entre un cuerpo de baile que evoluciona al compás de una brillante coreografía -muy bien vestida- del famoso vals. En los esperados pasos a dos conclusivos, Plegge opta por reminiscencias de bailes del musical americano, más que por la tradición clásica;es original (pasos a cámara lenta, manos que se agarran en la distancia, vuelo bajo de la bailarina…), pero en ese extraordinario lirismo de la música -quizás por deformación clásica- echamos en falta grandes elevaciones. Pero, es su opción, muy bien realizada, por otra parte. Una cálida fila de focos, arrasa, definitivamente, la ceniza.