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El joven que denunció Al padre Román

“Era como si perteneciera a una secta cerrada y virulenta que él lideraba”

El denunciante del padre Román ratifica los abusos que sufrió entre 2004 y 2007

Jueves, 9 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

El joven D.R., que tiene ahora 27 años, durante la tercera sesión del juicio de la causa.

El joven D.R., que tiene ahora 27 años, durante la tercera sesión del juicio de la causa. (EFE)

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El joven D.R., que tiene ahora 27 años, durante la tercera sesión del juicio de la causa.

granada- El joven D.R., que denunció los abusos que provocaron la apertura del caso Romanones, ha considerado que el comportamiento del grupo era similar al de una secta “cerrada y virulenta que él lideraba, asumiendo todos los abusos”.

Su declaración duró alrededor de cinco horas. En ella aseguró que el padre Román “era todo” para él, “su guía y único referente”, casi “como un padre” que le “manipuló y anuló por completo”, lo que le impidió alejarse de él y del grupo durante el periodo en el que se produjeron los presuntos abusos, desde 2004 a 2007, cuando sentía “auténtico pánico de dormir” junto a esta persona porque “sabía” que le “iba a tocar”.

El denunciante reiteró que sufrió violaciones y vejaciones, y aseguró que tanto en la casa parroquial como en la vivienda de Pinillos, de titularidad compartida entre el acusado y parte de los inicialmente investigados (excluidos al declararse sus delitos prescritos) se produjeron “cientos” de masturbaciones, se exhibía pornografía homosexual, que “nunca” tuvo cama propia y que “siempre” la compartía con el padre Román.

“Él era capaz de hablar de amor fraternal en la homilía y por la tarde estar violando a niños, porque lo ha hecho”, aseguró ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia de Granada. Por estas acusaciones, el sacerdote se enfrenta a una petición fiscal de nueves años de prisión.

El joven contó que envió una carta al papa Francisco en agosto de 2014 en la que le explicó su “calvario”, lo que motivó una llamada del Pontífice en la que le pedía “perdón” por estas “heridas que son de la Iglesia” y le dijo que se pusiera en contacto con el arzobispo de Granada.

En aquel momento, el arzobispo se puso a su disposición y le informó de la puesta en marcha del procedimiento eclesiástico. Sin embargo, no vio “reacción” a su denuncia ante la Iglesia, por lo que decidió llevar los hechos ante la Justicia.

Negó un ánimo de venganza o de enriquecerse, y los consideró “un grupo de desequilibrados” capaces de todo, que tenían ascendencia sobre él, que lo subyugaron y sometieron. -Efe