La charla

El autobús de la vida

Por Álvaro Meoqui - Viernes, 10 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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quizá les suene un poco infantil pero me molan mucho los autobuses de los equipos de fútbol. Tan coloridos, elegantes, grandes y, sobre todo, saber que dentro van las estrellas. Cuando el del Madrid circulaba el otro día por Pamplona daba gusto verlo. También pasó el Barça con su bunker y pronto llegará el Athletic. El de los bilbaínos también es muy chulo, aunque por los navarros que van dentro podría ser hasta una villavesa.

Me escama bastante la campaña que está haciendo una plataforma que no quiero nombrar y que sobre el lomo de un autobús rojo manda un mensaje tránsfobo hablando de niños y niñas. Supongo que saben de qué hablo y también deberían saber que apuntan venir con ese cacharro. Por muy infantil que sea, ese bus no me mola nada.

El fútbol ha tenido una evolución, pero en temas como la homofobia todavía nos queda mucho. Algunos parece que se quedaron anclados en el pasado. Se le dio mucha caña a Cristiano por ser amigo de un boxeador marroquí e incluso se insinuaba su relación con él. No ocurrió nada, pero si el portugués se lía con el boxeador será porque ellos quieren y punto. Neuer, portero del Bayern, dijo otra vez que los futbolistas gays debían salir del armario. Le cayó la de San Quintín e incluso hubo portadas en Alemania diciendo que el gay era él. No sé si es gay ni me importa, pero una vez tuve la suerte de comer en la misma mesa que él y me pareció un tipo genial.

Justin Fashanu fue un jugador inglés de los años 80 que fichó el Nottingham Forest por una millonada. Preparado para triunfar, un día su entrenador descubrió que alternaba bares de gays en Londres y, a partir de ahí, al banquillo. La grada se enteró y dio la razón al entrenador. Justin tuvo que abandonar el club y casi el país. Al tiempo confesó su homosexualidad y años más tarde perdió el autobús de su vida. Se ahorcó.

El autor es técnico deportivo superior