Aitor Gametxo director de cine

“En esta película, el silencio no es una carencia, es una decisión”

Tras presentar ‘El otro mapa de Abauntz’ en 2015 en el seno de X Films, el director vasco regresa con ‘Cicha Symfonia’, una historia sin audio, pero con mucha comunicación

Ana Oliveira Lizarribar Unai Beroiz - Viernes, 10 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

El realizador vizcaíno, ayer en Baluarte.

El realizador vizcaíno, ayer en Baluarte.

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El realizador vizcaíno, ayer en Baluarte.

pamplona- Gametxo compone con esta película una sinfonía silente articulada por rimas visuales, conversaciones con las manos, el cuerpo y el rostro, instantes cotidianos y emociones. Las que le transmitió la comunidad sorda de Worclaw, ciudad donde realizó una residencia el año pasado gracias a un intercambio entre la capital cultural de la urbe polaca y la de Donostia.

¿Qué significa volver a Punto de Vista?

-Me hace ilusión. Venía cuando estudiaba el Máster de Documental Creativo de la Universidad Autónoma de Barcelona y ya era algo especial, porque aquí podías ver películas que no encontrabas en otros sitios. Luego pasó lo de X Films y ahora volver con una película seleccionada para la Sección Oficial es un honor.

En 2014 se alzó con el premio X Films, que en 2015 se materializó con el estreno del ensayo ‘El otro mapa de Abauntz’, ¿cómo vivió el proceso y qué supuso dentro de su trayectoria incipiente?

-Tampoco he hecho tantas cosas y hoy es el día en que lo veo y, como es lógico, cambiaría unas cuantas cosas. Creo que esa presión del premio, que marcaba una fecha de estreno, me provocó bastantes nervios y no lo llevé muy bien. Además, aunque la zona en torno a Abauntz es pequeña, al final no lo era tanto y terminé un poco abrumado con la enorme generosidad de la gente. Cicha Symfonia fue algo más espontáneo a raíz de lo de la capitalidad de San Sebastián.

¿Tienen algo en común las dos historias?

-Son distintas, pero creo que las dos películas dialogan bien entre ellas. La idea de lo rural frente a la ciudad me interesa bastante y está en las dos.

En Wroclaw tuvo muy poco tiempo, apenas mes y medio.

-Sí, en ese sentido también había presión. Hice el trabajo en seis semanas, pero pude dedicarme exclusivamente al proyecto y mi experiencia en Polonia fue evolucionando a medida que avanzaba el proceso. También el libro El octavo día de la semana, de Marek Hlasko fue muy importante porque fue mi forma de entrar en la ciudad y quise dejar constancia de ello también en el documental.

La película nos habla de la comunidad sorda de Wroclaw, pero también de la ciudad misma.

-En ese sentido he tenido muy en cuenta sinfonías urbanas tan conocidas como Berlín, sinfonía de una gran ciudad, À propos de Nice, Regen (Rain)... Todas están grabadas en ciudades, pero tratan de contribuir a crear una especie de ciudad ideal. Yo partí de esa idea y, en concreto, deRien que les heures, una película de Alberto Cavalcanti de 1926, que ya en la primera imagen incluye un cartel en el que se lee que ‘todas las ciudades serían iguales si sus monumentos no las identificasen’. Y cuando estás viendo París y un obelisco, una mano pone jabón en el cristal y no te permite ver esos iconos. Todas esas sinfonías trataban de buscar elementos que podían ocurrir en cualquier ciudad. Y yo también fui en busca de eso en Wroclaw.

Quizá antes que ninguna otra cosa habría que preguntarle por qué se centró en la comunidad sorda.

-Al acabar el máster, estudié interpretación de lengua de signos por puro interés y me empezó a interesar mucho todo lo relativo a la lingüística. Además, me di cuenta de la cantidad de conexiones que hay entre este lenguaje y el cine. Por ejemplo, en cómo las personajes que lo hablan reproducen el espacio con las manos, tratando de ilustrar la realidad, qué caras y gestos ponen, cómo se mueven... Precisamente, cuando el cine nació su primer objetivo fue reproducir el movimiento puro. Y yo he intentado hacer un ejercicio semejante. Por eso me gusta pensar que, en este caso, el silencio no es una carencia, sino una decisión.

¿Cómo fue el contacto con estos colectivos?

-Como este proyecto era un puente entre las capitalidades, nos ayudó sobre todo la responsable del programa de intercambios de Wroclaw. Mi primer trabajo de campo fue buscar una escuela de educación especial, una asociación de personas sordas y a partir de ahí, y con una ayuda de una asistente de producción, fui conociendo a más gente.

¿Cómo se tomaron que hubiera un tipo allí grabando su vida diaria?

-Muy bien. Están muy acostumbrados porque entra dentro de sus dinámicas. Más allá de la escritura, los móviles, las webcams y otros adelantos tecnológicos les han servido para mejorar la comunicación entre ellos. Me gusta pensar que esto no es una peli sobre sordos, sino sobre la lengua de signos, con una mirada que te puede aportar sobre esta lengua alguien de fuera, en ese caso yo, que soy oyente.

Refleja esa lengua desde el principio, cuando los niños la aprenden.

-Sí, el momento en que aprenden a decir su nombre con signos me parecía un bonito comienzo para la película. Yo estaba allí y surgió y fue verdaderamente emocionante.

Ha vuelto del CCCB de Barcelona y ahora trabaja en Tabakalera, ¿qué otros proyectos tiene?

-Sí, estoy en Tabakalera dando talleres en un programa sobre cine experimental y autorepresentación. Es muy interesante. Y con mi siguiente proyecto quiero continuar investigando en torno a la lengua de signos. La pregunta principal al hacer Cicha Symfonia era si se podía grabar la lengua de signos, la respuesta fue afirmativa y al explorar cómo hacerlo resultó una película sin sonido. Ahora me pregunto, aunque ya hay precedentes, si se puede hacer una película sin imágenes, solo con audio, y qué importancia tendría para personas ciegas. Y yendo un paso más allá, ¿se podría generar un diálogo entre ciegos y sordos, teniendo en cuenta que, a priori, no pueden comunicarse? ¿Y cómo se podría hacer? Me gusta hacerme preguntas. Hacer una película sobre una certeza no me parece nada atractivo.