Ikusi makusi

El columpio para Adei

Por Alicia Ezker - Viernes, 10 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Érase una vez un pueblo sin niños, un pueblo al que no llegaba el autobús escolar porque no había nadie a quien recoger, un pueblo sin juegos infantiles donde las risas y gritos de los txikis solo se escuchaban en fin de semana o vacaciones. No es un cuento, es una historia real, solo que ya no comienza igual porque todo cambió una mañana cuando nació Adei, y su presencia marcó las calles, la vida y las horas de una pequeña localidad del valle del Roncal en el Pirineo navarro. Pronto en el pueblo se suscitó un debate municipal de gran calado simbólico por lo que supone para esa nueva vida. ¿Había que gastar presupuesto y comprar un nuevo columpio para un único niño de esa edad o merecería más la pena invertir en otras infraestructuras? Al final triunfó la tesis de que sí, de que Adei tenía que tener su nuevo columpio y su espacio de juego. Además, la llegada de otros dos niños de una pareja del pueblo inclinó definitivamente la balanza. La pregunta no era baladí. Era apostar por el futuro y aceptar que las cosas no se pueden medir igual a más de cien kilómetros de la capital, porque lo que aquí es necesario para muchos, allí lo es para uno, con el mismo derecho. En otros pueblos de este valle pirenaico acosado -como otros de la montaña navarra- por la amenaza de la despoblación ha surgido más de una vez la misma discusión en relación a la necesidad o no de construir el nuevo colegio comarcal en Roncal después de que se hundiera el techo del actual levantado en su día gracias a la donación de Gayarre. ¿Merece la pena este gasto para tan pocos críos, teniendo en cuenta que van a menos? La respuesta es sí. Debe ser sí. Siempre hay que invertir en futuro y los niños y niñas lo son. Quién sabe qué nos depara el mañana, pero lo que no podemos es no creer en nuestro presente. Un colegio es algo más que aulas en estos valles. Es un punto de encuentro. Un foco cultural. Un motor de la recuperación lingüística. Además, los colegios rurales son en muchos casos pioneros de experiencias educativas que solo allí se pueden poner en práctica. Por eso hay que invertir siempre y tratar de que no se cierren y más cuando el envejecimiento y la despoblación acecha. Las autoridades locales lo tienen claro y parece que las autonómicas apuntan en la misma línea con una política de sustento de la escuela rural como columna vertebral social y territorial. El Consejo Escolar anuncia unas jornadas sobre la escuela rural que acoge en Navarra a 3.000 alumnos en 79 localidades. El mundo rural vuelve a estar de actualidad. Se mueve, desde el presente hacia el futuro.