Música

2 pianos. 4 manos. 6 epígrafes. Y mucho más

Por Teobaldos - Sábado, 11 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

concierto de las hermanas Dördüncü

Intérpretes: Ufuk y Bahar Dördüncü. Programa: Preludio a la siesta de un fauno y Seis epígrafes antiguos, de Claude Debussy;Mi Madre la Oca, de M. Ravel;Suite Cenicienta,de Prokofiev. Programación: ciclo Cartografías de la Música del Museo Universidad de Navarra. Lugar: auditorio del museo. Fecha: 9 de marzo de 2017. Público: buena entrada (12 y 8 euros, con rebajas).

Las hermanas Dördüncü han sido todo un descubrimiento en ese prodigio de compenetración que es la música para dos pianos. Ufuk y Bahar, en la primera parte -absolutamente impecable-, han conseguido trasladar al auditorio la intangible y etérea música de Debussy y Ravel;en la segunda, la riqueza temática, rítmica, y de vigoroso virtuosismo de Prokofiev. En Debussy, tanto en la trascripción de la famosa Siesta del Fauno, como en los Seis epígrafes antiguos, las hermanas turcas consiguen la inequívoca atmósfera inaprensible del compositor francés. Y es que estas pianistas, se van a mover toda esta primera parte, en la pulsación de yema en el teclado, delicadísima siempre, no por eso blanda, al contrario, logrando un ir venir por el regulador sin brusquedades, pero con densidad. Es esa sensación de que siempre hay sonido, incluso en los silencios. Los seis epígrafes para piano a cuatro manos, son una destilación sutil de la narración con música. La invocación al dios del viento es cuidada, tranquila. Le sigue la enigmática, triste y un tanto oscura Tumba sin nombre, pero de clarísima ejecución. La noche propicia es polirrítmica, con un remanso muy bello. La danzarina de los crótaloses de juego libre en la danza, pero sin excesos. Siempre destaca en esta pareja, la exactitud del staccato, la perfecta respiración de ambas tanto en el fraseo sosegado, como en el más puntiagudo. El egipcio es serpenteante y sensual: maravilloso el recorrido por el teclado. Termina la obra con el Agradecimiento a la lluvia matinal, resplandeciente, y la vuelta al tema primero. Es una partitura que casi se nos escapa, como el humo, en la que hay que meterse sin perturbarla. Con Mi madre la Oca, de Ravel, seguimos en ese vuelo mágico. Pero Ravel, nos resulta más concreto, más fácil de seguir las melodías. La solemos escuchas mucho más en versión orquestal que tal como fue escrita -piano a cuatro manos- así que el efecto que nos produce es, por una parte, el contrario de Los cuadros de una exposición: de la gran orquesta a la reducción;pero por otra, la misma sensación de que en ambos formatos, son igualmente magníficas. Aquí, a la delicadeza de las cuatro manos, se une el juego del fuerte súbito -siempre controlado-, del teclado agudo que irrumpe sorpresivo, o el solemne teclado grave.

En la suite de la Cenicienta de Prokofiev, en esta versión pianística, está todo Prokofiev. Desde luego los conciertos para piano, pero, también, la sinfonía clásica, el lirismo de los ballets, y el extraordinario virtuosismo que siempre requiere este compositor. Fue una suite muy completa, con pasajes francamente logrados, como el tema del vals desvaído, el sinfónico gran vals, o el tramo de las campanadas, donde a los teclados se unen golpes sobre el arpa. De propina: Microcosmos 5,de Bartok, y una miniatura minimalista de composición propia, preciosa, donde el teclado agudo, apenas rozado, se expande por el eco del arpa sostenido por el pedal.