Cuentos

Por Javier Otazu Ojer - Domingo, 12 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

había una vez un partido político que prometió regeneración y un nuevo futuro para todos. Con un discurso lleno de emociones y un relato fascinante, el candidato, lleno de carisma, se ganó a la población de su región y así pudo alcanzar el poder. Pasado un tiempo, el nuevo presidente pareció perder contacto con la realidad. No es algo difícil, ya que en ese tipo de puestos las personas tratan a los gobernantes de otra forma. Finalmente, aparecieron asuntos de corrupción. El partido tuvo problemas y la gente, desencantada, terminó votando por otro candidato. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

La neurociencia enseña que el cerebro de los gobernantes cambia, que muchas veces se toman decisiones sin meditarlas de forma profunda y que uno puede terminar creyéndose imprescindible. Además, hay un problema añadido: los colaboradores más cercanos siempre van a persuadir a su jefe para permanecer más tiempo en el poder. Es la forma de mantener su puesto y su influencia.

Había una vez una persona que tenía un sueño: quería ser actor. Así, desde muy joven hizo lo posible para lograrlo. Sin embargo, la profesión es muy difícil. El 75% de los actores en España cobra unos sueldos ridículos, incluso existen personas dispuestas a realizarlo gratis (¿quién tiene más mérito, estos actores o los que pasean por alfombras rojas?). No obstante, nuestro amigo perseveró. Un día, un ojeador que estaba viendo la función decidió contratarle ya que le gustó mucho su actuación. Y finalmente logró entrar en la rueda del cine y hacer películas hasta ganar un premio Goya. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Este tipo de cuentos sólo los escuchamos en boca de los ganadores. Y lo mismo vale para empresarios o personas que han salido del país en busca de un futuro mejor. Ocultan la realidad: la mayor parte de las personas no alcanzan esos sueños, ya que las barreras no son fáciles de superar. Es un problema educativo: nos preparan para triunfar y sólo vale el resultado, obviando que lo mejor está en el proceso, en saber que estamos haciendo lo que pensamos que tenemos que hacer.

Había una vez un oso que vivía en las zonas polares de Estados Unidos. Su vida es la típica de estos animales;en el verano se trata de buscar alimento, en el invierno toca hibernar a la espera de tiempo mejores. Es el ciclo de la vida que tan bien narró la estupenda película de Disney El rey León. No obstante, el verano parecía adelantarse. La temperatura y el medio ambiente no se adaptaban a sus hábitos naturales. El oso tuvo, pues, que cambiar su hábitat natural. Tuvo problemas de convivencia con otros animales, pero finalmente logró adaptarse y pese a todos estos avatares, hoy es un oso feliz. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

El cambio climático está generando cambios de hábitos en numerosos animales. Es preocupante que el nuevo presidente norteamericano (adicto a la televisión, alérgico a los libros) reitere la inexistencia del cambio climático. No hay mejor prueba para ello: muchos animales están cambiando sus hábitos de vida después de siglos repitiendo sus costumbres de siempre.

Había una vez una pareja que se enamoró cuando eran muy jóvenes. Sin embargo, la vida les dio caminos distintos. Sus ámbitos profesionales eran muy diferentes, él ingeniero, ella profesora. Además, la precaria situación laboral de su país hizo que él tuviese que emigrar. Pese a todo, el amor perduró. Por fortuna, encontraron una posibilidad de vivir juntos. Parecía, muy difícil, pero fructificó. Finalmente se casaron, fueron felices y comieron perdices. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Los cuentos de amor han idealizado la vida de pareja y han creado un triste patrón: inconscientemente, creemos que cuando llega el momento de la boda está todo hecho. Sin embargo, no es así. Es el comienzo. El amor se debe cuidar todos los días ya que cumple una curiosa propiedad: si no crece, decrece. Además, esta idealización nos hace pensar que todo amor debe ser correspondido. Y no es así. Cuando se da esa situación, simplemente podemos pensar que ese no es el amor que nos conviene. Sencillo pero muy complejo a la vez.

Había un niño que perdió sus padres en la guerra. No sabe si están muertos o se encuentran en los campamentos de refugiados en los que tantas personas que antes tenían una vida digna tristemente deambulan como zombis sin esperanza alguna. Al menos, unos tíos se hicieron cargo del pequeño. Pensaron que había una posibilidad: Europa. Era la mejor opción al precio que fuese. Así, los tíos embarcaron con el niño en una patera. Por desgracia, no pudieron llegar. Un temporal hizo volcar la embarcación y todos sus sueños yacen, desgraciadamente, en el fondo del mar. Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado.

El autor es profesor de Economía de la UNED de Tudela. ‘www.asociacionkratos.com’