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José Miguel Nuin Moreno

“El relato del cambio es un acuerdo entre diferentes que reconoce la pluralidad de Navarra y que está funcionando bien”

Nuin defiende los logros del cambio iniciado en 2015 y celebra que la apuesta política funciona, pero subraya que queda mucho trabajo pendiente todavía

Una entrevista de Ibai Fernandez Fotografía Patxi Cascante - Domingo, 12 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Nuin sonríe en su despacho del Parlamento.

Nuin sonríe en su despacho del Parlamento. (JAVIER BERGASA)

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Nuin sonríe en su despacho del Parlamento.

Pamplona- A punto de cumplir diez años como coordinador general, José Miguel Nuin (Pamplona, 1968), deja paso a su compañera de escaño, Marisa de Simón, al frente de Izquierda Unida en Navarra. “Es el final de un ciclo”, asume con normalidad, convencido de que el relevo no implica cambios en una línea política de la que se muestra satisfecho. “Han sido diez años muy intensos y de mucho trabajo”, argumenta Nuin, que confirma que no seguirá como parlamentario la próxima legislatura, y que destaca el papel determinante que Izquierda-Ezkerra tiene en el cambio político en Navarra iniciado en mayo de 2015. “Se han hecho muchas cosas, pero queda mucho por hacer”, resume el líder de IUN, que apunta a la reforma del impuesto de sociedades y al fortalecimiento del sector público como prioridades a medio plazo.


¿En qué ha cambiado Navarra en estos diez años?

-Navarra ha sufrido una brutal crisis económica, y eso ha determinado muchos cambios. Hay una mayoría social de mujeres, jóvenes y trabajadores que han empobrecido y han perdido derechos. También ha habido una erosión del sistema político bipartidista sostenido en los pactos UPN-PSN, y un hundimiento del desastroso modelo económico basado en la especulación y el despilfarro. La Navarra de hoy no es la de 2007, ni en términos políticos ni en términos sociales. Las huellas y heridas sociales que ha dejado la crisis todavía son enormes.

Y un cambio político que, pese a los números, no fue posible en 2007.

-Entre otras cosas gracias a que hay una izquierda necesaria y útil, como I-E, que es determinante. Un cambio que tiene además una prioridad social y de pluralidad. El reto de futuro es fortalecerlo y ampliarlo desde la izquierda.

Cuando usted llega en 2007, IU tiene dos parlamentarios, los mismos que ahora.

-Es verdad que tenemos los mismos parlamentarios, pero en un escenario muy diferente y marcado por la entrada de nuevos partidos que emergen con fuerza. En 2015 tuvimos además los mejores resultados municipales. Logramos alcaldías importantes como Tudela o Castejón y con un papel determinante en bastantes ayuntamientos. Cuando llegó el momento en el que la mayoría de Navarra apoyó el cambio hemos tenido una presencia suficiente para ser determinantes, y ese es un dato sin duda.

¿El relevo de Marisa de Simón llega en clave de continuidad?

-Marisa desde luego cuenta con mi apoyo, y la posición política de IU va a seguir siendo la misma. Un posicionamiento claro de izquierdas, partidario de una política de alianzas que estamos dispuestos a ampliar desde la coherencia programática. Y una apuesta muy clara por prioridad social y por la concepción plural de Navarra.

¿El relevo implica también cambios en el funcionamiento del grupo parlamentario?

-Seguiremos siendo dos, así que seguiremos haciendo los dos casi de todo. Evidentemente, la compañera De Simón será la coordinadora de IU, y eso tendrá su reflejo en debates importantes. Es algo lógico.

¿Afectará a las relaciones dentro del cuatripartito?

-No. Aquí hay un marco de juego, que es el acuerdo programático, así que no tiene por qué haber problemas.

¿Izquierda-Ezkerra se considera parte del Gobierno?

-No. Este no es un Gobierno de coalición en el sentido estricto. Barkos fijó sus condiciones, que aceptamos en su momento y que damos por bueno. A partir de ahí, tenemos un compromiso con el cambio político basado en un programa. Es el marco de juego regulado que tenemos.

¿Cree que funciona bien?

-Yo creo que sí. Exige trabajo y diálogo diario con todos los consejeros. Un trabajo intenso que muchas veces no se ve. Pero si hay voluntad de cumplir el acuerdo, funciona.

¿Qué nota le da a su cumplimiento?

-Se está trabajando y vamos a seguir trabajando hasta el final de la legislatura. Entonces pondremos la nota.

¿Pero progresa adecuadamente?

-La prioridad social, que es clara. El Departamento de Derechos Sociales ha aumentado un 25% su presupuesto, algo impensable en 2015. Con eso se ha financiado la nueva ley de renta garantizada, se va a financiar la subida de las pensiones mínimas y una serie de políticas importantes. En memoria histórica se ha trabajado bien, y se ha avanzado en igualdad, está el decreto de salud sexual y reproductiva... Se han hecho cosas, importantes, pero queda mucho por hacer.

¿Por ejemplo?

-En 2015 hicimos una reforma fiscal muy importante, pero ahora toca hacer otra. Las grandes empresas tienen unos tipos efectivos muy inferiores a los de cualquier trabajador y eso hay que corregirlo porque no es justo. Hay un compromiso de abordar esto en otoño cuando negociemos el próximo presupuesto.

¿Solo tocarán Sociedades?

-Nuestra voluntad es revisar la aportación de las grandes empresas, no las pymes ni los autónomos. La reforma del IRPF ya la hicimos en 2015, así que el foco principal de esta reforma deben ser los beneficios empresariales. Antes de la crisis aportaba el impuesto de sociedades 400 millones y ahora está por debajo de 200. Los beneficios empresariales se están recuperando pero no están aportando.

Del PSN al PP, toda la oposición coincide en que la situación fiscal de Navarra ya es muy negativa.

-Mienten. Lo digo con todas las letras: mienten. El tipo nominal, que pasamos del 25% al 28% en 2015, es un engañabobos. Las grandes empresas tienen tipos efectivos que no llegan a la mitad de lo que paga un trabajador en el IRPF. Los datos son de Montoro, que hace dos meses hablaba del 7% del tipo medio de las grandes empresas, y en Navarra hay muchas deducciones que no existen en el Estado. ¿Qué tipo de infierno fiscal es ese?

¿Ser pionero en el incremento de impuestos no puede ser perjudicial para el empleo?

-Las empresas toman sus decisiones de inversión por muchas razones, y la fiscalidad es una más. De hecho, Navarra es la comunidad número 11 de las 17 en la preocupación empresarial por el asunto fiscal. Eso son martingalas del discurso neoliberal de la derecha. Los grandes empresarios sí tienen coincidencia de clase, y se preocupan mucho de alimentar ese discurso del infierno fiscal, para mantener una situación de privilegio fiscal. Vamos a demostrar con números que es un discurso falso y mentiroso.

¿Qué más les quedan pendientes?

-La educación púbica sigue siendo un reto importante. Se está poniendo dinero para inversiones en infraestructuras, pero hay que dar un apoyo más intenso al esfuerzo que se hace desde la propia educación pública. Queda pendiente también la banca pública, en la que apenas se ha avanzado. Hay que bajar la temporalidad en los servicios públicos, una gran OPE si se echan atrás los impedimentos legales que impone el PP a través de las tasas de reposición. En algunas cuestiones vamos más lentos de lo que quisiéramos.

¿Cree que la sociedad valora lo que se está haciendo?

-Lo veremos en su momento. Hay avances que afectan directamente a los ciudadanos, como la ley de vivienda, la renta garantizada o la mejora de las pensiones, que pone a Navarra a la cabeza en un ámbito que es competencia estatal, y que pasa de 3 a 21 millones. Son cosas que se perciben socialmente, pero cuesta porque las necesidades sociales siguen siendo muchas.

¿La cuestión identitaria es un problema dentro del cuatripartito?

-No estamos insatisfechos con el trabajo que se está haciendo. El acuerdo programático en ese sentido es claro: Navarra es plural y desde las instituciones debemos hacer una gestión en clave de pluralidad. Eso requiere un laicismo identitario. Las instituciones deben ser garantes de que la pluralidad pueda convivir, pero sin posicionarse de una frente otra.

¿Eso supone una posición neutral en materia lingüística?

-No. Hay un compromiso para hacer políticas favorables hacia el euskera que aumenten su conocimiento y su uso. Pero siempre desde el reconocimiento de la diversidad de la realidad sociolingüística de Navarra. El decreto foral recoge razonablemente este planteamiento. Estamos razonablemente satisfechos.

¿Está descartado entonces un cambio en la Ley del Vascuence?

-Hay quien reclama eliminar ya la zonificación, pero para eso debemos acordar el contenido de la nueva ley. Ese es un trabajo que no se hizo en el acuerdo programático. Entendemos que otros tengan planteamientos más exigentes, pero nosotros estamos con los pies en el suelo.

¿Le toca hacer de poli malo?

-O poli bueno, según se quiera ver. Creo que actuamos poniendo el ojo muy de cerca en la realidad de Navarra, que es plural en lo lingüístico y en lo identitario. Lo contrario generaría tensiones innecesarias y sería peligroso para el propio cambio.

¿Le preocupa que el debate identitario eclipse los logros sociales?

-Hemos estado acostumbrados a eso en el pasado por culpa de la violencia de ETA. Ese es un factor que ha desaparecido y da más normalidad un debate que sigue enquistado en la realidad sociopolítica de Navarra. Por eso hay que abordarlo con normalidad democrática, sin generar confrontaciones ni tensiones. Debemos hacer oídos sordos a los que quieren generar confrontación. Se lo decimos directamente a la ciudadanía: que no hagan ni puñetero caso a quienes buscan enfrentar unos vecinos con otros por unos determinados intereses políticos.

¿Qué va a hacer I-E cuando haya que votar si se pone o no la ikurriña en cada ayuntamiento?

-Los grupos municipales y las asambleas de IU y Batzarre valorarán cuál es la situación de cada municipio en cuanto a sentimientos de identidad. Y en esa clave de pluralidad se tomarán las decisiones que procedan en cada sitio. No es lo mismo Tudela que la Comarca de Pamplona.

¿Qué piensa cuando la oposición les dice que este es un Gobierno nacionalista?

-Que se equivoca. Puede que haya nacionalistas en el Gobierno, pero ni el Gobierno ni el programa es nacionalista. Es un programa de pluralidad, no de construcción nacional. El relato del cambio es el de un acuerdo entre diferentes en lo identitario y en lo ideológico, también entre posiciones de izquierdas y otras más moderadas y centradas. Y el resultado es un acuerdo programático de pluralidad.

¿Le preocupa que ese mensaje pueda calar, sobre todo en el sur de Navarra?

-No es tanto una preocupación como la constatación de que la derecha quiere caricaturizar el cambio en Navarra. La de un Gobierno que quiere imponer el euskera, castigar a los castellanoparlantes y que quiera que Navarra deje de existir. Es una caricatura, no es verdad. Pero si las políticas del Gobierno se atienen a lo que es el acuerdo programático, ese discurso se quedará en los hooligans y forofos de UPN y PP, no llegará a la sociedad. No es algo que nos preocupe.

¿Esperaba una oposición así?

-Era una de las incógnitas al principio de la legislatura, si UPN iba a modernizar su propuesta para Navarra reconociendo su pluralidad. Pero ni la derrota y ni el paso a la oposición han abierto es debate. UPN está en un proceso de cierre en sí mismo que lo aleja de los sectores mayoritarios de la sociedad navarra, que es una sociedad plural. Tal vez necesite una segunda derrota. Nosotros mientras seguiremos trabajando para que el cambio se fortalezca por la izquierda.

¿En esa izquierda incluye al PSN?

-En la izquierda útil y necesaria para hacer frente a la derecha, no. El cambio solo ha sido posible cuando el PSN no ha sido necesario y ha habido otra izquierda útil. Lo que me sorprende ahora es que también se ha alineado con UPN y PP en materia presupuestaria y fiscal. Tienen un discurso muy a la derecha.

¿Confía en un giro a la izquierda tras el proceso de primarias que afronta ahora el PSOE?

-Con el PSOE siempre es conveniente esperar. Que tomen su decisión y luego ya veremos. Hay mucha militancia muy dolida por haber entregado el Gobierno al PP, pero las complicidades y los vínculos del PSOE con el régimen del 78 siguen siendo enormes, y eso pesa muchísimo.

¿Eso beneficia a Izquierda Unida?

-Nosotros vamos a lo nuestro. Hemos tenido la 11ª asamblea en la que IU ha apostado por un proceso constituyente que supere el marco de 1978, agrietado por las elites económicas y el bipartidismo. El bipartidismo ha aguantado el primer embate pero sigue habiendo una crisis de régimen muy evidente. El partido no ha terminado.

¿La victoria de las tesis de Pablo Iglesias dentro de Podemos refuerza la colaboración con IU?

-En principio sí, pero habrá que ver cómo se concreta. Hay que pasar de la musa al teatro, y eso significa reunirse y trabajar una agenda de movilizaciones, de intervención en el conflicto social... Muchas cosas.

¿Se puede cambiar el país renunciando a una mayoría parlamentaria con el PSOE?

-No sabemos cómo se van a conformar en el futuro las mayorías parlamentarais. Pero sin el PSOE también se puede movilizar y generar bloques políticos que permitan pelear por la hegemonía. Forzar condiciones políticas que hagan más fácil que algunos corrijan su posición, la de entregar el Gobierno al PP.

¿La apuesta por Unidos Podemos se va a concretar en Navarra para las próximas elecciones forales?

Hicimos una apuesta política por alianzas dentro de la coherencia programática que es Izquierda-Ezkerra, y desde ahí estamos trabajando igual que en el Estado para hacer otras alianzas lo más eficaces y potentes posible. No sé qué va a pasar, pero la voluntad de trabajo es clara.