Donald contra el mundo

Ángel Ares y García - Lunes, 13 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

La mágica ficción que alcanza la realidad, aquel infantil anhelo de creer, soñar, tener esperanzas, y saber que hasta el más imposible de los deseos puede convertirse en realidad es de lo poco que Donald J. Trump ha enseñado al mundo. ¿Algo más? Quizá la soberbia, la egolatría y la arrogancia de quien sabe de la responsabilidad de su cargo, y aún y todo actúa a espaldas de medio mundo.

La humanidad ha vivido momentos oscuros, anteriormente las guerras eran las que asolaban las ciudades, las armas las que evitaban el progreso y la irracionalidad del ser humano la que nos separaba por sexo, por raza, y por conceptos inciertos como la nacionalidad o la religión. A día de hoy, lamentablemente, el hombre sigue errando de idéntica manera, pero ahora se le suman los intereses económicos, los prejuicios y el egoísmo, aquellos elementos que nos retrasan y nos dividen.

Negarle la entrada a tu casa a aquel que por terror huye y deja atrás su vida no es más que negarle el deber de socorro a un ser humano, encerrarle entre fronteras inciertas, mostrarle la incertidumbre, para después gritarle al oído que aquella será su vida de aquí en adelante, y pavonearse de que la vida y oportunidades de occidente a él no le vayan a ser accesibles. Pretendimos declarar a los cuatro vientos que sí, que todos somos libres e iguales, pero que la fraternidad se reserva exclusivamente a unos pocos.

Europa, como aquel hermano mayor al que a veces se desoye, clama en pro de la paz, del compañerismo y del orden social, cual hijo pródigo, cual compañero estudioso, y como quien se cree que por el mero hecho de decir lo claramente correcto, de la noche al día sume en el olvido aquello que a él le incumbe. Europa, ensayo del neoindividualismo cuasialtruista de los Estados Unidos, ahora se muestra galante de la decencia que en muy pocas ocasiones ha demostrado.

Poco queda por decir y hacer, la mal llamada democracia estadounidense ha decidido poner en jaque los derechos humanos y las más que tensas relaciones internacionales. Hoy, desgraciadamente, toca esperar sentados, esperar mejores tiempos.

“Mejor malo conocido, que peor por conocer”.