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Juez de línea

Lealtad

Por Félix Monreal - Martes, 14 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Aitor Buñuel, uno de los tres canteranos ayer, hizo un buen partido.

Aitor Buñuel, uno de los tres canteranos ayer, hizo un buen partido. (Foto: J. Bergasa/M. Saiz)

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Aitor Buñuel, uno de los tres canteranos ayer, hizo un buen partido.

La pasada semana César Palacios, el gran capitán de finales de los noventa, dictó una lección de osasunismo desde Soria. En un contexto en el que medias verdades están ocultando grandes mentiras, el futbolista del trote incansable y los goles salvadores habló muy claro para quien pusiera oídos a su discurso. Tengo para mí, aunque quizá me equivoque, que cuando argumentaba su decisión de no aceptar la oferta de la directiva de Sabalza no hablaba solo de sí mismo sino que su discurso apuntaba más alto, que abarcaba más. Palacios empleó la palabra lealtad para explicar el porqué de su comportamiento, de su renuncia a una oferta que tocaba en lo más profundo de sus sentimientos pero que no podía alterar algo tan importante como sus principios. Lealtad es el apellido que podía haber grabado encima del número 8 de su camiseta, aunque tenía para elegir entre un buen abanico que le definían como futbolista: coraje, compromiso, honradez, entrega, compañerismo, líder... Abundó Palacios que la lealtad que le vinculaba con el Numancia era uno de los valores que le habían inculcado en Osasuna, algo que mamó desde niño en Tajonar. Pocas veces un discurso tan escueto honra a todos aquellos que han trabajado y trabajan con los chavales de la cantera;pocas veces siete letras hacen tanto bien a la imagen de un club vapuleado por sus dirigentes. Habría que ponerlas en el escudo. Porque vistas ahí, en la fachada del estadio, en la camiseta o en la entrada a Tajonar, recordaría a directivos, empleados, técnicos y futbolistas que son muchos los osasunistas que quieren sentirse orgullosos, como Palacios, de un club con valores. Me gustaría saber qué pensaron Sabalza y sus directivos cuando oyeron o leyeron l-e-a-l-t-a-d;porque desde la dirección del club no se está siendo leal, no ya al discurso propagandístico de la campaña electoral, que persigue obtener votos, que ya ha llovido desde entonces, sino a los mensajes, a las decisiones y a los planes más recientes. Y no es una obsesión personal: ahí está el reciente examen en el que el club no solo suspende en transparencia sino que entre 41 es el 10 peor valorado. Y transparencia y lealtad van de la mano.

Donde sí asoma esa fidelidad a Osasuna es en el alma del equipo. Sepultado ya por sus propios dirigentes (me gustaría ver cómo sentó en el vestuario que anunciaran que preparaban ya el equipo para Segunda...), los jugadores compitieron ayer con honestidad y dignidad ante un Eibar al que, qué cosas, le pudo un poco la soberbia. Unos más que otros, porque entre catorce hay de todo, pero el grupo no bajó los brazos. Hasta los cambios le salieron bien a Vasiljevic. Equilibraron la desventaja y el guardameta Yoel evitó ese segundo gol con el que tener, por fin, algo que celebrar. No tengo dudas, nunca las he tenido, de que el grueso del vestuario va a seguir peleando por la camiseta y el buen nombre de Osasuna. Y también por la grada, que en número superior a once mil acompañó a su equipo, le jaleó y aplaudió, sin reparar en sus fallos, en sus carencias y en una inferioridad que por minutos era aplastante. Ellos, los aficionados, siempre han sido leales. Palacios también lo sabe. No todos pueden decir lo mismo.