Relevo en la acogida a los niños y niñas saharauis

María Pérez de Larraya recibirá este verano a una niña saharaui en Sangüesa y recuerda que faltan 30 personas o familias de acogida

M. Zozaya Elduayen - Martes, 14 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

María Pérez de Larraya con la foto de Marian en sus manos, la niña saharaui con la que compartirá su vida y su casa este verano.

María Pérez de Larraya con la foto de Marian en sus manos, la niña saharaui con la que compartirá su vida y su casa este verano. (M.Z.E)

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María Pérez de Larraya con la foto de Marian en sus manos, la niña saharaui con la que compartirá su vida y su casa este verano.

sangÜesa/Zangoza- Tiene 32 años, trabaja como dependienta en el negocio familiar que sus padres regentan en Sangüesa y vive sola. Pero este verano, María Pérez de Larraya Jiménez compartirá su casa con Marian, una niña saharaui de 12 años que acogerá en su domicilio durante dos meses en el marco del proyecto Vacaciones en Paz de la Asociación Navarra de Amigos con el Sahara (ANAS), para niños y niñas refugiados en los campamentos de Tinduf.

“Hace tiempo que lo deseaba y este año me he animado. Pienso que merece la pena por todo lo que podemos ayudarles, y creo sinceramente, que no es necesario ser una familia al uso. Basta con querer y poner el empeño. Contamos con recursos suficientes, materiales y humanos”, dice firmemente convencida.

Sabe bien lo que habla y lo tiene muy claro. Cuando tenía 13 años, sus padres, Jesús y Antonia, trajeron por vez primera a su casa a otra niña, Munina, que contaba su misma edad, y que hoy es la madre de Marian, a quien María espera en unos meses.

Aquel verano de 1997, Sangüesa y la comarca se volcaron con el compromiso de ayuda y acogida al pueblo saharaui. Desde entonces, han sido más de 20 años de trabajo con este proyecto, a través de la asociación local Puente Solidario, que ha reunido a familias de Sangüesa y de la zona con esta inquietud común. “Los primeros años fueron un boom. Llegaron a venir más de 60 niños y niñas saharauis, de entre 10 y 13 años”, recuerda María, a la vez que subraya la buena rela-ción que había entre las familias de los pueblos vecinos de acogida. Con los años, el número fue descendiendo, y hoy es el día que incluso faltan 30 peticiones (no tienen que ser familias de varios miembros, pueden ser personas que vivan solas) para acoger a los 115 o más que corresponden a Navarra.

“Nos hemos vuelto comodones y en mi generación hay un vacío de valores muy grande. La media de edad del compromiso con el Sahara se hace mayor”, reflexiona María. Tampoco pasa por alto que ahora lo más habitual es que si se trata de una pareja, lo normal es que trabajen los dos, y que por eso tal vez se cuestione más la acogida. “Esto no tiene que ser un impedimento. Nos podemos organizar como lo hacemos durante el resto del año”, considera.

Reconoce que se siente sensibilizada por el ejemplo recibido de sus padres, si no, tal vez, su postura sería la de la mayoría de su entorno, “que no sabe lo que significa para estos niños y niñas pasar el verano fuera de los campamentos, alejados de las elevadas temperaturas, y de los conflictos de su pueblo, recibiendo una alimentación equilibrada, disfrutando con sus iguales entre las familias de acogida, etc”.

Verano a verano, las familias o las personas que han colaborado con el proyecto de ANAS Vacaciones en Paz han reparado en los mismos aspectos que lo hace María, y que se resumen en que al final, las dos partes salen ganando: los pequeños y pequeñas saharuis porque viven como una larga fiesta con la oportunidad de beneficiarse y conocer otro mundo, aunque sea por un verano;y las familias de acogida porque reciben de ellos una serie de valores que parecen olvidados. “Son los mejores embajadores de su pueblo y de su cultura. Nos enseñan a valorar lo que de verdad importa, lo esencial;la famila, la solidaridad, el saber compartir y sonreír a pesar de todo”, expresa la joven, al tiempo que recuerda que todo ello es a cambio de poco. “Los hogares de acogida sólo tienen que costear una parte del viaje, facilitarles dos revisiones médicas (dentista y oculista) ambas por la Seguridad Social. Además, ocuparse de la manutención de los dos meses y por encima, lo que cada familia quiera”.

“Es un error creer que es muy costoso. Con pocos recursos materiales y tirando de amigos si hace falta, es perfectamente posible”, afirma la joven sangüesina.

María guardó en su retina la escena de cuando Munina abrió por vez primera el grifo de su casa, y comprendió el mensaje cuando viajó con 15 años por vez primera a los campamentos. “Comprendí el valor de lo sencillo, sentí que todo lo que tenía aquí no tenía mayor importancia. Y supe que tenía que luchar por lo que me pareció injusto”.

Más de 14 años lleva en la junta de la Asociación Puente Solidario de la comarca de Sangüesa (actualmente es secretaria y tesorera). En ANAS, es secretaria desde hace cinco meses. La asociación organiza dos viajes al año a los campamentos, gestiona el programa Vacaciones en Paz y otros servicios para poder enviar material y dinero a las familias saharauis.

Actualmente, de los 115 niños y niñas seleccionados, 85 ya tienen familia de acogida, por lo que faltarían al menos 30 para cubrir el total. La asociación llama a la conciencia colectiva, para poder dar una respuesta. La llamada se extiende a instituciones y ayuntamientos, para que aumenten su compromiso, y adelanta que el día 25 celebrarán una fiesta de apoyo en Zizur.

Para vergüenza de la comunidad internacional, el trabajo se sigue haciendo desde las bases. “No hay voluntad de ayuda, son los refugiados más olvidados. Es muy importante que sigan viniendo estos niños y niñas para que no se pierda su causa”, añade. ANAS espera en el correo asociacionanasnavarra@gmail.comy en el teléfono 680 268021.