Nuria Labari periodista y escritora

“No estamos educados para el dolor;eso hace que no sepamos consolarnos o consolar a otros”

La autora cerró ayer en la Biblioteca de Navarra el ciclo ‘Atocha blues’ con una charla sobre su novela ‘Cosas que brillan cuando están rotas’

Ana Oliveira Lizarribar Unai Beroiz - Miércoles, 15 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Nuria Labari, ayer en la Biblioteca de Navarra.

Nuria Labari, ayer en la Biblioteca de Navarra.

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Nuria Labari, ayer en la Biblioteca de Navarra.

pamplona- En su primera novela -antes ha reunido relatos en Los borrachos de mi vida-, Labari (Santander, 1979) cuenta la historia de una joven periodista que se despierta una mañana -en la que su marido y su hija han puesto tierra de por medio en un momento de crisis- con una llamada de móvil minutos después de que las bombas estallaran en Madrid. A partir de ahí, se pasará dos semanas en la calle, en los hospitales, en la morgue, cotejando cifras de muertos, recuperando memorias de vidas, cogiendo manos o entrevistando a familiares.

Parece que lo sucedido el 11-M se le quedó muy dentro, seguramente porque estuvo a pie de calle, y que necesitaba sacarlo, ¿por qué una novela y no un libro periodístico, un testimonio o una crónica?

-Porque creo que el género que mejor teje el sentido de las cosas es el de la ficción. Y con ficción me refiero a una narración capaz de abrir las puertas a la imaginación. No basta con relatar lo sucedido, sino que se trata de sentir el sentido de lo sucedido. Es decir, se trataba de bucear precisamente en la falta de sentido, en la soledad, en el relato de nuestras vidas y de nuestro mundo. A veces parece que la ficción es el terreno de lo fácil y que los libros más complejos o científicos quedarían en otros géneros más serios Sin embargo, a veces, cuanto más complejas son las preguntas, más necesario es abrir las puertas de la imaginación (y no me refiero aquí a fantasía, sino a imaginación aplicada a la realidad).

En entrevistas que ha realizado sobre esta novela habla mucho de empatía, ¿cree que, a pesar de las manifestaciones masivas no acabamos de entender lo que les sucedió aquel día a miles de personas (las víctimas y todo su entorno) y cómo cambió su vida?

-La empatía es un viaje profundo y un viaje de la imaginación hacia una zona generalmente oscura y donde preferiríamos no habitar. La verdadera empatía requiere trabajo y voluntad. Asistir a una manifestación es un gesto necesario, pero no significa necesariamente un viaje de conocimiento. Yo necesitaba hacer este viaje para seguir adelante. En algún momento encontré una brecha en todo cuanto me rodeaba: el trabajo, el amor, la familia... Es difícil digerir un mundo como el nuestro cada día sin hacer nada, apenas sin pensar seriamente en nada. Y de esta sensación nace esta novela. Es una reflexión sobre cómo convivimos con el horror, cómo lo integramos plácidamente en nuestras vidas y qué consecuencias tiene para nosotros.

También ha comentado que no somos capaces de pensar en el terrorismo cuando no hay muertos, ¿es un escudo que usamos para protegernos del horror o es que vamos tan rápido en la vida que no cabe algo que, a priori, vemos ajeno?

-Lo que sucede es que estamos programados para una vida feliz, súper feliz en realidad. Educados para el currículum y el éxito, no tenemos ninguna educación en el dolor, el duelo o el fracaso. Eso hace muy difícil que sepamos consolarnos o consolar a otros y que no seamos capaces de pensar en terrorismo, pero también que no sepamos amar a través del tiempo o la adversidad. La pregunta de la novela es sencilla: ¿se puede amar en un mundo como el nuestro? Todos estamos seguros de que sí, pero el amor se roza con el aire y con el medio y esta novela es también una reflexión sobre las relaciones que tenemos con los otros y con nosotros mismos.

La protagonista cubre los atentados, igual que Nuria Labari, ¿se arrepiente de algo de lo que hizo durante aquellos días? ¿Cuál es su crítica principal hacia los medios? ¿Ya teníamos entonces el virus, ahora extendido, de querer ser los primeros antes de ser los mejores?

-Bueno, ser el primero supone a veces ser el mejor. Otro asunto sería preguntarnos ser los primeros en qué. No toda la información es relevante, no todas las noticias nos convierten en los primeros en el ranking... En general, no me reprocho nada de mi trabajo periodístico. Nunca antes -y nunca después- he sentido tan intensamente la necesidad de informar y de ser informada. El trabajo en Madrid de los que estuvimos en las calles aquellas semanas fue intenso, profesional y generoso. No hubo descanso. Lo que echo de menos es la reflexión posterior. El periodismo no es un género de largo recorrido, la inmediatez lo aleja demasiado de la reflexión en muchas ocasiones. El tipo de trabajo, el tipo de artesanía del oficio se mueve en el terreno de la rapidez y el boceto impresionista. Estuve meses trabajando para el periódico sobre el 11-M. He estado años trabajando esta novela. Esa es la diferencia al final, quizás un tempo diferente, nada más.

Los que hemos cubierto atentados a veces tendemos a protegernos para poder abordar ciertas informaciones sin derrumbarnos o sin mezclar información/opinión.

-La realidad tiene que atravesar al periodista: no debemos llevar ninguna coraza. Pero no podemos derrumbarnos ni prejuzgar ni opinar, desde luego no mientras estamos observando. Esa es nuestra profesión y tiene sus propias complejidades. Creo que necesitamos protegernos más que con una coraza con un tejido que proteja y transpire. A sangre fría, de Truman Capote, es para mí la distancia perfecta respecto de la realidad que un periodista debe tener.

“El género que mejor teje el sentido de las cosas es la ficción;cuanto más complejas son, más necesario es abrir las puertas de la imaginación”

“Hay un trabajo sobre cómo el horror es capaz de modificar la superficie de la realidad y cambiar

La protagonista de esta novela está viviendo su propia crisis personal y lo sucedido la saca a flote, ¿por qué ha querido que corran en paralelo ambas historias?

-Era imprescidible para la novela, pues se trabaja un triple extrañamiento. Por un lado el extrañamiento ante el horror del mundo. En un segundo plano, el extrañamiento de una pareja y de una familia. ¿Quiénes son los seres a los que amamos? ¿Conocemos todas sus sombras? Y por último, el extrañamiento ante uno mismo. Ese quién soy yo y qué hago aquí primordial. La novela trenza estos tres extrañamientos y el objetivo no es otro que ilumine alguna realidad, que nos permita sentir y pensar.

¿Nos cuestionamos poco las cosas y preferimos dejarnos llevar?

-Somos humanos, eso es todo. Lo único que podemos reprocharnos es que leemos demasiado poco. Creo que no se puede elaborar la realidad sin poesía, sin ficción. Creo que damos un peso muy grande a un tipo de discurso superficial y prefabricado. Damos muchas cosas por sentado y eso lo complica todo. Es muy difícil -y realmente aburrido- vivir sin un pensamiento profundo sobre la realidad.

¿Qué papel juega la hija, ubicada en plena adolescencia?

-Era fundamental porque los adolescentes viven la realidad en carne viva. Ellos tienen toda la vida y todas las preguntas y es imprescindible mirar el mundo a través de sus ojos, asomarnos a esa ventana, por más que casi nunca nos tomemos en serio a los adolescentes. Es un error.

Creo que los objetos también tiene mucha importancia en la novela.

-Así es. Hay un trabajo muy importante sobre el paso del tiempo en los objetos, sobre cómo nuestro tiempo se fija no sólo en las personas sino también en los objetos, en nuestras cosas. Hay un trabajo sobre cómo el horror es capaz de modificar la superficie de la realidad y cambiar sus contornos: los de todas las cosas. Por lo demás, se da una reflexión casi filosófica sobre el sentido de las cosas en sí. Trabajé mucho -pero mucho- los objetos. Es casi una magia de la novela. Es algo que me gusta de este libro.

¿En qué medida ser periodista le ha facilitado o dificultado la escritura?

-Ser escritor es antes para mí que ser periodista. Creo que si fuera camarera, también escribiría ficción. Pero en este caso, es evidente que no hubiera escrito esta novela de haber tenido otra profesión. Pero tampoco la hubiera escrito si no me hubiese casado, pues lo que articula la trama es la historia de amor de un matrimonio. La experiencia de cada autor se filtra siempre, de una u otra manera, en el fondo o en la forma de sus obras.

Hay bastantes escritores estadounidenses que han escrito sobre el 11-S, aquí, sin embargo, apenas se ha escrito ficción sobre el 11-M, ¿a qué crees que se debe?

-Por un lado, a la distancia. El 11-S fue tres años antes y eso se nota. El 11-M estaba demasiado cerca y ahora ya vamos tomando la suficiente distancia como para poder escribir ficción. Yo tardé seis años en escribir este libro y el motivo fue que cuando decidí hacerlo no había pasado el tiempo necesario. Tuve que esperar al libro. Y supongo que esto les estará pasando a más creadores. El año pasado, sin ir más lejos, Manuel Jabois publicaba sobre este tema Nos vemos en esta vida o en la otra, una crónica novelada estupenda.