Llamada de auxilio desde Hungría

Por Daniel Burgui Iguzkiza - Miércoles, 15 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

lo que sigue a continuación es la transcripción de una carta, un mensaje que me han pasado este domingo colegas de organizaciones humanitarias que están en Belgrado, Serbia. Es una llamada de auxilio, un toque de atención a todas las asociaciones y grupos que trabajan en pro de los derechos humanos en todo el mundo. También para cualquier persona.

El mensaje llega desde Hungría, desde Bekescsaba, una pequeña localidad de 60.000 habitantes al sureste del país, fronteriza con Serbia. Allí, desde hace siete años levantaron un centro de detención de migrantes. Una cárcel para 200 personas que no han cometido ningún delito. Muchas son familias, mujeres, niños y jóvenes adultos. Muchas de ellas fueron registradas con sus huellas dactilares en Hungría y han sido devueltas o deportadas desde otros estados miembro de la UE, o encarceladas directamente allí. Son exactamente igual que los centros de detención para migrantes que hay en Ceuta, Melilla, Barcelona, Aluche, Madrid o Hendaia. Desde esas celdas llega este mensaje:

“Mi nombre es Zanyar Faraj delegado de todos los refugiados y quiero enviar mi voz a la prensa, psicólogos y trabajadores humanitarios de todo el mundo.

He hablado con todos los refugiados/as que estamos aquí para consensuar, aclarar y hacer oficiales todos estos asuntos que son de gran importancia que se conozcan y se hable de ellos. Por favor, leed con atención:

1. Somos refugiados, no criminales. Huimos de nuestros hogares y países por causa de la guerra y la muerte pero somos encerrados por sorpresa en este centro y hemos estado aquí por más de seis meses sin saber ni ser informados sobre cuál será nuestro futuro ni destino.

2. Si el Gobierno de Hungría no quiere refugiados, ¿por qué los arresta, les fuerza a registrarse, a pedir asilo y los encierra en una prisión?

3. Un gran número de las refugiadas/os sufren enfermedades, necesitan medicación o cirugía y apoyo psicológico. Muchas de estas personas han tratado de suicidarse a causa de las pésimas condiciones en este centro y los médicos que trabajan aquí lo saben, pero se conforman con darnos pastillas para dormir o tranquilizantes.

4. Este maltrato y falta de atención no hace sino generar más estrés, ansiedad y violencia entre los refugiados. Esta presión solo se retroalimenta y afecta de forma negativa en nuestras vidas y nuestro futuro.

5. No deseamos la guerra, no buscamos problemas, amamos la paz y los derechos humanos. Hemos abandonado nuestros países porque la guerra llegó a la puerta de nuestros hogares, pero este Gobierno de Hungría pisotea la humanidad y hace la guerra psicológica contra los refugiados.

6. Huimos de nuestros países en busca de estabilidad y seguridad. Pero el Gobierno de Hungría nos ha metido en una prisión, nos ha encerrado sin culpa ni delito y toma decisiones que no benefician a nadie.

7. Finalmente, en esta sentada y en esta huelga como refugiados queremos elevar nuestra voz y hacer un llamamiento a todo el mundo para liberarnos de esta injusticia”.

Ahí termina el mensaje.

Desde este lunes 13 de marzo de 2017, cerca de 95 personas de las 102 que están retenidas en ese centro contra su voluntad y son solicitantes de asilo han comenzado una huelga de hambre. Varios años atrás, en 2013 en este mismo centro, muchas personas que estaban internadas también mantuvieron una huelga para denunciar sus condiciones. Como también lo han hecho en otros centros de Italia, Francia o Grecia, incluso en esos recintos algo más permisivos que algunos quieren llamar “campos de refugiados” o campos de asilo. En realidad, en Europa son cárceles. Barracones militares y recintos policiales.

Quizás no haya oído, leído o visto sobre esta noticia ni esas otras huelgas, no se preocupe en exceso. También se nos pasaron por encima las huelgas de hambre que en octubre de 2016 mantuvieron los malogrados habitantes del CIE de Aluche, en Madrid. En diciembre de 2016 en el Centro de Internamiento de Zona Franca en Barcelona o la gran huelga de abril de 2014 en el CIE de Valencia, en la que los internos denunciaron vuelos de deportación sorpresa en los que se llevaron a 11 ciudadanos/as supuestamente a Mali sin su consentimiento y sin avisar a sus familiares o amigos en España. Con aquella huelga pretendían avisar sobre las pésimas condiciones en las que estaban, como por ejemplo que no se les permitiese salir de la celda por la noche y tuviesen que hacer sus necesidades encima o conseguir botellas o improvisados recipientes y que el resto de compañeros aguantase el olor. Denigrando así de forma consciente y sistemática sus condiciones de vida y autoestima de estas personas a cargo de funcionarios del Estado español.

“¿Por qué estás en huelga de hambre?”. “¿Las razones? No imaginan cómo estamos aquí… Estamos unidos, estamos alicaídos, pero nos da igual, ya no hay nada que perder”. Este es tan solo un testimonio. Pero es una llamada de auxilio, global.

El autor es periodista y reportero freelance