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Acusan a Mikel Goñi de retener, extorsionar y agredir a dos hombres por el robo de plantas de marihuana

El juicio se suspendió a falta de un testigo y la fiscal pide 12 años de cárcel
El exmanista niega los hechos pero las víctimas ratifican que les detuvo en contra de su voluntad

Enrique Conde - Jueves, 16 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Mikel Goñi, a la derecha, en el banquillo de los acusados. A su lado, su íntimo amigo Jesús M.

Mikel Goñi, a la derecha, en el banquillo de los acusados. A su lado, su íntimo amigo Jesús M. (Unai Beroiz)

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Mikel Goñi, a la derecha, en el banquillo de los acusados. A su lado, su íntimo amigo Jesús M.

pamplona- A Mikel Goñi le esperaba ayer un partido complicado en el Juzgado de lo Penal 3 de Pamplona y acabó sudando horrores en el banquillo de los acusados. Goñi, junto con otro amigo íntimo, está acusado por la Fiscalía de extorsionar, retener y golpear a dos personas a quienes reclamaba dinero a raíz de la desaparición de unas plantas de marihuana de una vivienda de alquiler del expelotari. El Ministerio Público le pide doce años de cárcel. El juicio se suspendió ayer a falta de que comparezca un testigo, citado para abril. Los dos agredidos, un examigo de Eugi y el hombre que le alquiló la vivienda, ratificaron ayer en el juicio que Goñi les golpeó y les retuvo a la fuerza. El exmanista profesional sí que admitió haber tenido un forcejeo con una de estas personas, a la que dio “un buen bofetón”, pero afirmó que le habían “metido en esta movida” porque “soy una persona pública” y querían que él pagara porque “habían metido la pata”. Alegó que “no sabía nada de las plantas y al verlas, les dije que las arrancaran y me amenazaron”. Atribuyó los incidentes con las víctimas a “tres gitanos de Irun” que no están identificados y de los que las víctimas interpretaron que eran quien tenían amenazado al padre de Goñi si él no saldaba una deuda de 10.000 euros. En el sumario aparecen whatsapps incriminatorios sobre la actitud de Goñi y su conocimiento sobre los hechos. En uno le dice a un agredido: “Lo del destornillador es una caricia para lo que te pueden hacer los de Irun”. Este herido contó que Goñi le cortó esa noche, el 1 de diciembre de 2014, con un cuchillo en una mano y le metió un destornillador hasta la raíz de una uña como amenaza por la desaparición de las plantas y para que le entregara el dinero. Añadió que le amenazó de muerte a él, a su familia y que incluso dio detalles de sus amistades que le dejaron muy asustado.

ENTREGÓ 10.000 eurosEste hombre, el propietario de la vivienda en la que residía Goñi donde dice que tampoco le pagaba el alquiler a tiempo, le entregó ese dinero al día siguiente y relató que incluso “había tenido un coche vigilando la finca de mi familia para que no hiciera el tonto”. Acusó a Goñi, al otro acusado y a una tercera persona de reternerle en ese chalet del Valle de Odieta durante más de cuatro horas. Tardó en denunciarlo dos semanas “por miedo”. “Estaba asustado, fue una burrada lo que me hizo. Me amenazó de muerte con una radial, me pegó un puñetazo y le dije mil veces que no sabía nada de la marihuana robada. Yo le había visto las plantas al ir un día a cobrar el alquiler a mediados de octubre y ya entonces me había dicho que chitón, y que el alquiler me lo pagaría cuando pudiera. Luego nos vimos al mes siguiente y Goñi me enseñó una foto de un cristal del balcón roto y las plantas arrancadas. Yo le dije que a ver qué había pasado, que qué estaba haciendo en mi casa y que quería que quitara eso de allí. La siguiente vez que nos vimos fue ya cuando me llamó para que fuera a casa, yo pensaba que para el alquiler, y ocurrió todo lo demás”. Tras sufrir la agresión y pagar el dinero al día siguiente “con un rifle que me llevé en el asiento”, este hombre aseguró que siguió mandando mensajes a Goñi para que abandonara la vivienda. Luego fue a denunciar, tras enterarse que el amigo intermediario que les puso en contacto también había sido agredido, y aportó los whatsapps.

La otra víctima recibió la paliza el día anterior y aseguró que había entregado a Goñi la mitad de unas semillas de marihuana y que se podía imaginar que tenía “una plantación”. Negó haber acudido a casa de Goñi con un rifle para amenazarle a este para que no hiciera nada con las plantas, según le acusaba el de Oronoz. Al contrario, dijo que el intimidado a la fuerza fue él. “Me acusó a mi de habérselas quitado. Fue tras citarme en casa de otro amigo cuando me pegaron en la cabeza y me dejaron aturdido en el suelo. Al despertarme, ví a Mikel, que me abofeteó, al otro acusado y a un tercero. No había gitanos. Me sacaron de la casa con las manos atadas por la espalda. Me llevaron en un coche a Elizondo y me bajaron cerca del río. Me dejaron allá. No me podía ir. No lo quise denunciar porque tenía miedo y lo sigo teniendo”.