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“Todo es mentira, no tengo necesidad de nada de eso”

El expelotari de Oronoz niega haber golpeado a nadie y dice que se sorprendió al descubrir la plantación y, luego, el robo

Jueves, 16 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

pamplona- En septiembre de 2014 Mikel Goñi se fue a vivir de alquiler por 500 euros al mes a la vivienda de Anocíbar de una persona que ahora le denuncia por extorsión, detención ilegal y lesiones. No se conocían previamente y, entre ellos, medió para contactar la otra presunta víctima de los hechos, un vecino de Eugi. Goñi afirmó que un día se le fue la luz en el unifamiliar y que, al bajar a la bajera, donde “yo no tenía acceso y el dueño me pidió usarla él”, observó a través del panel de luz que había una plantación de marihuana. “No tenía ni idea de las plantas y se lo dije (al amigo de Eugi a través del que alquilé la casa). Él me dijo que no hiciera nada y apareció, al día siguiente, con una escopeta. Me amenazó y me insistió en que no dijera nada. Yo le dije que tenía dos días para retirar eso o avisaba a la Policía. Entonces me fui a pasar unos días a Bilbao y cuando volví, alguien había roto el cristal del balcón y se habían llevado todo”. La fiscal le volvió a cuestionar a Goñi sobre si la plantación no era algo que él había acordado con una de las víctimas y él respondió. “No tengo nada que ver con la marihuana. No tengo necesidad de andar con esas historias y no me hacía falta para ninguna deuda”.

El acusado negó haber escrito desde su teléfono unos whatssaps ciertamente reveladores de amenazas y lesiones a la otra víctima, el dueño de la vivienda. Y sobre los encuentros con los dos denunciantes rebajó ostensiblemente la duración de los mismos para justificar que no se les retuvo.

Afirmó que la noche del 30 de noviembre, cuando ocurrió la primera agresión, se presentaron “tres gitanos en casa que me acusaban de haberme llevado la marihuana, me pedían 10.000 euros y ahí me entero que los otros dos (las víctimas) eran socios”. Y entonces Goñi se dirigió a Eugi con esas tres personas. “Me ofrecí voluntario a solucionarlo. Fuimos a casa de otro del que sospechaba y entonces llamamos al denunciante. “Allí tuvimos un forcejeo, le di un bofetón y nos fuimos todos juntos a Elizondo, sin atarle ni nada”, para ver a otro varón del que también sospechaban de que se llevara las plantas. Esa tercera persona también dijo que no sabía nada y “nos marchamos. (Al de Eugi) Ni le golpeamos, ni le retuvimos”, pero en el trayecto a Elizondo, los gitanos descubren a través de su móvil que él y el dueño de la casa lo han preparado todo. Y, al día siguiente, me usan como cebo para ver al otro (denunciante-víctima). Lo cité en casa a las 22.00. Cuando llegó, los gitanos estaban escondidos. Hubo chillos y barullo. Se lo bajaron al garaje, pero al cuarto de hora, me dijeron que estaba todo solucionado. Le vi irse por su propio pie a su coche y yo, a las 22.30, estaba cenando con mi hermana en Olagüe. “Todo de lo que me acusa es mentira. No tiene sentido que le amenazara con los gitanos de Irun si estaban allí. Lo del destornillador solo lo veo en televisión”. El denunciante afirmó que hasta las 2.30 de la madrugada no le dejaron irse de la casa. - E.C.